ELUANA EN PAZ
Y BERLUSCONI EN GUERRA
J. Masiá Clavel,
La
crispación parlamentaria desencadenada por el Cavaliere
se unió al nerviosismo del ala derecha de la curia pontificia para impedir la
muerte con dignidad de Eluana. Dos ideologías
integristas, la política y la religiosa, con el pretexto de proteger la vida
humana, pusieron en peligro la dignidad de las personas en proceso de morir, la
distinción que independiza en democracia al poder judicial frente al
legislativo, la separación de las confesionalidades religiosas y el gobierno,
la autonomía de las personas pacientes y el derecho a decidir cada cuál cómo
vivir la etapa final de la vida hasta morir.
Berlusconi intentó usar a
Cardenales
y obispos “curiales” han llamado homicidio, asesinato o eutanasia a la
voluntad de asumir la muerte en paz de Eluana.
No así la teología moral. Abrimos un libro de texto católico de Ética médica
de línea moderada publicado con licencia eclesiástica por dos conocidos
teólogos dominicos moralistas que matizan con mucho cuidado. Benedict M. Ashley,
O.P. y Kevin D. O'Rourke escriben
así:
«Quienes se
oponen a retirar la nutrición e hidratación, administradas médicamente, lo
hacen por temor a abrir la puerta a abusos eutanásicos.
Pero si, a pesar del recurso médico que se le está aplicando, la persona no va
a poder recuperar la capacidad para ejercitar las finalidades de la vida
humana, se puede considerar ese recurso médico como exagerado y se puede
interrumpir su uso. Si el uso de sonda nasogástrica o
nutrición intravenosa o hidratación son proporcionalmente de menos beneficio
para la persona paciente que la carga del cuidado prolongado que pesa sobre
otras personas, dichos recursos médicos son extraordinarios y no obligatorios».
(Ethics of Health Care: An
Introductory Textbook, Georgetown University Press, Washington D.C. 1994,
p.224)
Siembra desconcierto
la expresión matar de hambre y sed, usadas por quienes se oponían al
derecho del padre de Eluana a asumir la
muerte con dignidad de su hija. Ni la sonda, más medicación que alimento, se
debe comparar con un bocadillo, sino con una inyección, ni la persona está
retorciéndose de angustia por hambre y sed, sino necesitada de que la dejemos
descansar en paz.
Tanto la
prolongación indebida como la aceleración del final son injustas cuando se hace
contra la voluntad y dignidad de la persona paciente. Si respetan su autonomía
y dignidad, son éticamente correctas. Rehusar recursos médicos fútiles
no es eutanasia injusta, sino limitación, moderación o regulación del
esfuerzo terapéutico. El criterio para no usar (o interrumpir el uso) de
recursos médicos fútiles es el respeto a la voluntad y a la dignidad de la
persona.
El giro
retrógrado de instancias eclesiásticas dirigentes, desenmascarado hace un
cuarto de siglo en el Informe sobre la fe, alcanza cotas de alarma
roja. Dirán que no se debe hablar desde dentro de la iglesia. Pero callar sería
irresponsable; nos lo echarían en cara las futuras generaciones.
En todo
caso, damos gracias por la muerte en paz de Eluana,
deseando que legislaciones como la de nuestro país sobre autonomía de pacientes
protejan los derechos amenazados por ideologías totalitarias, políticas o
religiosas.