ESPECTÁCULOS CAROS

E INÚTILES

 

No me lo podía creer pero era cierto: la Iglesia Católica de Inglaterra va a cobrar entrada para asistir a los actos de la visita del Papa a ese país. Es decir, que para acudir a las misas que celebre el obispo de Roma habrá que pasar por taquilla, lo mismo para las concentraciones y los diversos actos en los que se plasmará su visita. Dicen que es para ayudar a sufragar los gastos de este viaje considerado tan importante. Pero parecen no darse cuenta de que de esta forma han convertido la visita papal en un espectáculo en lugar de ser una visita para animar a los cristianos a seguir adelante pese a las dificultades. Habrá que pagar igual que se hace si uno quiere acudir a un concierto de un artista de talla mundial. Con esto el paso al “show business” se ha consumado.

 

Naturalmente las críticas a tal medida ya han empezado, y con razón. Y el Papa se convierte en una figura del espectáculo tanto en sus visitas a países como en su presencia en actos masivos, pongamos por caso las Jornadas Mundiales de la Juventud. A finales de los años ochenta, siendo yo delegado diocesano de Pastoral Juvenil, ya presenté una propuesta a los organizadores en Madrid de una de estas Jornadas tratando de evitar el culto a la personalidad del Papa, el concentrar a los jóvenes por el hecho de que venga el Papa. La idea propuesta era que podía ser interesante un Encuentro de Jóvenes para reflexionar por ellos mismos sobre el seguimiento de Jesucristo en la sociedad actual, sobre la evangelización, sobre el compromiso cristiano, Encuentro al que, reconociendo su importancia, se sumaría el Papa para expresar de esta forma que la Iglesia apoya a los jóvenes, sus luchas, sus ilusiones. Pero no al revés. Se concentra a los jóvenes para que “vean” al Papa, para que le “escuchen”, para que le “aclamen”, para visualizar ante la sociedad la fuerza de nuestra Iglesia. A esto se le añaden algunas reflexiones hechas fundamentalmente por obispos a guisa de charlas a los chicos. Y a disfrutar del hecho de encontrarse jóvenes de todo el mundo, que para ese disfrute necesitan los jóvenes pocos estímulos.

 

El próximo año tendremos JMJ en Madrid y el cardenal Rouco ya nos ha tranquilizado: el que quiera ver al Papa no tendrá que pagar nada, ni siquiera el Estado cubrirá con los gastos. Ya se ha encargado él de que los 40 empresarios más poderosos del país carguen con la cuenta. Estupendo. ¿Pero es que no se da cuenta este monseñor de que esos señores no dan nada gratis? ¿Piensan que habrían apoquinado algo si olieran tufillos izquierdosos (pero ellos saben que la jerarquía mantiene la orientación política bajo control)? ¿No les preocupa la nefasta imagen de Iglesia unida a los poderosos, ésos que con sus legiones de abogados se escaquean de pagar los impuestos que deberían? ¿No se da cuenta de que ata las manos de la Iglesia con las cuerdas de los poderosos? ¿Se atreverá el cardenal a denunciar a alguno de estos 40 cuando llegue a saberse alguna de sus corrupciones o injusticias? ¿Protestará contra las abusivas comisiones de los banqueros? ¿A qué se está jugando? A tener buenas relaciones con el poder económico, que es lo que al parecer importa. Luego si hay corruptelas, como ocurrió con la visita del Papa a Valencia, ¿ha oido alguien alguna condena por parte de los dirigentes eclesiásticos valencianos? Si es que tienen las manos atadas.

 

Pero la gente y los medios de comunicación dedicarán durante unos días bastante espacio a estas visitas papales. O sea que tendremos propaganda gratis. ¿Es que se confunde la propaganda con la evangelización? Y luego humo. Porque no queda nada, como ocurre con los grandes espectáculos. El vacío y seguir como estábamos tras levantar una enorme polvareda. Ni los jóvenes van a escuchar al Papa o a hacerle caso, ni el Papa se entera de la realidad de esos jóvenes o de los países que visita. Nadie escucha a nadie. No se profundiza en nada. En todo caso se airean consignas que es todo lo contrario a un pensamiento reflexivo.

 

¿No podrían los viajes de los Papas ser más sencillos, como los de la gente normal? ¿Por qué estos despliegues? Si viene a animarnos, no necesitan tanta parafernalia. En el silencio del encuentro personal se entienden mejor las cosas. Pero, claro, entonces la gerontocracia que nos preside no se sentiría feliz ante los baños de multitud con miles de jóvenes. No hay más que ver sus caras de felicidad, como abuelos ante sus nietos. ¿Creen ellos que ésa es la Iglesia del día a día? Aviados estamos.

 

Pepe Nerín

9.8.2010