Directorio
alemán
Rafael Poch, La vanguardia 18/07/2010
Progresa
el uso y abuso de la crisis a cargo de gobiernos y sectores sociales. La nueva
tesis teológica es que la crisis del euro fue ocasionada por el desbarajuste
presupuestario de los países de
La deuda pública creada por los millones dedicados a salvar a los bancos se
presenta como la causa de todos los males, pero ya no se atribuye ni a los
bancos, ni a las políticas neoliberales de los últimos veinte años, que
redujeron los impuestos a empresas y a los más ricos de la forma más
desvergonzada. En los últimos doce años, los impuestos a empresas se redujeron
en Europa un 12%. En Alemania la reducción fue del 27% en veinte años. Desde
1990, los impuestos a los más ricos se redujeron un 9,5% en Alemania, un 13% en
Francia y España, y un 6% en Italia....
Nada de todo eso tiene que ver con la deuda, contraída, se dice, porque "vivimos
por encima de nuestras posibilidades", por lo que, se concluye, la crisis
debe combatirse con una combinación de recortes sociales y del sector público,
y de aumento de impuestos al consumo, lo que prepara el terreno para la
recesión y el estancamiento.
Los periodistas continúan leyendo los mismos informes de bancos, a los mismos
"expertos", y a los mismos medios de prensa "de
referencia", que demostraron su completa incompetencia, su cinismo, o las
dos cosas a la vez, antes de la crisis. Para valorar los mensajes que hoy nos
están lanzando, simplemente hay que recordar los disparates que nos lanzaban
antes de la quiebra, cuando el "servicio de estudios" del Deutsche Bank aseguraba, por ejemplo, que; "España, la fiesta
continuará hasta el 2020", o cuando San Rodrigo Rato, considerado poco
menos que un genio por la derecha de Madrid, proclamaba, en calidad de Director
del FMI durante su visita a Pekín en vísperas de la quiebra, la "excelente
salud" de la economía mundial.
Para comprender la actual política europea, hay que recordar quienes son sus
cocineros. Por ejemplo, en materia de "regulación de los mercados
financieros", es decir las medidas que deben introducirse para paliar la
economía de casino en Europa,
La línea política de la disciplina fiscal, de la reducción del déficit, la
deuda, el tamaño del gobierno y del sector público, que nos gobernó antes de la
crisis, se esgrime ahora como programa para salir de ella. Se trata de reducir
el Estado del bienestar, recortar los derechos laborales, debilitar a los
sindicatos, reducir los salarios y aumentar la explotación para, en definitiva,
incrementar los beneficios de las clases empresariales. Muchos advierten que esta
línea condenará a la recesión y el estancamiento a países como Grecia, España,
Portugal y quizá otros.
La
impresión es clara: la derecha utiliza la crisis para imponer su programa a
nivel global, y parece que con eso nos arrastra a un segundo batacazo, pero su
líder en Europa ya no es Estados Unidos, sino Alemania, un país que quiere,
"aprovechar la crisis para salir fortalecida en el G-20", como dice
En una entrevista con el Financial Times el pasado
mayo, el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble,
explicaba de forma muy clara el programa continental: cada país debe usar la
crisis para realizar las "reformas" con las que siempre soñaron sus
empresarios: recortar el gasto social y el seguro de paro en Alemania, arrebatar
a los trabajadores franceses sus supuestos privilegios derivados de la
"rigidez del sistema laboral", acabar con el sector público de
El problema es cómo mantener cierta estabilidad y consenso social en la
aplicación de esta línea, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de la
población no está compuesta por empresarios, sino por asalariados y usuarios
del Estado social. En Berlín se habla de estos días del Profesor Herfried Münkler, de
¿Bonapartismo?, ¿dictadura? En el mundo desarrollado esos recursos no son
necesarios ¿Cómo calificar el forzado giro de Zapatero en España, o de los
socialistas griegos, obligados ambos en cuestión de horas a practicar lo
contrario de lo que fue su discurso o sus promesas electorales? Algo muy
parecido a un golpe de estado derrocó, el 24 de junio, al primer ministro
australiano Kevin Rudd, que había chocado con los intereses del poderoso sector
minero, al que quería imponer un millonario "Impuesto a los superbeneficios
con recursos" (RSPT). La prensa de Robert Murdoch, que controla el grueso
de la información en el país, había llevado a cabo una agresiva campaña contra
el impuesto, presentado como una amenaza a las inversiones y al empleo. Rudd
también apoyaba una perspectiva de retirada de Afganistán, en dos o cuatro
años, para el contingente australiano allá destacado, que era apoyada por el
61% de los australianos e irritaba en Washington. La sucesora de Kudd, Julia Gillard, aupada al
cargo de primera ministra por el golpe en el seno del Partido Laborista, se ha
desdicho de todo. Nadie se ha movido en Australia, ni en España. Sólo Grecia,
con sus cinco huelgas generales aporta, de momento, algo al concepto
"democracia", pero la película no ha concluido y nadie puede predecir
por donde irá, digamos, el año que viene.
Adelantándose a cualquier eventual y complicado intento, por ejemplo de los
griegos, de reducir unilateralmente su deuda, como hicieron los argentinos (que
carecían del inconveniente de estar sujetos al corsé del Euro), Alemania ya
está urdiendo una estrategia para septiembre. Según "Der
Spiegel"
A cambio de una reestructuración de la deuda, arrebatar a los gobiernos de
países como Grecia, Portugal, España y otros, lo poco que les queda de
soberanía, estableciendo un directorio con amplios poderes con base en Berlín
que gobierne amplios aspectos de sus economías y políticas presupuestarias.
Este escenario, señala el documento, "requeriría restricciones de la
soberanía" y poner la política presupuestaria bajo control de, "un
individuo, o grupo de individuos, familiarizados con las características
regionales de la nación deudora", y que serían nombrados por un comité de
expertos en Alemania.
El Ministro Schäuble compara a los países con
empresas. "Cuando una empresa entra en quiebra, los acreedores deben
renunciar a una parte de sus reclamaciones. Lo mismo debe aplicarse en casos de
quiebra nacional", dice. El pequeño inconveniente es que tal plan
"colocaría a la nación deudora en una posición de sumisión colonial",
observa el Financial Times. Y el colonialismo y la
paz nunca se han llevado bien. La torpeza del gobierno alemán en sus nuevos
pinitos por gobernar Europa y salir globalmente fortalecida de la crisis,
parece alcanzar cotas insospechadas.