Dos modelos de Iglesia condenados a entenderse

José Manuel Vidal, Religión Digital 07.04.11

No quieren ni oir hablar de eso, pero está clarísimo que, en la Iglesia, existen sectores o sensibilidades diferentes, que, en el caso español, se agudizan tanto que se polarizan al máximo. Y estallan. Incluso públicamente. Los moderados y progresistas (para entendernos) se resisten a morir asfixiados por el sector conservador, que lo copa todo y amenaza no sólo con dejarles sin aire, sino incluso con anatematizarlos y declararlos herejes. Y, por supuesto, marginarlos, confinarlos, dejarlos sin representatividad eclesiástica, desactivar los órganos colegiados de corresponsabilidad y volver a la Iglesia piramidal de los obispos-señores-del-ordeno-y-mando. Es decir, enterrar el Vaticano II. Pero el sector moderado mayoritario que, durante estos últimos años, cedió todo el espacio y se retiró a sus cuarteles de invierno en espera de que escampase, ya no aguanta más. Y lo dice públicamente.

Hasta ahora, en aras de una comunión mal entendida y utilizada por la jerarquía como la gran línea roja a no cruzar, los curas (descontentos y desilusionados ante tanto obispo impuesto y que sólo sabe ver por la lente de los nuevos movimientos neoconservadores) se mantenían callados. Pero ya no aguantan más y se han organizado en foros, que proliferan. Y unidos dicen lo que piensan a sus pastores y a la opinión pública. En foros que están surgiendo por toda España. Desde Cataluña a Asturias, pasando por Madrid o Bilbao. Los últimos en pronunciarse fueron precisamente los curas bilbaínos, que denuncian a una Iglesia que opta por el espectáculo público (JMJ) en vez de por la evangelización y por el apoyo exclusivo a las iniciativas de la derecha eclesiástica.

La polarización eclesial es evidente en España. No querer verla es esconder la cabeza debajo del ala. Una polarización mayor y más virulenta que en cualquier otro país del mundo. Una polarización que conduce a no asumir las diferencias y a tratar de imponer cada cual su modelo eclesiológico al otro.

Ante esta situación, la Iglesia católica española debería plantearse algunas de estas cosas:

1/ Reconocer la situación (ver)

2/ Analizar sus causas y sus consecuencias

3/ Partir del supuesto de que las diferentes sensibilidades enriquecen a la Iglesia. Una Iglesia mosaico es más bella que una monocromática. Vivir de verdad el que Iglesia somos todos. Desde la derecha a la izquierda. Sin excomulgar a nadie. Plasmar en la realidad eclesial española lo que en RD vivimos como principio teológico y práxico desde su fundación: Aquí cabemos todos y convivimos todos.

4/ No descalificar a los demás, no impartir patentes ni carnets de cristianos. No estigmatizar al otro, por muy diferente que piense. No buscar herejes donde sólo hay hermanos. No pintar endemoniados donde sólo hay personas que tratan de seguir a Jesús. No imponer la visión de cada cual al otro. No hay un único camino para seguir al Señor.

5/ Dejar las trincheras e intentar el acercamiento entre las diversas corrientes. "Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa", que decía el papa Bueno.

6/ Repartir juego entre las diversas tendencias. Sin exclusivismos, sin negar el pan y la sal a los que no piensan como el obispo de turno. Sin condenarles al ostracismo y al silencio público. Dándoles también voz en organismos, encuentros, jornadas y medios de comunicación eclesiales.

7/ Pedir a los obispos que realmente y en la praxis sean obispo de todos. Y si van al Foro Católicos y Vida pública que vayan también al Foro de cristianos de base de Vitoria, por poner el último ejemplo.

"En la casa del señor hay muchas moradas". Y de distintos colores, que embellecen la "casa de mi amigo", donde viven hermanos que asumen diferencias y, desde ellas, se quieren y construyen juntos una casa mejor y más bella.

José Manuel Vidal