José
María Castillo es uno de los grandes de la teología en España y en el
mundo. Es un teólogo de raza, que sabe combinar a la perfección el ensayo
profundo, el libro serio, con la divulgación. Por ello se convirtió en un
teólogo de referencia, tanto a nivel clerical como a nivel de bases. Hace unos
años dejo
P- José María, buenos días. Es un placer
tenerte con nosotros.
R- Encantado, muchas gracias.
P- Y es un placer doble, porque contamos
también con tu blog, que dignifica aun más nuestra página.
R- Eso para mí es también un regalo. Me siento
muy a gusto, y lo considero una generosidad por vuestra parte.
P- ¿Cuál es la tesis fundamental de tu nuevo
libro?
R- Creo que la tesis está suficientemente
indicada en el título. Dios, en la historia de las religiones, es considerado
como un ser trascendente y, por lo tanto, distante e inalcanzable. En un orden
completamente distinto e inasequible al ser humano. Por tanto, las religiones a
lo máximo que llegan es a hablar de la relación del
hombre con Dios. La originalidad del cristianismo es que habla de la unión del
hombre con Dios. Y desde ese momento, hay que preguntarse si es que el hombre
es elevado a la condición divina, o si Dios desciende y se identifica con la
condición humana.
P- ¿Como el texto de los Filipenses?
R- Claro, porque no hay término medio. Hay que
optar por lo uno o por lo otro. Es verdad que la definición dogmática del
Concilio de Calcedonia, en el siglo V, optó por una solución que parecía
intermedia: decir que es verdadero Dios y que es verdadero hombre, pero que en
Él hay una sola persona que es divina. Con lo cual, sin decirlo, está diciendo
que es más Dios que hombre.
P- ¿Y tú pretendes darle la vuelta?
R- Pretendo sencillamente tomar como punto de
arranque un misterio central del cristianismo:
P- ¿Pero eso es también doctrina de
R- Eso está en el Evangelio, y por ello
P- ¿Y en el Credo?
R- Sí, pero lo que ocurre es que el Credo, tanto
en su fórmula corta (del Concilio de Nicea) como en la más amplia (del Concilio
I de Constantinopla) se redactó en unas condiciones marcadas por una fuerte
influencia política. De los emperadores. No olvidemos que los 4 primeros
concilios de
P- ¿O sea que nuestra fe descansa en los
emperadores romanos?
R- Yo no digo tanto, pero sí que los emperadores
tuvieron una influencia determinante en la formulación de aquellos concilios.
Hasta el punto que uno de los grandes temas que se estudia sobre aquellos
tiempos es el cesaropapismo, que fue el hecho de la
intervención de los emperadores en la teología. Imponiendo sus criterios y sus
puntos de vista. Yo en el libro pongo un ejemplo muy elocuente y actual:
figurémonos que Obama convoca un concilio ecuménico
en
P- Evidentemente.
R- Es verdad que no se puede trasponer el siglo
IV o V al XXI, porque sería una injusticia histórica y una ingenuidad
pedagógica. Pero no olvidemos que hay grandes paralelismos entre una cosa y
otra.
P- ¿Entonces ese cesaropapismo
arrastró la definición de Cristo más hacia lo divino, mermando la parte humana?
R- Efectivamente. El empeño de Nicea contra el
imperante Constantino fue afirmar como dogma la identidad de sustancia, de ser,
de Jesucristo con Dios, con el Padre. En ese sentido, se salvó la divinidad de
Cristo, al afirmar que su naturaleza era la misma que la del Padre. Pero se
cargó tanto la mano en los siglos siguientes en el aspecto de la divinidad (y
aquí aparecen los Padres de
Lo que ocurre es que en
P- Si iba al baño como cualquier humano.
R- Claro. Un viejo profesor que yo tuve decía que
eso que dijo Santo Tomás es una estupidez, porque Jesús era un ser humano, y
todo lo que es humano es propio de Jesús.
P- Da la sensación de que a
R- Si eso es humano, tuvo que tenerlos.
P- ¿Y por qué ese miedo a reconocerlo?
R- Porque hay ciertas constantes en la
experiencia humana. En los siglos I, II y III era el gnosticismo, que anteponía
lo divino a lo humano. Espíritu-materia, sobrenatural-natural. Después, esa
tendencia ha ido reapareciendo en distintas formas. En el fundamentalismo y en
las tendencias más liberales.
