HACIA UNA ESPIRITUALIDAD
EN EL SIGLO XXI
¿QUÉ ENTENDEMOS POR ESPIRITUALIDAD?
La espiritualidad es la forma concreta, el estilo o talante que tiene un cristiano de vivir el Evangelio. Es una actitud vital que lo engloba todo y que pretendemos que sea conforme con el Espíritu de Dios.
Un cristiano es espiritual cuando entiende y reorganiza su vida a partir de la opción total por Jesucristo y por su causa. Esto hace que su identidad personal esté orientada en torno a Jesucristo y su mensaje.
La espiritualidad no es, por tanto, un aspecto marginal de la existencia cristiana: es un estilo de vida y un darse uno cuenta de ese estilo.
DIVERSAS ESPIRITUALIDADES
No todos vivimos nuestra fe cristiana de la misma forma. Cada uno vemos a Jesucristo e incluso a Dios de una manera no exactamente igual a los otros, y eso tiene consecuencias. No obstante, existen rasgos comunes, lo cual nos da pie para distinguir, entre otras, unas cuantas espiritualidades diversas. No obstante, a veces formamos nuestra espiritualidad tomando unos aspectos de una, otros de otra, etc. Es decir, que la realidad suele ser más complicada que los esquemas que nos hacemos de ella.
A) Espiritualidad de la continuidad.
Es característica, por ejemplo, de las Comunidades Cristianas Populares.
Ven a Jesucristo como a una persona que vivió en Palestina hace 2000 años y al que le ocurrieron una serie de cosas. Lo ven como modelo de alguien comprometido a favor de los pobres.
La Biblia la leen como un libro en el que se narra la historia de un pueblo y su experiencia religiosa.
Parten del hombre y de su historia a la hora de reflexionar sobre cómo es Dios. La fe y lo humano están muy unidos, así como la historia humana y la salvación que nos aporta Dios.
Son muy sensibles ante las injusticias sociales. La fe la viven comprometiéndose en las luchas liberadoras, especialmente en la lucha política. El cristiano tiene que actuar contra las alienaciones y manipulaciones, y debe ser crítico y comprometido en la transformación social.
Se consideran "progresistas" (que no es lo mismo que "progres"): les interesan los avances del mundo moderno, los adelantos científicos, las ideas nuevas.
B) Espiritualidad del acontecimiento.
Es característica, por ejemplo, de los de Renovación Carismática ("carismáticos").
Jesucristo es para ellos, sobre todo, el Resucitado, Aquél en quien creemos por la fe y que está presente entre nosotros por medio de su Espíritu.
Jesús fue alguien que pasó haciendo el bien y gracias a él podemos aclararnos acerca de lo que es la persona humana.
Va de arriba abajo (al revés que los anteriores): entendemos al hombre desde Dios. La fe es un regalo o don de Dios para bien de todos, que nos llega por medio del Espíritu Santo, que actúa cuando y como quiere, y que nos impulsa a alabar a Dios con entusiasmo.
No hay continuidad entre lo humano y lo divino sino un salto.
El cambio de las estructuras no tiene nada que ver con la transformación de las personas, por lo cual no se insiste en él como hacen los anteriores. La fe no tiene nada que ver con la política. Les dejan fríos los análisis de la sociedad, aunque tratan de atender a lo enfermo, lo marginal y lo desatendido.
Son escépticos frente a los avances del mundo moderno.
Insisten en la importancia de la comunidad y del catecumenado como formación para una renovación vital dejándose llevar por el Espíritu de cuya iniciativa lo esperan todo.
C) Espiritualidad del camino.
Principales representantes: Comunidades Neocatecumenales ("kikos", por su fundador el madrileño Kiko Argüello).
Jesús es el siervo que al morir por nosotros hace morir al hombre viejo y al resucitar hace nuevas a las personas. La imagen típica de esto es la del Bautismo (muerte-vida, nuevo nacimiento) porque lo que intentan es vivir a tope la experiencia bautismal con todo lo que ella supone.
Jesús nos hace caer en la cuenta de nuestros males y nos da la posibilidad de llevar una vida nueva. El camino de la fe (curación del hombre pecador y nacimiento del hombre nuevo) requiere un proceso lento, con un método y objetivos claros. La fe está muy ligada al compromiso con Jesucristo y con la comunidad que sigue el camino.
Ni las personas ni las estructuras funcionan a causa del pecado que anida en el corazón humano. Experimentan la fe como una necesidad de transformación o conversión personal. Este cambio lo lleva a cabo el Espíritu de Dios pero hace falta que constantemente lo estemos revisando para no caer en el autoengaño.
