EL TANATORIO SOLITARIO
Casi
sin quererlo me ha venido a la memoria la impresión que me produjo aquella
capilla casi vacía del inmenso tanatorio de una gran ciudad en el que tenía que
oficiar un funeral.
Disponíamos
de 20 minutos justos para rezar unas oraciones encomendando a Dios al hombre al
que íbamos a enterrar. Toda la familia y los amigos del finado nos
encontrábamos en la puerta de la capilla esperando que la celebración anterior
concluyera. Puntualmente se abrió la puerta y de
La
gente empezó a entrar y las 150 sillas del local fueron ocupadas con creces,
quedando bastantes personas de pie.
Al
terminar le pregunté al cura del Tanatorio qué es lo que había pasado en el
funeral anterior puesto que me había sorprendido que no hubiera más que dos
personas.
Aquí se ven muchas cosas, me dijo. Incluso
en alguna ocasión he rezado por un difunto que tenía ante mí y no ha habido
nadie, absolutamente nadie en la capilla. Hoy había dos personas, creo que era
una hija y su compañero. ¿Sabes? –prosiguió- este difunto había sido un hombre muy rico,
un empresario que se había abierto camino en la vida y ha tenido mucho dinero.
Al parecer la relación con la familia no le fue bien y hoy, ya has visto, dos
personas en su entierro. Sí, aquí se ven muchas cosas.
He
recordado esta conversación cuando estos días estamos asistiendo al bochornoso
espectáculo de la corrupción en nuestro país. En el mundo de la política, en
todo su abanico de opciones, derechas, izquierdas, independentistas…, el mundo
del deporte, el de las artes, el de las administraciones locales, el de los
medios de comunicación…, en todos ellos aparecen hombres y mujeres que,
utilizando las prebendas del lugar en el que estaban, han estafado cantidades
astronómicas para enriquecerse más y más.
Me
sorprendió sobremanera la figura del director de una entidad cultural al que se
le ha pillado con una estafa de entre dos y tres millones de euros. Se trata de
un anciano; no es un hombre joven, no; un anciano. Aparecía en las fotografías aplastado,
con la mirada perdida y triste, rodeado de objetivos que retrataban en su
rostro la derrota y la vergüenza. Quien antes había sido un prócer de la
cultura, quien se había rodeado de los más influyentes intelectuales y
políticos, quien había recorrido el mundo dando conferencias codeándose con mandatarios
internacionales…, aparecía hundido y roto ante las mismas cámaras que antaño
habían retratado sus éxitos y las reverencias que todos le hacían.
Qué
necesidad, pienso yo, tenía un anciano de seguir robando más y más a sus años
(hablan de 20 millones de euros). Qué necesidad de tener la mediocridad de
pagar hasta las bodas de sus hijas con dinero robado. Qué necesidad tenía de
seguir teniendo más y más.
Ya
hubo quien dijo hace 2000 años que no se puede servir a Dios y al dinero. Es
verdad, nos estamos acostumbrando a una sociedad en la que el dinero no sirve a
las personas sino que las personas sirven como esclavos al dinero.
Así
nos luce el pelo; detrás de todas las injusticias y barbaridades que hay en
nuestra historia está esa adición repugnante al dinero. Drogas, guerras,
desastres familiares, chavales desorientados, hambrunas terribles…, son, ni más
ni menos, fruto de ese culto a los millones; un culto insaciable que, como los
ídolos antiguos, cada vez exige más y más sacrificios humanos para poder asir
su sed imparable.
Pobres
desgraciados los que se han enganchado a esta esclavitud. Líbrenos Dios de no
caer en esta telaraña que acaba engullendo al que entra de puntillas en ella
mirando hacia los lados, esperando que no le vean. Pobres de aquéllos que
emponzoñan la política, la religión, el deporte, el arte, la cultura y cosas
bien hermosas por buscar aprovecharse de ellas en busca del beneficio propio.
Ha
sido pensando en estas cosas cuando he recordado el entierro solitario del
cadáver millonario.
Estos
nuevos chorizos engominados, estos tipos risueños que roban entre aplausos y se
han pasado la decencia y la honradez por el forro, han olvidado que su destino va a ser la
soledad, aunque eso sí, acabarán siendo los más ricos del cementerio.
JOSAN MONTULL
12.10.2009