P- ¿Sigue hoy
R- Y no sólo de Cristo, que era plenamente
humano, sino de Dios. La clave está en la pregunta de Felipe en la Última Cena,
cuando le dice a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre". Jesús le
responde: "Felipe, ¿todavía no me conoces?". Si yo fuera Felipe le
habría dicho: "Sí, a ti sí te conozco. Lo que quiero es conocer a
Dios". Pero es que Jesús añadió, sin hacer falta esta intervención:
"El que me está viendo a mí, está viendo al Padre".
Ver a Jesús era ver a Dios. Oírle era oír a Dios.
Tocar a Jesús era tocar a Dios.
Por tanto, desde el momento en que Dios se
humaniza, se funde con la carne. Con lo más débil de la condición humana.
P- ¿Asumiendo todas las consecuencias?
R- Toda la debilidad, menos el pecado. Menos la
maldad, que es inhumanidad, deshumanización. Todo lo que es plenamente humano
lo asume.
P- ¿Pero también tuvo que enfadarse?
R- Pues claro que sí. En la sinagoga, cuando el
manco, preguntó si la religión permitía curar o dañar una vida. Se callaron, y
el Evangelio de Marcos dice que Jesús les dirigió una mirada de ira. ¡Ira, no
indignación!
P- En la famosa escena del templo, que se pone
a veces como ejemplo de eso, cuando coge el látigo, ¿sintió indignación o
también ira?
R- Probablemente las dos, porque habían
convertido el templo en una cueva de bandidos.
P- ¿La humanización sigue trayendo hoy
problemas? Pagola es un claro ejemplo actual.
R- Evidentemente. Hay una resistencia no
confesada pero muy fuerte. Porque lo humano es lo más básico de nuestra
condición, anterior a lo cultural, lo religioso, etc. Y Dios se identifica con
ello. A Dios se le encuentra ante todo en lo laico, en lo común a todos los
seres humanos. Por ejemplo: la salud, la alimentación, el respeto, las
relaciones humanas. Estas fueron las grandes preocupaciones de Jesús. Y para
eso apelaba a Dios. Porque Jesús sabía muy bien que sin fe, sin unas
convicciones hondas, la condición humana no da de sí. Porque lo inhumano
predomina en nosotros. El Pecado Original.
Entonces, a mí me parece que la originalidad de
mi libro es que dice que a Dios lo tenemos que buscar, ante todo, en lo humano.
Y que el cristianismo está para humanizarnos.
P- ¿Eso no quiere decir que tú niegues que
Dios era también perfecto?
R- No, de ninguna manera. Lo estoy afirmando: el
perfecto Dios se expresa, se revela, en la perfecta humanidad. Este es el gran
misterio de Jesús.
P- ¿Y es la perfecta humanidad una de las
asignaturas pendientes de la teología? ¿Por qué se ha investigado poco ahí?
R- Es que los teólogos muchas veces dan la
impresión de que conocen más a Dios que al hombre. Prueba de ello es que se
preguntan: "¿Jesús es Dios?". Si analizas esa pregunta, te das cuenta
de que en el fondo están diciendo que saben lo que es Dios. Y preguntan si eso
se le puede aplicar a Jesús. Y yo al que hace esa pregunta le preguntaría:
"¿Usted sabe lo que es Dios? ¿Lo ha visto, lo conoce?".
A Jesús lo conocemos por la historia evangélica.
Se puede discutir sobre valor histórico, pero que ahí hay la realidad de un galileo, trabajador del siglo I, que vivió de tal forma,
tuvo tales convicciones, hizo tales cosas y murió de tal manera, lo sabemos con
sobrada seguridad. A partir de ahí tenemos que conocer a Dios.
P- ¿Sería más fácil conocer al Jesús hombre
que al Jesús dios?
R- Claro, lo es. A partir del Jesús hombre
podemos empezar a conocer al Jesús dios. Porque si yo me voy directamente al
dios en sí, ¿qué puedo saber? Lo dijo Aristóteles, es la metafísica de los
griegos. La especulación de los intelectuales merece respeto, pero el Evangelio
tiene más credibilidad.
P- ¿O sea que lo que sabemos de Dios lo
sabemos porque Jesús nos lo dijo de Dios?
R- Evidentemente. Por eso él es revelador y
revelación de Dios. Es la imagen de Dios invisible. O, como dice la carta a los
hebreos, "Dios finalmente nos ha hablado en su Hijo". Por medio de su
hijo, que es Jesús.
P- Uno déficit que señalas en la cristología
es la cristología política de
R- Me refiero al cesaropapismo.
