José Mª. Castillo, Religión Digital, 01.06.10
Sí,
"el que tenga las manos limpias (en este país y en cualquier país del
mundo) que tire la primera piedra". Pienso que, en este momento, nos viene
bien a todos recordar estas palabras de Evangelio. Ahora precisamente, cuando
la crispación social es más fuerte. Y cuando todo el mundo busca culpables de
la crisis económica y de las calamidades que la crisis nos ha traído. Y las que
nos va a traer. El hecho es que los políticos se echan
en cara, unos a otros, las responsabilidades que tienen en el desastre
económico en el que nos vemos metidos. Y con los políticos de cada bando, los
fieles seguidores de cada grupo, los de la derecha y los de la izquierda,
recordando todos cosas que no quisiéramos oír. Y todos
apuntando con el dedo al que cada cual considera culpable de todos los males,
sin mezcla de bien alguno.
Decir
estas cosas es echar mano de tópicos gastados y baratos, cosas que todos
sabemos. Pero, si las recuerdo aquí, es porque me parece que estamos viviendo
una especie de espejismo de proporciones fabulosas. Nos están engañando. Porque
esta crisis es de tales proporciones, que ni la ha causado un hombre, ni la va
a resolver otro hombre. Mi idea es que entre todos hemos causado el desastre. Y
entre todos lo tenemos que resolver. Por supuesto, es decisivo tener buenos
gobernantes. Pero, tan decisivo como eso, es tener buenos ciudadanos.
Concretando
más, me atrevo a pedir dos cosas: 1) A los políticos: que no antepongan el bien
del partido al bien del país. Porque, en este momento, lo más urgente no es que
gane mi partido, sino que España salga adelante. 2) A los ciudadanos: que todos
arrimemos el hombro, rindiendo más en el trabajo, favoreciendo cualquier
propuesta solidaria en favor de quienes más lo necesitan, fomentado la
recuperación de la unidad perdida. ¡Ya está bien de enfrentamientos y fracturas
maniqueas! ¿No nos hemos enterado todavía de que los enfrentamientos (en España
y en todo el mundo) no han servido sino para hundirnos más a todos? Sin duda
alguna, es importante "mi razón". Pero, ¿es que no nos damos cuenta
de que más urgente que imponer mi razón es que todos salgamos adelante?
Y para
terminar: No me explico el silencio de los "hombres de la religión"
en este momento: ¿por qué están tan callados? ¿es que el papa, los obispos, los
teólogos, los imanes y los rabinos, los gurús y los chamanes no tienen nada que
decir cuando está en juego el hambre de tantas familias, la justicia que
defienda a los parados, los inmigrantes, los arruinados por la crisis...?, ¿qué
lectura hacemos de este extraño silencio? Y ¡por favor!, aporten ideas que nos
sirvan para emprender acciones positivas. De quejas, acusaciones y lamentos, ya
estamos bien servidos.