D) Espiritualidad del Opus Dei.
Jesús es el Maestro, el Señor, el Hijo de Dios todopoderoso, el que enseña una serie de verdades que hay que saber y dicta una serie de mandamientos que hay que cumplir.
Insisten en la rectitud de intención (dominar el orgullo y la vanagloria), en la presencia de Dios (ofreciéndole los esfuerzos por superar la monotonía y rendir en el trabajo), en la disciplina, laboriosidad, puntualidad, minuciosidad, buen humor.
Se fomenta el no abandonarse profesionalmente, progresar en la carrera. Estos profesionales tratan de influir desde su posición para prestigiar la doctrina "sana" entre parientes, amigos y subordinados.
La oración, sacrificio y apostolado deben hacerse desde el hogar y el puesto de trabajo, o sea, desde la vida de cada día.
Les interesa más revisarse sobre cómo hacen las cosas (ser un buen profesional), sobre sus intenciones, que enjuiciar cristianamente las cosas que tienen que hacer dada su profesión.
Insisten en la interioridad, en el intimismo y no en la justicia o el sentido crítico, lo cual les lleva a actitudes políticas conservadoras y conformistas.
Insisten en la plena obediencia (unidad de mando), en la disponibilidad para el apostolado, en la dirección espiritual, en el cumplimiento de las normas y en la práctica de devociones piadosas (rosario, misa diaria, lectura espiritual, bendiciones, etc.).
NO NOS VALE CUALQUIER TIPO DE ESPIRITUALIDAD
La fe no puede ser un mero asunto privado de cada uno, que me afecta a mí y punto. Y tampoco puede ser algo separado de la vida. Si queremos unir la fe y la vida no nos va a valer cualquier tipo de fe o cualquier tipo de vida.
No nos vale una vida in-transcendente, es decir, no abierta a la transcendencia del Dios que está ahí en medio. Siempre se corre el peligro de enfrascarse tanto en la llamada "realidad" mundana, de "encarnarnos" de tal manera en los problemas, de "enfrascarnos" tan a tope en la transformación de esa realidad, que olvidemos la referencia explícita a Jesús, que olvidemos que no es suficiente cualquier ideología o cualquier motivación altruista si no nos sentimos limitados y sostenidos por el Espíritu del crucificado y resucitado.
Pero tampoco nos vale subir y flotar en las nubes en la ingenua creencia de que allí encontraremos a Dios, salirnos del tiempo agarrándonos a fórmulas válidas sin más para todos los tiempos. O sea, que no nos vale una espiritualidad desencarnada, en el aire, atemporal.
Necesitamos una espiritualidad basada en las Bienaventuranzas. Una espiritualidad que nos ayude a rezar desde la vida y hacia la vida, especialmente desde y hacia la vida de las personas a las que nos dirigimos (jóvenes, niños, ancianos, etc.). Debemos descubrir que no podemos ser cristianos sin tratar íntimamente con Dios, sin centrarnos en la oración. Pero tengamos cuidado de no utilizar la oración como evasión o escapatoria, como mera práctica piadosa de devoción de obligado cumplimiento para una santificación personal tan vez insolidaria, como entretenimiento tras renunciar al compromiso, a mezclarnos con otras personas, o como sustitución de todo un trabajo y misión pastoral.
Y necesitamos unas celebraciones en donde la fe y la vida se encuentren y fertilicen mutuamente. No pueden ser celebraciones descomprometidas, ahistóricas, apartadas de la realidad, con una estética decadente, sin cauce de expresión para jóvenes, adultos o niños.
LA IGLESIA DIOCESANA NOS DA PISTAS
El Sínodo Diocesano de Zaragoza de 1984 a 1986 terminó con unas propuestas que continúan en pleno vigor. A través de ellas se nos descubre un talante, una manera de vivir nuestra fe, una espiritualidad, en definitiva.
Se nos propone vivir la fe no en plan individualista sino en comunidad, unidos a otros por la fuerza del Espíritu en la construcción del Reino, poniendo nuestros carismas al servicio de todos.
Se nos propone vivir evangélicamente, con austeridad, humildad, sencillez, alegría, con actitud de servicio y participativa, atrevidos en el compromiso, prevaleciendo el Evangelio sobre cualquier norma.
Se nos propone dialogar, acoger, no encerrarnos sino coordinarnos. Y también revitalizar el ejercicio de la caridad, fomentar la oración personal y comunitaria.
