Ellacuría, a 20 años de la tragedia
Las propuestas progresistas y democráticas del
jesuita español asesinado en 1989 marcaron el rumbo de las negociaciones entre
el Gobierno salvadoreño y las guerrillas del FMLN que culminaron en la paz
PRUDENCIO GARCÍA
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EL PAÍS - Opinión -
16-11-2009
Se cumple
hoy una trágica conmemoración: el vigésimo aniversario de la muerte en El
Salvador del padre Ignacio Ellacuría, rector de
Según consta en el informe de
Por ello, desde la perspectiva de las dos décadas transcurridas,
cabe plantearse esta cuestión: ¿cuál era realmente la ejecutoria del padre Ellacuría y su comunidad para suscitar un odio de tal
magnitud en los poderes fácticos salvadoreños? ¿Qué acciones y qué intenciones
eran las suyas hasta el extremo de hacer necesaria incluso su eliminación
física?
Ni nuestro trato personal con Ellacuría
ni -lo que importa mucho más- el riguroso estudio de sus pronunciamientos
sociales, expresados en los órganos de difusión de
Respecto a la guerrilla, Ellacuría se
mostraba igualmente exigente: "También el FMLN tendría que favorecer el
cambio y hacer creíbles sus nuevas propuestas con acciones tales como: a)
abandono de toda acción violatoria de los derechos humanos y de las que puedan
considerarse como técnicamente terroristas; b) abandono de aquellas
acciones que repercuten económicamente sobre la mayor parte de la población; c)
presentación de propuestas realistas en orden a lograr resultados efectivos y
entrar de lleno en la solución definitiva del conflicto". (ECA,
marzo 1989).
He aquí, enumerados con notable claridad y con agudo sentido
premonitorio, los principales conceptos y ejes de acción que en los años
siguientes iban a prevalecer, tanto en el proceso negociador
entre 1990 y 1992 como después, en el proceso de paz posterior a los Acuerdos
de Chapultepec de 1992. Ahí estaba la lista de lo que había que hacer, y que
realmente se hizo a partir de su muerte: conversaciones preliminares entre las
partes, apertura de un sistemático proceso de negociación (así se haría, con un
fuerte respaldo internacional); incorporación del FMLN a la vida política legal
(así se cumplió, según lo establecido en los Acuerdos que pondrían fin al conflicto);
fin de las violaciones de derechos humanos por ambas partes (objetivo que sería
asumido como prioritario por
Pues bien; si esta serie de medidas empezaron a ponerse en
práctica muy poco después de su muerte, ¿cómo pudo alguien considerarlas tan
subversivas y tan amenazadoras en 1989? Sólo alguien radicalmente cegado por el
odio, por intereses ferozmente insolidarios, o tarado por una ideología ultraderechista tendente a la
conservación intocable de una infame estructura social, pudo conceptuar aquella
serie de propuestas como extremadamente peligrosas. Sólo la ultraderecha escuadronera, militar y civil -la misma que
nueve años antes había asesinado al arzobispo monseñor Romero-, impulsada por
la oligarquía salvadoreña más desalmada, podían desear y ordenar tal
eliminación, como así fue.
Así fue, y así quedó asumido por la comunidad internacional,
cuyas últimas dudas -si aún las había- sobre "quién era quién" en el
conflicto interno salvadoreño quedaron disipadas por aquel disparatado crimen.
Todo el mundo pudo comprender que sólo el odio, los intereses o el fanatismo
ideológico ultraderechista -o los tres factores en su conjunto- pudieron
engendrar el designio de destruir aquel valioso foco de pensamiento cristiano,
no violento, progresista y democrático.
Sin embargo, nadie podrá decir que su sacrificio resultó inútil.
Pues, de hecho, su asesinato perjudicó gravemente a sus propios autores,
debilitó su posición negociadora y facilitó el acceso a la paz. Aquel acto de
barbarie vino a debilitar ante el mundo la posición del Ejército y del Gobierno
salvadoreños frente al FMLN en las mesas y conversaciones que, auspiciadas por
Hoy, transcurridas dos décadas, caben muy pocas dudas sobre el
significado de la tragedia de
Dos de los militares implicados fueron condenados a 30 años,
pero amnistiados tres años después. Hoy, nuestra Audiencia Nacional mantiene
abierta una causa contra los autores de aquella orden criminal, plenamente
impunes hasta hoy. Incluso con el reciente y drástico recorte sufrido por la
jurisdicción española en materia de Justicia Universal, aún así, esta causa se
mantiene vigente por tratarse de víctimas españolas, lo que permite su
continuidad.
En cualquier caso, en esta fecha conmemorativa resulta obligado
honrar con nuestro recuerdo a unos compatriotas españoles que pagaron con su
vida su esfuerzo, su enseñanza y su riesgo, volcados hacia el logro de una
mayor justicia y solidaridad, en una sociedad asolada por la injusticia, la
miseria y la brutal desigualdad.