EL VALIDO

 

Uno de los mayores problemas que históricamente tuvo el Reino de Aragón con respecto a los Reyes de las Españas fue el de las interferencias de los monarcas a la hora de nombrar los cargos importantes del Reino ya que en muchas ocasiones recurrieron a personajes castellanos o extranjeros para cubrir dichas plazas. Ello provocó reacciones airadas por parte de las Cortes aragonesas y demás entidades ya que consideraban un abuso de poder del Rey y que iba en contra de los propios Fueros aragoneses.

 

Me viene esto en mente en razón de lo que me van contando respecto al actual secretario particular del Arzobispo. Se trata de un cura joven (para la edad media del clero actual), captado de tierras lejanas (no sé si de Alcalá o de Murcia, pero para el caso es lo mismo) y que en el tiempo que lleva entre nosotros ha mostrado unas actitudes y actuaciones que nos han provocado malestar. El problema, pese a todo, no es que sea de fuera sino la osadía que manifiesta en temas importantes de nuestra diócesis cesaraugustana. Y es que el cargo de secretario particular es un cargo menor, sin presencia en el organigrama jerárquico, y sus detentores siempre han procurado ceñirse a su cometido: llevar la agenda del arzobispo, incluidas sus audiencias, atender al teléfono y otros medios de comunicación, y acompañar al prelado tratando de solucionarle los problemas técnicos que inevitablemente se le van presentando (organizarle sus viajes, etc.). No es preciso que lo ejerza un sacerdote (el actual arzobispo tuvo previamente una religiosa, desgraciadamente fallecida) pero sí que lo ejerza una persona discreta y que trate de pasar desapercibida. El ejemplo perfecto en este sentido fue el de Antonio González, durante bastantes años secretario particular del arzobispo Elías y que era la discreción en persona sin pasarse en ningún momento de lo que marcaban sus competencias: jamás se oyó decir que trató de influir en la política eclesial diocesana ni se le conoce ningún desliz al respecto.

 

Pero con el último secretario particular las cosas han cambiado y su influencia en las decisiones se está dejando notar desde hace tiempo. Ejemplo de ello ha sido su papel en el Seminario diocesano, su contacto directo con los seminaristas y sus afirmaciones (según algunos de éstos me han relatado) de que él era el referente fundamental para ellos y no tanto el rector del Seminario. A tal punto llegó la situación que el equipo directivo de este centro llegó a presentar su renuncia al arzobispo, aunque el asunto logró pararse. Y me cuentan que últimamente ha sido decisiva su intervención a la hora de nombrar a la nueva Notario de Curia del Obispado, pasando su propuesta por encima de la del personal cualificado de este importante organismo diocesano.

 

Esto no es de recibo. No puede venir una persona de fuera (con el desconocimiento inevitable de lo que somos y de dónde estamos), que al parecer disfruta de la plena confianza del prelado, hasta el punto de que ha estado durante un tiempo compartiendo incluso piso con él (con lo que esto supone de ser receptor de confidencias), y erigirse en un valido real o episcopal con todo el poder para imponer sus decisiones a los pobres “provincianitos” que habitamos estas regiones periféricas del reino. No puede un simple secretario particular erigirse en la más guapa del baile, humillando a quienes han sido nombrados para ocupar los cargos de responsabilidad. Lo que menos necesitamos son “validos” y politiqueo. Que quienes vengan de fuera lo hagan con humildad y a dar el callo desde la base, fuera de palacios y de cortes reales.

 

Pepe Nerín

31.1.2010