EDUCANDO A LOS PADRES

(Sacado del libro de Alex J. Packer "Educando a los padres. Manual para adolescentes")

(Publicado en el nº 2 de la revista "¡Qué flipe, Felipe!", de junio de 1988. Esta revista la hacíamos con adolescentes de la parroquia de La Magdalena)


Lo más desagradable de la mayor parte de los conflictos familiares consiste en que siempre alguien gana y alguien pierde o, en algunos casos, todo el mundo pierde. Padres e hijos no tardan en atrincherarse en rincones opuestos, o en verse empujados a ellos. El tema en debate se pierde de vista y la discusión se centra en el verdadero problema: el poder y la autoridad. Ya sabemos qué mal les cae, tanto a los padres como a los hijos, renunciar a sus pretensiones al poder y a los derechos que consideran suyos.

No importa cuál sea el conflicto; cuando se desencadena la batalla todo el mundo pierde. Las cosas tienen que ser a mi manera o a tu manera, pero no a la de ambos. Y lo gracioso es que, incluso si tú te sales con la tuya, lo más probable es que la pelea te haya dejado tan alterado que no puedas disfrutar de tu victoria.

Los problemas son normales, naturales e inevitables. Son el acompañamiento inevitable de la trabazón de vidas y sentimientos. El hecho de que entre tú y tus padres existan conflictos no quiere decir que pase nada malo. "Lo que daña no es el problema sino la forma de resolver (o de no resolver) el problema".

Lo que tendrás que hacer es conseguir que tus padres encaren los problemas como un reto a su capacidad creativa, como estimulantes para el cerebro, como rompecabezas en los cuales la solución "ganadora" es aquélla en la cual tienen cabida los sentimientos y las necesidades de todos. Parece imposible, porque estáis tan acostumbrados a la otra manera, al estilo en que unos ganan y otros pierden. Pero no tiene por qué ser así.

Aquí te presentamos una serie de pasos que podéis intentar seguir todos juntos (padres e hijos) cuando os encontréis con un problema que amenaza con amargaros la existencia mutuamente:

1) Definimos el problema. Así sabemos que todos estamos hablando de la misma cosa. Y lo definimos hablando de nuestros sentimientos y de nuestras necesidades. Pero no vale culpar a los demás (¡esto es importante!). Tienes que decir, por ejemplo: "Me gustaría poder usar el coche el viernes", y no "Ya sé que no me dejaréis usar el coche el viernes".

2) Proponemos soluciones. Intentamos pensar en todas las posibilidades que se nos ocurran, por más tontas que parezcan. La única regla consiste en que en este momento todavía no se pueden discutir las ideas. Alguien debería anotar todas las ideas que salgan.

3) Analizar y evaluar las ideas.

4) Acordamos escoger la mejor solución y probarla.

5) Tomamos las medidas para ponerla en práctica. Tenemos que estar seguros de haber pensado en todo lo necesario para poner en práctica la solución, quién hace cada cosa, etc.

6) Comprobamos cómo funcionó la solución acordada.

Muchos problemas existen simplemente porque nadie se molesta en resolverlos. Con este procedimiento nadie se siente procesado ni en el banquillo de los acusados. El proceso, por otra parte, lleva a soluciones creativas y permite alcanzar compromisos en los que tal vez nadie habría pensado. Además, hay que tener en cuenta que una solución sólo se lleva a la práctica cuando todos están de acuerdo; nadie pierde, no hay votaciones ni reglas de la mayoría. Es un proceso de buscar un lugar común para un acuerdo. Y es mucho más probable que la gente lleve a la práctica una decisión que ayudó a tomar que una que le ha sido impuesta.

De todas maneras, ten paciencia. Aprender un proceso así lleva tiempo. Uno no se acuesta autoritario y se levanta demócrata. Hay que ir dando pasos hacia unas relaciones familiares diferentes y adultas. De lo contrario, si a tus padres lo que les preocupa es conservar el poder, casi lo único que les queda en su arsenal es la capacidad de amenazar y de castigar. No hay dinero, no hay fiestas, no hay TV, no hay carnet de conducir, etc. Si tú te resistes, la amenaza va en aumento. No tardarán en quedarse sin opciones. Habrán destruido la relación, tú comenzarás a odiarlos, a mentirles, a actuar por puro despecho, y se perderá todo. La única opción real que les queda es la de crear un equilibrio de poder nuevo y diferente en vuestra relación.

Lo cierto es que tus padres pierden poder en un sentido (y deben perderlo) a medida que te caen años y participas en la toma de decisiones. Pero pierden únicamente un poder mezquino, un poder AUTORITARIO que los pone a ellos en la posición de ganadores y a tí en la de perdedor. Tal es el poder al cual probablemente ellos están acostumbrados y que tienen la sensación de perder. Sin embargo, si se define el poder como la capacidad de influir sobre personas y acontecimientos, decididamente tus padres GANARÁN PODER cuando te otorguen a tí más respeto y más participación, cuando asignen más valor a tus sentimientos y derechos en cuanto ser humano y te concedan voz y voto en las cuestiones familiares. Con su nueva forma de ejercer el poder incrementarán el afecto y respeto que sientes por ellos, y así será más probable que te detengas a escuchar sus puntos de vista. Lo que pierden en poder de intimidación lo ganarán en poder de convicción.