A la influencia de los intereses políticos en la teología. Se comprende que
esto pasara, porque era el tiempo de la decadencia del Imperio. Aquello se iba
al traste, y se agarraron a lo que pudieron. Como vieron que el cristianismo
iba en aumento, se agarraron a él. Pero, claro, a ellos no les interesaba un
Dios crucificado. Y el problema con el que se encontraron fue que el
cristianismo predicaba que el dios en el que creían era un crucificado. Y eso
significaba un esclavo, o un extranjero, o un subversivo. ¿Cómo arreglaron eso?
Creando un dios Todopoderoso. El pantocrátor, que era un título imperial, se lo
colgaron a Jesucristo. Pero el Dios que sale en los evangelios es un Dios
misericordioso.
P- "Todobondadoso".
R- Eso es. La gente no necesita poderes que le
dominen, sino comprensión, misericordia, respeto, tolerancia, ayuda para
nuestra debilidad. Este sería el mejor servicio que
P- ¿Y eso lo pude hacer la iglesia del poder,
identificada con el Vaticano? Sólo ver el Vaticano da la sensación de que
estamos ante un gran poder.
R- No es sólo una sensación, es una realidad. La
cúpula y la plaza de San Pedro, la majestuosidad de un cardenal revestido con
todos sus ornamentos, son una expresión simbólica de una realidad.
Y la gente no se aclara. Porque, ¿cómo juntar
esas imágenes con lo que se lee en el Evangelio? Jesús le dio también mucha
importancia a esto. Y cuando mandó a los apóstoles a evangelizar les dijo:
"No llevéis dinero, ni bastón de mando, ni sandalias; no llevéis dos
túnicas". Porque así se evangeliza. Yo creo que evangelizó más San
Francisco de Asís con su humildad y su sencillez, o la buena gente por ahí perdida,
curas, monjas, laicos... que estos personajes que aparecen con esa pompa. A
mucho nos desconcierta y otros les causa malestar. Aunque haya grupos que
necesitan eso.
P- Y lo peor desde mi punto de vista es que
esa tendencia se está acrecentando últimamente. Vamos hacia una Iglesia de la
pompa y de la liturgia y nos alejamos de los pobres.
R- Claro, porque
P- ¿Por la pérdida de influencia?
R- Sí. Ya la está perdiendo por toda Europa. Por
todo el mundo, a medida que la cultura va avanzando. Por eso
Decisivo es el Sermón del Monte, que determina la
convivencia entre la gente. Pero eso no se transmite, no se contagia a la
opinión pública, al pueblo.
P- ¿Ves alguna salida? ¿Hay posibilidad alguna
de que esta creciente involución pueda dar marcha atrás? ¿Es
R- Bueno, la esperanza que tenemos es que van a
llegar a tal límite, que se van a dar cuenta de que por ahí ya no se avanza
más. Hay mucha gente convencida de eso, no solamente entre laicos y seglares,
sino también entre los obispos. Lo que pasa es que en los ambientes clericales
hay mucho miedo. Y, por tanto, falta de libertad.
P- ¿Miedo a la pérdida del poder?
R- Sí. Y a las reprimendas que vienen de Roma. A
mí, cuando era jesuita, un obispo me habló con toda confianza. Estaba en una
gran diócesis de España, y me contó cómo los controlan desde Roma, mediante un mónitum, un aviso. Y me contó algún ejemplo, como el del
cardenal de Barcelona muerto hace unos años, al que le mandaban mónitum tras mónitum por cosas
muy extrañas. Hasta que un día se hartó, tomó un avión, se fue a Roma y
preguntó: "¿Qué pasa aquí?".
P- ¿En época de Pablo VI o de Juan Pablo II?
R- Creo que de Pablo VI.
P- ¿Ya empezó ahí la cosa?
R- La cosa viene de muy atrás, de muy lejos. El
mundo interno de
El caso es que buscaron, y encontraron que
aquellos mónitum le venían al cardenal de Barcelona
nada menos que por denuncias que mandaba a Roma un sacerdote que estaba en un
psiquiátrico.
P- Qué barbaridad.
R- Claro. Y si en Roma le prestan atención a un
anónimo o a una denuncia de un demente para intimidar a un cardenal, hay algo
que no funciona bien.
P- ¿Hay miedo entre los teólogos que estáis en
la frontera?
R- Sí.
P- ¿Y autocensura, por lo tanto?
R- Lo que pasa es que muchos nos somos
conscientes del miedo. Hay una afirmación de un sicoanalista francés que dice:
"La obra maestra del poder consiste en hacerse amar". Y si el poder
es religioso, se hace amar mucho más. Amamos al que nos controla, al que nos
prohíbe, nos amenaza y no nos deja pensar con libertad.
