EL HOMBRE DEL TANQUE

 

            Se cumplen ahora 19 años de uno de los hechos más espantosos de la historia reciente: la masacre de la plaza de Tian‘anmen. Estudiantes e intelectuales chinos, descontentos con la dictadura comunista del momento, dijeron en voz alta que estaban hartos. El descontento era cada vez mayor y comenzaron las protestas contra el sistema cuando murió el exsecretario del Partido comunista que había sido expulsado del mismo por su carácter aperturista. Las protestas acarrearon enfrentamiento con la policía.

 

            Los estudiantes cada vez pedían más: denunciaron la falta de libertad de prensa, la corrupción del gobierno y la violación sistemática de los derechos humanos. El 4 de Mayo de 1989 más de 100.000 estudiantes se manifestaron solicitando hablar con las autoridades. Ante la negativa, cientos de estudiantes ocuparon la plaza de Tian’anmen e iniciaron una huelga de hambre. Miles de estudiantes y trabajadores acudieron a la plaza a solidarizarse con la protesta. El millón de metros cuadrados de aquella plaza se convirtió en un grito de libertad, en una bandera de paz y de diálogo.

 

            Aprovechando la presencia en China del entonces presidente de la URSS, Mijail Gorvachov, y la llegada de medios de comunicación de todo el mundo para cubrir la visita, los estudiantes de Bellas Artes erigieron en la plaza el monumento a la diosa Democracia, convencidos de la resonancia internacional que ese gesto tendría.

 

            El 20 de Mayo se decretó la Ley Marcial. El gobierno ordenó a todos los civiles que permanecieran en sus casas. Llegó el ejército y llegaron los tanques. La población construyó barricadas y se enfrentó en las calles contra el ejército que se esforzaba por llegar a la plaza. Comenzó el derramamiento de sangre. Los estudiantes resistían sin violencia en la plaza. Las autoridades les conminaron a abandonarla; ellos se negaron. Por fin, la noche del 4 de Junio y después de haber prohibido a los medios internacionales que tomaran imágenes, los tanques entraron en la plaza. Allí estaban los miles de estudiantes que, pacíficamente, defendían la libertad. Los tanques dispararon.  Tanques contra personas desarmadas; brutalidad contra ideas.

 

            Los hospitales quedaron desbordados. Había heridos, mutilados, gente destrozada. Las cifras de muertos varían según las fuentes. El mismo gobierno habló de varios cientos; Amnistía Internacional habló de varios miles. Fue al día siguiente, el 5 de Junio, cuando unas imágenes fueron grabadas y dieron la vuelta al mundo. Por una importante avenida de Pekín avanzan varios tanques. En esto, un hombre sale a la calle y se les interpone en el camino. Los tanques paran. El hombre lleva pantalón oscuro, camisa blanca y dos bolsas de plástico. Parece que viene de la compra, ¿quién sabe? El primer tanque gira a su derecha para esquivarlo. El hombre vuelve a ponerse delante. Luego el tanque inicia la maniobra contraria y vira a la izquierda, pero el hombre se vuelve a interponer, demostrando una tenacidad y un valor encomiables. En ningún momento suelta las bolsas. Está erguido, desafiante, desarmado. Entonces, en un gesto absolutamente escalofriante, el hombre trepa a lo alto del tanque y habla con el soldado que lo conduce. La conversación dura unos segundos…no se sabe lo qué dice. Algunos comentaron que le dijo Deja ya de disparar contra tu pueblo. Momentos después un grupo de personas lo coge y lo mete entre la multitud. La filmación termina.

 

            Nadie sabe cuál es la identidad de ese hombre. No volvió a saberse nada de él. Algunos medios de comunicación afirmaron que vivía anónimamente en alguna parte rural de China; otros dijeron que se había exiliado en Taiwán; la mayoría piensan que, como muchos, recibió un disparo en la nuca. Se le ha llamado el rebelde desconocido. La revista Time lo califico como uno de los 100 personajes más influyentes del siglo.

 

            Hoy su gesto de libertad y no violencia sigue siendo un estandarte de paz en todo el mundo. La historia no ha sido la misma después de Tian´anmen. En el gesto del rebelde desconocido encuentran un motivo de esperanza todos aquéllos que apuestan por un mundo más humano. Tal vez muriera, pero su gesto no ha muerto; en su gesto se encuentran todos los hombres y mujeres que, independientemente de sus credos y opciones, son capaces de estar unidos, de pie, con la cabeza bien alta, plantados ante las armas, tenaces, convencidos de que aún es posible que las personas podamos parar los tanques.

 

JOSAN MONTULL

4.6.2008