EL ESCÁNDALO

Los curas son hoy el escándalo. Bien porque unos escandalizan y por su culpa la gente se escandaliza de todo el clero y aún de la misma Iglesia, o porque tomando el rábano por las hojas se sospecha de lo que no se ve, de lo que no se puede ver y hasta de todo lo que no se quiere ver en  la Iglesia. Los curas -es decir, la Iglesia para la gente--  son  hoy un escándalo más que ayer pero menos que mañana.

No obstante ni todos los curas son unos pederastas, ni el clero es toda la Iglesia. Los fieles también son Iglesia. Y aunque hay de todo en la viña del Señor, no está demostrado que no sea igual en otras viñas. Todos somos humanos y a veces demasiado humanos incluyendo a los curas, qué se han creído. Y como  dijo Pascal  “el hombre  no es ni ángel ni bestia, y nuestra desgracia quiere que quien pretende hacer de ángel haga de bestia”. Esto no es una excusa para los curas que escandalizan y para la Iglesia que los encubre. La ropa no se lava dentro de casa, y eso han de saberlo los obispos. Pero lavarse las manos y desentenderse de la verdad, si alguna tiene esa Iglesia, es lo que hizo Pilatos y han de evitar los que condenan.

Confundirlo todo para condenarlo todo no es de recibo. Cuidado, no sea que nos moleste más la verdad que nos compromete al escucharla que la verdad de unos  hechos delictivos que cualquiera puede condenar sin compromiso. Pilatos interrogó a Cristo, y  lo despachó con una pregunta retórica: ¿Qué es la verdad?, le dijo. Y sin esperar respuesta,  lo condenó a muerte. Se acabó el problema. 

Hace unos días me regalaron un librito de Anatole France, recientemente publicado en Zaragoza: El Procurador de Judea de Editorial Contraseña. Gracias  Roberto, es magnífico. El autor opone al olvido de Poncio Pilatos la memoria tenue de su amigo Lamia,  un libertino que se enamoró de  María Magdalena y  la buscó  hasta saber que se había enrolado en el pequeño grupo de discípulos de Jesús, a quien “crucificaron –dice- no sé por qué delito”. Es por eso que Lamia pregunta a su amigo: “Poncio, ¿te acuerdas de ese hombre?” Y Pilatos, tras unos momentos de silencio responde: “¿Jesús? ¿Jesús el Nazareo? No lo recuerdo”. Así termina el relato. Pero le sigue  en esta edición un comentario de Leonardo Sciascia en el que afirma: “Todo lo que es amor conduce a Cristo (...) Así como María Magdalena siguió a Cristo, siguiendo el recuerdo amoroso de ella Aelio Lamia llega al recuerdo de Cristo. De modo que el escéptico France y su escéptico apólogo se rinden al amor. Tal vez distraídamente, pero muchas veces los escritores no saben lo que hacen”.

Que el poder se desentienda de la verdad es malo, pero se explica. Que los escritores se acuerden distraídamente que la verdad es amor es bueno, pero no basta. Lo peor es que la Iglesia se desentienda en la práctica de esa verdad, la de Cristo, y encubra otras por amor propio. Porque si la Iglesia la olvida, nadie se extrañará ya de que muchos toquen el bombo para distraerse y otros se distraigan persiguiendo a los curas.

La Semana Santa y la “cultura cristiana” en general, todo eso que se vende de valor incalculable, esa riqueza, incluyendo la música sagrada y los tapices, las catedrales, las creaciones literarias, los bienes de la Franja -ya saben- y todo lo que se admira es, por otra parte, o puede ser si en eso queda el despojo de la verdad y el colmo de los olvidos: el olvido de haberse olvidado de Cristo, hasta perder la fe de la que viven los cristianos donde los haya. Estoy convencido de que hay muchos más de lo que

parece y menos de los que hacen falta. Agradezco su amistad, que no merezco, y les ofrezco la mía.

 

             La verdad desnuda no está en una cultura deshabitada y solo así tolerada, degustada, admirada y fomentada. Que eso es como la camisa que deja atrás la serpiente o la túnica de Cristo sobre la que echaron suerte los soldados ¿Un souvenir para turistas después de todo?  Puede que tenga que ver con la historia que se repite y se cuenta, con las historias de este revoltijo postrimero, del rastro de la verdadera historia que no hacemos mientras pasa el tiempo vacío... Qué es la Iglesia, ¿una fosa común o un pozo de esperanza? No puedo creer que sea el reino de Dios, eso no lo cree nadie. Pero tampoco que sea un pudridero.

                                   José Bada, 31.3.2010