P- ¿Y eso impide rebelarse?
R- Claro. Yo pienso, por ejemplo, en San Antonio
de Padua. Yo recomendaría a muchos obispos y sacerdotes leer sus sermones. O el
Tratado de Consideratione de San Bernardo. O a Santa Catalina de Siena. Y no estoy citando teólogos de
P- ¿Ese círculo es el que rompes tú cuando
decides que no hay espacio suficiente para respirar (dentro de
R- Sí, eso me influyó notablemente para tomar la
decisión que tomé. Que, a los 78 años, no es fácil tomar. Pero es que a mí se
me hacía muy difícil pensar con libertad y decir libremente lo que pensaba. Y
me dije: "El poco tiempo de vida que me quede, que no será mucho, quiero
poder pensar y hablar con libertad, hasta donde me sea posible".
P- Y eso es algo que se agradece, porque hay
pocas voces absolutamente libres, que puedan expresar lo que sienten. Porque en
R- Lo que yo siento es que haya personas que se
puedan escandalizar. Que se van a irritar o a sentir mal leyendo mis libros o
esta entrevista. Pero también pienso que en los evangelios (Dios me libre de ni
siquiera querer asemejarme al Señor) Jesús escandalizó a mucha gente. Y
Monseñor Romero, o Don Helder Cámara, escandalizaron también a mucha gente.
Recuero esa frase tan conocida: "Cuando doy pan a un pobre, me llaman
santo; cuando pregunto por qué hay pobres, dicen que soy comunista". Es
decir, se escandalizan. Pero yo creo que esto es inevitable.
P- Pero no se escandalizan los sencillos. Se
escandalizan, o hacen que se escandalizan, los talibanes que defienden
R- Es verdad. Yo siempre digo una cosa: Jesús fue
extremadamente tolerante. Pero fue intolerante con los intolerantes. De ahí la
dureza y la firmeza con que trata a escribas y fariseos, según los relatos
evangélicos.
P- Alguna cuestión de actualidad. Se acaban de
producir dos nombramientos, uno muy polémico: el de Monseñor Munilla en San
Sebastián, sin consultar con la diócesis, etc. ¿Quién manda en
R- El cardenal Rouco tiene un poder muy grande.
P- ¿Sin contrapesos?
R- Los tiene, pero están ocultos, según dicen
quienes conocen el mundo interno de
Yo respeto que quieran seguir esa línea, son
libres para hacerlo. Pero que no quieran imponerla para todos. Porque hay gente
de una sana izquierda, de una postura más respetuosa, liberal y tolerante desde
el punto de vista religioso, que son buenos cristianos. Pero en España se tiene
la impresión de que, como no te identifiques con la derecha mas allá de la cual
ya está la pared, como decía el otro día uno, no te puedes identificar con
Roma.
P- Y eso incluso cierra el "mercado
religioso", el potencial. Si Iglesia somos todos, seamos todos, ¿no?
R- Una de las esperanzas que tengo es que se vean
cada día más angustiados económicamente. Porque la cruz la va a poner cada vez
menos gente en la casilla de la declaración de la renta, porque cada vez va
menos gente a las iglesias y, por tanto, las donaciones disminuyen a velocidad
de vértigo. Y se van ver en una situación en que no les va a quedar más remedio
-y es duro y desagradable decirlo- que replantearse muchas cosas.
P- ¿Se deberían replantear algunas cosas por
agotamiento? El celibato de los curas, la ordenación de las mujeres, que a mí
me parece...
R- ...evidente. Empezando porque Cristo no ordenó
mujeres, pero tampoco hombres. Cristo no ordenó a nadie. El otro día, en el
blog de Religión Digital, puse yo una entrada sobre eso: El orden no es bíblico
ni evangélico, es una institución política del Imperio. Había tres órdenes: el de
los caballeros, el de los senadores y la plebe. Y eso lo tomó el clero en el
siglo III. Decir que Jesús ordenó sacerdotes a los apóstoles es un despropósito
teológico e histórico. Por tanto, ¿por qué no van a poder las mujeres ser
sacerdotes? El Concilio dice que el pueblo cristiano tiene derecho a que
P- Otro asunto que volvió a poner ayer de
actualidad el cardenal Rouco es el de la clase de religión. Dice que está
marginada, que no se cumplen los acuerdos Iglesia-Estado, que no hay
alternativa... ¿Debe seguir le clase de religión en la escuela pública?
