Eclesalia, 9 de marzo de 2006
ENCONTRARSE EN LOS PUENTES*
RAFAEL CASTELLANO
SEVILLA.
Educar en la fe a los jóvenes es preparar el terreno para la
llamada: es crear el contexto o la textura donde sembrar presencias de
trascendencia y cultivar experiencias de Reino de Dios y del Dios del Reino. Y
además, acompañar en el crecimiento y maduración de la fe cuando surja, así
como compartir la esperanza y gozar fraternalmente de la caridad. Y acompañar
mostrando que sabemos por experiencia personal que sabemos lo que le pasa y de
lo que estamos hablando.
¿Cómo suscitar la experiencia de Dios - y, por tanto, la experiencia de
Dios cristiana - en un mundo de tantas lábiles
convicciones, en una cultura que genera muchas personas frágiles y a casi a la
deriva, en una sociedad que fragmenta a las personas y las relaciones humanas,
en unos tiempos de tanta saturación de experiencias? ¿Cómo ayudar a la madurez
humana - psicológica, social, moral, espiritual y religiosa - en una sociedad
en la que cuesta mucho trabajo “mantenerte en tus cabales“? ¿Hay posibilidades
de creer que Jesús es el Señor sin la experiencia de querer tomarse la vida en
serio, a fondo, intensamente y dar pasos autoconstructivos
para ello?
Entre tanta variedad y cambio... ¿Hay posibilidad de lugares, tiempos,
personas y experiencias teofánicas que seamos capaces
de reconocer, de posibilitar, e incluso de intentar implementar de una manera
intencional? Creo que sí. Si no los hubiera Dios no sería fiel y el hombre no
sería hombre. Dios siempre ama y propone caminos de salvación y el ser humano
es capaz de reconocer ese amor, esa presencia y orientar su vida,
religiosamente, en esa dirección.
Ahora bien: lo joven es y se expresa de muchas maneras, y más en los
tiempos que corren. Cuando se siembran esas presencias de trascendencia, esas
experiencias de Reino, esas experiencias de Dios hay muchas calidades de
recepción. Además, no perdamos de vista que “cada uno es cada uno bregando con
Dios” y que la historia de salvación
personal - nuestros más o menos con Dios en nuestras vidas- es un misterio
entre el amor de Dios y la libertad y las posibilidades de cada ser humano.
Detecto unos posibles puentes -latidos, latencias, intuiciones,
experiencias- en los que encontrarse como evangelizadores con los jóvenes. Son
posibilidades de abrir experiencias profundamente jóvenes -reales, intensas y
muy a mano- a la presencia del Evangelio. Son grandes puentes o ámbitos de
apertura en los que ayudar a leer, a interpretar y a vivir en profundidad la
propia vida. Son posibilidades de educar en la fe, para la fe, desde la fe. Y
es que cuando se anhela vivir en profundidad la vida, ya se está en camino,
aunque sea incipiente, aunque sea incoado, aunque sea casi latente, hacia Dios.
Dios y el hombre somos así.
Además, al adentrarnos en esos puentes, tendremos una magnífica
oportunidad de sanear esa compleja y muy arraigada maraña de prejuicios
antirreligiosos y anticristianos que desde las redes audiovisuales se inoculan.
Y se rompen mostrando que la pasión por la libertad y la felicidad tienen mucho
que ver con un tal Jesús de Nazaret, el Señor, el
Mesías, el Hijo de Dios. Mostrando que, si la fe no hace feliz en este mundo, no
es fe... es otra cosa, patológica... y que si la fe no da libertad, no es fe...
es otra cosa, alienante.
Un puente: el deseo de silencio y de encuentro con uno mismo. Hay ya
muchos jóvenes conscientes de que no se conocen, de que están desparramados, de
que están “troquelados” por tanta “fashion”, que están hartos de tanto ruido...
físico, emocional, consumista... y no saben por dónde crecer como seres humanos
en lo mejor que hay en ellos. Por tanto, posibilitemos ámbitos de silencio.
Acompañemos esas experiencias. Mostremos que sabemos de lo que estamos
hablando: Dios habla al corazón de cada uno y posibilita que cada uno seamos
únicos e irrepetibles. Además,
Otro puente: la experiencia de la fragilidad personal: la enfermedad, el
dolor y la muerte. Las experiencias de fracaso afectivo o de fracaso vital. Las
experiencias de desolación. Cuando se toca fondo, uno se pregunta si está solo,
aislado, en este duro mundo. Acompañemos esos momentos, mostremos que sabemos
de qué estamos hablando: a pesar de la dureza de la vida no estamos solos: hay
alguien más, alguien que es un Amor sobre todo Amor. Además,
Otro puente: la experiencia del amor. Sea el deseo, sea el dar de sí
hacia los demás. Sobre el deseo: existe juventud mientras hay deseo de otro
mundo, mientras hay intensidad cuando se vive lo que se vive y se desea vivir
humanamente mejor - más justicia, más libertad, más vida.-. Acompañemos esas
experiencias mostrando que sabemos de qué hablamos: la pasión por el Reino, por
la vida: para que todos tengan vida y vida en abundancia. A esto nos llama el
Dios de Jesucristo. Eso es el seguimiento de Jesucristo. Esa es la misión de
Otro puente: la pasión por la verdad. Se es joven cuando se dice no a la
impostura, no a la falsedad. Cuando no se pacta con la mentira. Se es joven
cuando se desnuda al comediante, al falsario, al funcionario - sea político,
sea educador, sea eclesiástico-. Acompañemos esas experiencias, mostremos que
sabemos de qué estamos hablando: el anuncio profético del Reino y la denuncia
profética de todo lo que impide que el ser humano sea auténticamente ser
humano. Además
Otro puente: la inquietud por la unidad, por la comunión, por la creación
de redes de solidaridad. Acompañemos esas experiencias. Mostremos que la
comunión es algo muy claro por muy vivido por los cristianos actuales y de
todos los tiempos. Indiquemos la llamada a la unidad de todo el género humano
que constantemente nos lanza Dios Padre de todos los hombres: todos somos
hermanos. Además,
Hay más puentes: el deseo de encontrar en la naturaleza la liberación de
la alienación del modo de vida urbanita, el deseo de belleza en la creación
artesana de obras de arte, el deseo de sentido de la vida en el que uno puede
ser uno mismo y participar con lo mejor de unos mismo...
Hay puentes. No hay que hacer “obras de romanos” para
conectar con los jóvenes. Sólo hay que salir y caminar con ellos por sus
puentes y narrar, humildemente, nuestras experiencias como seres humanos,
gracias a Dios. Salir, acompañar y narrar... ¿No nos damos cuenta de que cada
vez vienen menos a nuestros locales?
*Texto basado en una conferencia de Fransec Torralba en el acto inaugural del curso 2004-2005
del Máster en Pastoral Juvenil organizado en Sevilla
por los Salesianos y el Centro de Estudios Teológicos del Seminario de