ELÍAS YANES
Y JUAN MARÍA URIARTE REIVINDICAN EL CONCILIO
José
Manuel Vidal, religión Digital, 21.4.2010
Temen que esté en peligro y que la actual situación
eclesial conduzca a la desactivación del Concilio Vaticano II y de lo que
representa en
Ambos obispos participaron ayer en el Congreso
internacional sobre el sacerdocio organizado por
El ponente, monseñor Uriarte, agradeció las
palabras de Don Elías y se sumó a su propuesta. "Hacen falta cien años
para digerir un Concilio. Y, para hacerlo, se pasa por varias fases: recepción,
aceptación, crítica y equilibrio. En este momento, hay que defender al
Vaticano II".
Entre el murmullo de aprobación de los numerosos asistentes al Congreso ante la advertencia de los prelados, intervino el teólogo Luis González-Carvajal, para darles las gracias por su "humildad y valentía", por atreverse a hablar claro y por creer "en el presente y en el futuro del Concilio y de la vida religiosa".
Obispos, servidores y siervos
En su ponencia, monseñor Uriarte, abordó el papel
del obispo y su función jerárquica en
De ahí que la autoridad episcopal deba ser
"fraternal, de diálogo franco y humilde, de predominio del amor sobre
el miedo, de capacidad de comprensión, de saber pedir perdón" y sin
resistencia a "aceptar el gobierno sinodal".
Para ser más exactos, Uriarte, adjudicó al obispo
las siguientes características: "potestas,
auctoritas, paternitas y fraternitas".
Cuatro dimensiones que hay que combinar, pero entre las que debe tener
"preferencia" la fraternidad.
Porque hay varias formas deficitarias de ejercer el episcopado. Una, caer en la tentación de "renunciar al polo de la autoridad". Otra, "enfundarse en la doctrina segura y aplicarla sin diálogo, sin paciencia y sin tacto". Esta actitud "crea repudio en la sociedad y contribuye al descrédito de la autoridad episcopal".
Obispo, "jefe y compañero"
Para Uriarte, el nombre que mejor cuadra al
obispo es el de pastor, porque "es a la vez jefe y compañero" y
combina la autoridad con la caridad y la misericordia. Eso sí, "la
caricatura de la misericordia es el funcionario, que se convierte en
caricatura de pastor, armado de intransigencia y de intolerancia".
El caladero de la misericordia protege, según
Uriarte, a los obispos de "acentuar en exceso su papel de empresario".
Por eso, abogó por conjugar la fidelidad con la misericordia. Por ejemplo, en
el caso "doloroso" de los divorciados vueltos a casar, que es
"una verdadera cruz para los pastores".
Además de pastor, el obispo ha de ser
"órgano de comunión" y, por eso tiene que cuidarla en la iglesia
local, con religiosos, presbíteros y laicos. Recalcó, en este sentido, que, en
contra de lo que piensan algunos obispo, "la vida religiosa no está en
su atardecer" y reivindicó su presencia esencial en
Para ser puentes de comunión, los obispos han de
ser, según Uriarte, "padres, hermanos, amigos y responsables".
Y eso no es nada fácil, por eso muchos curas se quejan. Y tampoco lo es la
relación con los laicos, que "ha de ocupar un lugar destacado en la agenda
del obispo". Y "no sólo para lanzarlos a la misión, sino para
acompañarlos sin paternalismo".
"Ni Pedro es Pedro sin el colegio"
Signo de comunión diocesana y con el "entero
colegio episcopal y con su cabeza". Porque, como decía Karl Rahner,
"ni Pedro es Pedro sin el colegio" o, como decía Joseph Ratzinger
en su época de teólogo, "una Iglesia que fuese sólo romana, dejaría de ser
católica".
Según Uriarte, puede haber en este ámbito "una
regresión a posiciones anteriores", en las que "no siempre se
respeta que los obispos no son sólo vicarios del Papa", así como el
"ejercicio libre de la libertad episcopal y de la colegialidad". Y lo
mismo pasa con los órganos colegiados, como
Por último y sin tiempo para desarrollarlo,
Uriarte concluyó señalando a los obispos como "testigos cualificados
ante la sociedad", con "estilo secular, samaritano y vinculado a
En una de las primeras filas, José Rico Pavés,
director del secretariado de la comisión episcopal para