EN VILO POR EL VELO
Hace pocas semanas saltaba a los medios de comunicación una noticia que se
convirtió en portada de periódico y noticiarios televisivos: a una adolescente
musulmana se le prohibía la entrada a un centro escolar por llevar Hiyab, el pañuelo que cubre la cabeza y que es usado en
muchos países de tradición islámica. La niña se negó a entrar en el Centro sin
pañuelo por lo que tuvo que volver a casa. Al día siguiente otras cinco niñas
fueron ataviadas con pañuelo como signo de solidaridad con la compañera;
lógicamente, tampoco pudieron entrar.
Una norma del Reglamento de Régimen Interno del Colegio prohibía el acceso
al centro con la cabeza cubierta, así
que la norma se aplicó a rajatabla y la chica tuvo que volver a casa. Se buscó entonces
otra Escuela que no tenía esa condición en su reglamento. Pero a los tres días la
nueva Escuela cambió el Reglamento expresando la prohibición de llevar la
cabeza cubierta. Con lo cual la chica tampoco pudo ir al Colegio. Finalmente se
buscó un tercer Centro que no tenía esa regla y que no la impusieron con motivo
de la llegada de la nueva alumna. Así pudo la chica entrar de nuevo a un Centro
escolar.
Mientras todo esto ocurría un sinfín de
periodistas nos tenían en vilo aireando la noticia a los cuatro vientos,
metiendo sus cámaras hasta donde podían y preguntando a menores, a padres y al
lucero del alba que se manifestaran al respecto, creando así un ambiente
enrarecido y dando al hecho una trascendencia extraordinaria.
Hay en todo este tema una cuestión que
comparto totalmente: si en el Centro hay una norma que indica que no se puede
entrar con la cabeza cubierta, hay que cumplirla y ya está. No veo ahí ningún
problema. Pero lo que me resulta llamativo o en lo que descubro un tufillo
sospechoso es en el hecho de que las únicas veces que salta una noticia sobre
la indumentaria en los centros escolares ésta sea por el tema del velo. Ya ha
ocurrido varias veces recientemente. Y, claro, de unas cosas se pasa a otras,
del velo se pasa a que los emigrantes se adapten a nuestra cultura, de la
adaptación a nuestra cultura se pasa a que el velo es un problema de machismo,
del machismo se pasa a que el Islam menosprecia a la mujer y es fanático, del
Islam se pasa a que la religión es una cuestión que no debe aparecer en la vida
pública, de la religión se pasa a la generalización de que lo religioso hace
daño y hay que restringirlo en la medida de lo posible… Y se sigue con el tema
hasta lo que éste dé de sí, porque de todo esto, no sólo del velo, hemos oído
hablar estos días.
Pero que nadie crea que el problema de
la indumentaria en los colegios es el del pañuelo. Digo yo que habrá que
regular también si, por ejemplo, se pueden llevar piercings
en los centros escolares, o si se puede entrar con camisetas que lleven
mensajes, o con faldas que quitan el hipo al personal, o exhibiendo tatuajes de
diseño, o con pantalones caídos que permiten que medio culo quede al aire. Tal
vez no será muy correcto llevar camisetas o bufandas con los colores o escudos
de uno u otro equipo de fútbol, o colgar pósters de jugadores o de cantantes
porque identifican a la persona con unas preferencias. Ya no hablemos de los
inocentes dibujitos con plantas de marihuana que aparecen en estuches, logos,
camisetas y mil y una prendas fabricadas por multinacionales del diseño.
Estas cosas, les aseguro, son más
problemáticas que el hiyab, que, por otra parte, no
es una prenda islámica. Pero esas otras indumentarias nunca son un problema que
merezca atención televisiva, ésas tienen el beneplácito de una sociedad que
hace alarde de modernidad y tolerancia.
Tal vez el día en que los hiyabs lleven la etiqueta de Armani o de Benetton los
medios de comunicación ya no hablarán de un problema. Hablarán de una moda.
JOSAN MONTULL
4.5.2010