ECONOMÍA

 

            Nuestra parroquia se supo desde el principio pobre en un barrio pobre. Tuvo que recurrir a préstamos para ir edificando sus infraestructuras, así como a ayudas del Obispado. Pero lejos de desanimarse, surgió con fuerza un espíritu de solidaridad que se extendió igualmente al terreno económico.

 

            La III Asamblea Parroquial, celebrada el 13 de enero de 1971, decidió incluso responsabilizarse del sostenimiento económico de la parroquia y de una proporcional comunicación de bienes con destino a Cáritas, a la Iglesia Diocesana y a la Iglesia Universal.  De ahí se decidió prestar ayuda económica a la parroquia de la Paz y a su comedor de gitanos, así como enviar ayuda económica a países del tercer mundo.

 

            En línea con las decisiones de esta Asamblea, los sacerdotes comunicaron al Arzobispo su decisión de renunciar a la paga del Estado, así como a la subvención que la parroquia recibía por el culto. Los ingresos parroquiales en adelante tendrían dos fuentes: la colecta dominical en misa y la Ayuda Voluntaria Familiar. Ésta consistía en el reparto de personas voluntarias por las diferentes calles de la parroquia para encargarse de la recogida de fondos pasando por las casas, sistema que funcionó hasta la introducción del euro en 2002.

 

            Se acordó igualmente la creación de un Junta Económica formada por seglares con el asesoramiento de un sacerdote. Incluso se previó la posibilidad de que alguno de los curas pasase a desempeñar un trabajo civil, de acuerdo con su vocación, si los ingresos no fueran suficientes.

 

            La comunidad pagaba a los curas primero 6.000 pts. mensuales y luego se propuso llegar a las 9.000. También corría con la paga de dos Siervas. Se hicieron esfuerzos por mentalizar a la comunidad en sus aportaciones económicas, al tiempo que hubo quejas por la poca aportación de la gente.

 

            Durante la década de los años 70, sin embargo, la economía fue claramente deficitaria y empezó a cuestionarse si se debía continuar renunciando a la paga del Estado por parte de los curas. A partir de 1978 el nuevo esquema económico de la Iglesia, entrando los clérigos en la Seguridad Social, cambió la situación.