R- Tal y como está planteada la clase de religión
(ya para eso hay que ver los libros y manuales que ponen en los colegios,
censurados por
P- ¿Qué opinión te merece el Papa Ratzinger?
R- En primer lugar, no deberíamos nunca olvidar
que
La iglesia echa mano del Espíritu Santo cuando le
conviene. No echa mano de él cuando oculta a curas pederastas. ¿También el
Espíritu Santo inspira eso? Vamos a ser coherentes.
Yo creo que el Papa Ratzinger ha sido un gran
teólogo, pero que ya no está, por edad y por salud, en condiciones de ocupar el
cargo que ocupa, dado el sistema organizativo que tienen
P- ¿Le ves capaz de cambiar el sistema? Por
ejemplo, presentar la renuncia, dar paso a otros...
R- No creo que lo haga.
P- ¿Ni es el tiempo ni es la persona?
R- No. Vamos, igual nos da una sorpresa el día
que menos esperemos, pero no lo creo. El cambio en
P- ¿Reivindicando desde dentro?
R- Haciéndose todos responsables de su marcha. En
la parroquia y en la diócesis. Lo que pasa es que a la gente la han educado
para que se calle. Para que vaya a misa el domingo y del resto diga que es
"cosa de curas".
P- Y a los movimientos más reivindicativos
dentro de
R- Sí, se les complica la vida. No se les oye. A
mí me gustaría que los obispos en cada diócesis recibieran a cada movimiento
como reciben a los kikos. A mí me parece muy bien que
les reciban entusiasmados, porque son personas de mucha generosidad religiosa y
de mucha entrega, que merecen todo el respeto. Pero no deberían olvidar los
obispos que también hay muchas personas que, por motivos que ni ellos mismos se
atreven a confesar, están ahí, marginados. Ni se les escucha ni se les recibe.
Tengamos anchura de corazón. Jesús comía con los
pecadores, recibía a las gentes más marginales y peor vistas, ponía como modelo
a un samaritano, acogía a un centurión romano, no hacia diferencias...
P- Y dejaba a las 99 para ir en busca de la
descarriada.
R- Claro. Si se le perdía una, iba en busca de
ella. Y ahora la impresión que da es que quien está perdido es el obispo.
P- Pero, entonces, "largo me lo
fiáis". ¿Hay esperanza de un cambio real cercano?
R- A corto plazo, no. Habría que convocar un
concilio, pero hoy, tal y como es la política de nombramientos de obispos de
Benedicto XVI, y tal como fue ya la de Juan Pablo II, daría igual. Porque en la
mayoría de las diócesis han puesto a hombres orientados en una línea que un
concilio no podría cambiar. Habría que pensárselo.
P- Juan XXIII lo hizo en una época tan dura o
más que ésta.
R- Es verdad, pero hay una diferencia. Pío XII
fue un Papa de una mentalidad muy tradicional y conservadora, que intentó
degollar los movimientos renovadores, por ejemplo,
Sin embargo, los dos últimos papas sí han tenido
ese miedo.
P- ¿Prefieren nombrar obispos mas fácilmente
controlables?
R- Prefieren hombres sumisos.
P- Y Jesús nunca fue un sumiso.
R- ¡No! No fue tampoco un revolucionario
alegremente, ni mucho menos peligroso. Andaba siempre con los últimos. Fue un
hombre de una libertad absoluta y sorprendente.
Yo recuerdo el pasaje del Evangelio de Lucas en
que cuenta que Pilatos había degollado a unos galileos que estaban ofreciendo
un sacrificio en el templo o en un lugar sagrado. Entonces, le pusieron una
ocasión en bandeja a Jesús para hacer una denuncia contra los romanos, y Jesús
no dijo nada. Lo que dijo fue: "Si no os convertís todos, vais a acabar
igual".
Jesús interpelaba a la conversión de cada cual.
La conversión a los valores del Sermón del Monte y de sus parábolas: Que los
últimos son los primeros, que los débiles, los niños, las mujeres, los
pecadores, los excluidos, y los indefensos son a los que más hay que cuidar.
Una Iglesia que fuera así, tendría hoy un poder y
una fuerza increíbles. Y lo que me da lástima y a veces coraje, es que se
agarren a poderes de este mundo.
P- José María, ha sido un placer.
Los que quieran profundizar en su pensamiento de
teólogo, pueden comprar su ensayo de cristología. Y los que quieran leerle cada
día, pueden acceder a su blog de Religión Digital, Teología sin censura.
Gracias, maestro.
R- Muchas gracias.