Se nos propone vivir la Iglesia de forma corresponsable, reconociendo y promoviendo la tarea de todos, compartiendo los bienes.
Se nos propone vivir nuestra fe con talante evangelizador y misionero, optando de forma preferencial por los pobres, comprometiéndonos con la gente de nuestro tiempo en la solución de sus problemas y colaborando con cuantos trabajan para lograr una sociedad más humana y más justa.
Se nos propone, en definitiva, vivir como Iglesia misionera preocupada permanentemente por la evangelización y siguiendo el estilo de vida de Jesús que emana de las bienaventuranzas.
CONVIENE EMPEZAR POR UNIR LA FE Y LA VIDA
Insistimos en ello y en hacer que en nuestra vida sea normal lo siguiente:
Intentar descubrir a Dios allí donde se manifiesta: en mi vida y en la vida de los otros, en especial de las personas a las que me dirijo (jóvenes, adultos, niños, enfermos, parados, etc.).
Intentar "leer" la vida desde la Palabra de Dios: es lo que se conoce como lectura creyente de la realidad. Mirar la vida en profundidad, más allá de su superficie y apariencias, para intentar verla con los ojos de Dios e interpretarla desde sus criterios.
Pero también significa entender la Palabra de Dios desde nuestra vida y situación concreta: la mía y la de la gente entre la que me muevo. Que Dios nos habla a nosotros hoy y en nuestras circunstancias, y que según vivimos (cómo, dónde y con quién) resultará que la Palabra de Dios nos sonará de una manera o de otra muy diferente.
Y significa también descubrir personalmente y ayudar a descubrir a otras personas que Jesús es la fuente y sentido de la vida. Que no es un añadido, una guinda o algo superfluo y fácilmente sustituible, sino lo más grande, lo que realmente puede llenarme, lo que me hace entender lo que pasa en toda su profundidad.
Por otra parte, en unos tiempos en que solemos echar las culpas de todo a otros sin reconocer nuestra propia responsabilidad, es preciso que reconozcamos personal y comunitariamente nuestro pecado y pidamos ayuda al Dios que nos lleva a cambiar y a reparar oportunamente la ofensa u omisión. ¿O es que no somos responsables, por ejemplo, de ninguno de los fallos del mundo?
UNA ESPIRITUALIDAD COHERENTE CON TODO ESTO
Además de la síntesis fe-vida de la que acabamos de hablar, podemos señalar otros aspectos en que insistir:
Presencia en los ambientes.
Los que formamos la parroquia no podemos vivir encerrados en nosotros mismos o en nuestros grupos, sino impulsarnos mutuamente a estar presentes en la realidad de fuera para mezclarnos con otros viviendo sus problemas y aspiraciones.
Pedagogía activa.
En nuestra vida todos tenemos mucho que enseñarnos unos a otros, pero también tenemos mucho que aprender, y no para saber mucho sino para entender mejor lo que pasa y a la gente, para ser más responsables e intentar transformar lo que no nos gusta por ser contrario a los planes de Dios y a la felicidad de las personas.
Corresponsabilidad activa.
No podemos vivir permitiendo que nos den las cosas hechas, sino que debemos ser nosotros los que las hagamos, sintiéndonos corresponsables en el grupo, en la sociedad y en la Iglesia.
Sentido eclesial.
Tenemos que vivir sintiéndonos miembros de esta Iglesia aunque a veces no nos guste demasiado. Participar en su vida y celebraciones, intentando cambiar desde dentro lo que no esté de acuerdo con la Buena Noticia de Jesús.
Coordinación.
No podemos vivir aislados de otros grupos sino relacionados, e intentar coordinarnos (para ello existen las diversas coordinadoras).
Opción por los pobres.
Nuestra preocupación e interés vital debe ir preferentemente dirigido a solidarizarnos con los que peor lo pasan, con los que se encuentran en situaciones difíciles.
EPÍLOGO
Que María, mujer que vivió en plena disponibilidad para con Dios, optando por los pobres y siendo considerada Madre de la Iglesia, nos ayude a ser fieles a Jesucristo y comprometidos en la transformación de la realidad histórica en que nos toca vivir.
Que nos ayude a comprender que Dios es nuestro Padre que está entre la gente y que nos invita a descubrirle allí, y que nos juzgará no por lo que hayamos aprendido en los libros sino por lo que hayamos hecho en la vida con sus hijos más necesitados (= con su Hijo mismo).