UNA
LENGUA ARAGONESA
Para borrajas las que se crían en la huerta de Zaragoza. Nada que ver con lo que llaman “borraina” en Olot, Tortosa y Vinaròs como en Fraga y en mi pueblo. Pero la borraina del Matarraña, tan distinta de la catalana, no tiene nada que envidiar a la borraja de la huerta de Zaragoza, os lo juro. En Favara todavía hacen con sus hojas los famosos “crispells”, como los hacía mi madre, y que son literalmente lo que se dice en castellano “miel sobre hojuelas”.
Hay muchas clases de borraja: las silvestres que nacen donde menos se
piensa, otras que se descuidan en el huerto familiar y algunas que se cultivan bajo plástico -¿bajo
palio?- y se presentan con etiqueta y denominación de origen de Aragón en el
mercado. Éstas son más finas y más caras, las silvestres más gustosas y las más
agradecidas las del huerto que se dan a los vecinos. No obstante todas las
clases de borraja son borraja, o “borraina”, y ningún
hortelano las confunde con las acelgas.
Pero no es ése el huerto al que quería llevar a nadie, ni el jardín en
el que me meto con pocas esperanzas de salir airoso ante la opinión pública
aragonesa. Porque no es de borrajas de lo que quiero hablar sino de aquello
-¿cómo lo diría?- que sigue siendo un misterio no sólo para las verduleras de
Zaragoza - que no tienen por qué saber de lenguas- sino incluso para algunos parlamentarios que
deberían saber de hablas y de “parlas” y no saben o no contestan cuando se les
pregunta cómo se ha de llamar lo que se habla en las comarcas orientales de
Aragón. No hay un solo diputado de las Cortes de Aragón que no sepa que en la
“Franja del Ponent” -como dicen sesgadamente en Cataluña- no se habla
castellano, pero más de uno dirá que es chapurreau y
otros querrán que sea antes eso, o “polaco”, que un dialecto de la lengua catalana. Y si es
preciso, a falta de un nombre propio, le atribuirán muchos para mayor
confusión. Con lo sencillo que sería declarar
que en Aragón se da el catalán como las borrajas. Pero no, antes muertos
que sencillos.
No entiendo que no lo entiendan. Para mí es catalán, para Marcelino
también. Y digan lo que digan, incluso en Maella o en Bonansa, el maellá y el
favarol son variantes de la misma lengua que se habla en Lleida o Girona, en
Alguer o Valencia, en Mallorca y en Menorca... La prueba es que todos los que
hablamos ese romance nos entendemos. Lo que no quita para que el catalán sea
tan aragonés como las borrajas, si es
que una lengua existe en el habla como creo - no en el diccionario
o en la gramática - y es de quienes la hablan y no de los políticos,
de los académicos y de las instituciones públicas de un territorio. Reconocer
la existencia de una lengua en sus hablas es reconocer una parte de la
soberanía del pueblo que la habla.
¿A qué viene tanta algarabía?
Sobran razones para reclamar a nuestros vecinos otros bienes de
Que en una parte de Aragón se hable catalán es un escándalo para unos
y otros, para los que se sitúan más acá o más allá de la raya. Mientras que los
de
José Bada
8.8.2008