ESTUDIO DE EVANGELIO

(Resumen literal de las pistas dadas en el libro de Manuel Iceta

"Hogares en oración", SM. Madrid, 1979)


Meditación, oración y contemplación se realizan en esta actividad que os proponemos. Pero la unión con Dios no es mera actividad individual. Es, fundamentalmente, acción de Iglesia: habitualmente Dios se nos da a través de los otros. Vamos a orar, meditar, contemplar, en Iglesia. Y, al compartir, vamos a crear comunidad.

Hace falta que alguien en el grupo modere la actividad: vaya proponiendo los diferentes pasos, anime a participar y estimule a superar los mecanismos de defensa que sin duda pueden surgir. Es necesario comprender, sobre todo, que el momento de compartir la oración no es el de entrar en discusiones o plantear dudas teóricas. En definitiva, la palabra de Dios no nos llega para ser criticada sino para "criticarnos" a nosotros, interpelarnos y motivarnos para la oración.


MOTIVACIÓN


En todo caso es necesario motivar al grupo, una vez reunido. Con tranquilidad y con seguridad, quien modera tratará de centrarles y de despertar en ellos el interés por lo que se va a hacer. Siempre resulta costoso situarse en actitud de orar, por cuanto que:

- significa prescindir de lo que en este momento me está preocupando,

- significa también un salir de sí mismo y ponerse en una actitud de escucha lo más limpia posible,

- supone un espíritu de búsqueda de los caminos del Señor y un aceptar ser interpelado y "criticado" por la palabra, para enmendar la vida personal.

Puede empezarse diciendo algo así: "Vamos a vivir un tiempo de reposo y de paz en nuestro día. Vamos a olvidarnos de cuanto nos inquieta y dejarlo de lado. Todos sentimos la necesidad de llevar la calma a nuestro espíritu y centrarnos en lo que es esencial: Dios. A su luz cobraremos una nueva esperanza y veremos mejor el sentido de nuestro quehacer diario y de nuestra vida misma."

"Jesús está entre nosotros. Él prometió estar donde hubiera algunos reunidos en su nombre (Mt 18,19-20). Renovemos nuestra fe en Él. Hagámosle un hueco entre nosotros. Pongámonos en su presencia. Él tiene algo que decirnos. Escuchémosle."

"Se trata, en definitiva, de saber qué es lo que Él quiere de nosotros y tratar de agradarle. Tendríamos que renovarnos en la actitud de María: "Hágase en mí según tu palabra", o en aquella otra del profeta: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".

"Jesucristo nos habla: no sólo en su palabra o en los sentimientos e ideas que podamos tener, sino sobre todo a través de cada miembro del grupo. A través de la comunidad descubrimos a Jesucristo, se nos da Jesucristo."

"Debemos 'abrir' nuestro corazón: la palabra de Dios es siempre eficaz en un corazón abierto: nos llama, nos exige, nos fortalece. Debemos ser como la buena tierra que acoge la simiente."

"Vamos a compartir esa llamada y, a partir de ella, vamos a revisarnos y a orar sobre ella. Lo que el Señor nos dice no es sólo para mí; esa palabra no debe morir en mis labios. Como María, debemos hacer partícipes a los otros de las obras de Dios."


LECTURA DEL TEXTO


Una vez motivado el grupo, se les propone el texto sobre el que se va a orar. Se debe procurar llevar el texto policopiado de tal modo que cada cual tenga su propia hoja y todos el mismo texto.

Se les invita en primer lugar a leer pausadamente el texto, privadamente, en silencio. Luego un miembro del grupo lo proclama en voz alta. Esta reiteración de la lectura hará ir tomando una conciencia cada vez mayor de su contenido.


ACLARACIÓN DE DATOS


A veces los textos precisan, para su mejor comprensión, de una aclaración previa de determinados datos culturales, lingüísticos, sociológicos. Así la situación de la mujer, las leyes sobre el adulterio, la situación de los enfermos (ciegos, leprosos), la casta de los fariseos, etc. Necesariamente debe ser breve.

Está claro que no es momento de discutir ni de expresar dudas personales.


ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES QUE RODEAN A JESÚS.


Una vez proclamado el texto, se invita a lo siguiente: "Vamos a reflexionar sobre los personajes que rodean a Jesús, sus palabras y actitudes, tratando de ver cómo se reflejan en nuestras propias palabras o actitudes". Se deja un momento de reflexión para que cada uno vea cualquier cosa que de algún modo le haya impresionado, o simplemente llamado la atención. Se pueden tomar todos los personajes o sólo uno de ellos.


REVESTIRSE DE LOS SENTIMIENTOS DE JESÚS


Se enuncia el paso y se propone un momento de reflexión en silencio sobre las palabras, sentimientos, actitud de Jesús. Luego se pide al grupo que participe lo que más le impresionó. Si parece oportuno, se comenta brevemente cada participación, aplicándola a la vida del grupo o a la vida personal.


CRISTO SE DIRIGE A NOSOTROS


Aquí y ahora Jesús me está hablando y está actuando conmigo. Yo soy el sordo, el ciego, el paralítico al que está curando, el joven rico, etc. Éste es el momento de aplicar el hecho evangélico al hecho personal de vida. ¿En qué ocasiones concretas y actuales se está repitiendo en mí este hecho evangélico y cómo estoy respondiendo? Hay que aducir, a poder ser, hechos concretos de vida.

Se invita a cada uno a ponerse en el lugar del interlocutor de Jesús, escuchar su voz que le dice: "¿Qué quieres que haga por ti?" (como al ciego), ¿de qué higuera tengo que bajar? (como a Zaqueo), ¿qué tengo que vender? (como al joven rico)... Hay casos en que Jesús no se dirige directamente a su interlocutor. Así en el paralítico podemos preguntarnos: ¿Cuál es mi parálisis?, ¿cómo es mi fe comparada con la del paralítico? Es importante formular una sola pregunta y suficientemente clara.


NOSOTROS SOMOS JESÚS


Cada cristiano es un nuevo Jesús, es presencia suya. Sus palabras están ahora en nuestros labios, sus gestos deben ser los nuestros. El mundo que nos rodea es el sordo, ciego, paralítico... Debemos actuar con él como Cristo actuó con sus contemporáneos. Cada participante reflexiona sobre su propio entorno y trata de descubrir las personas que esperan de él una salvación concreta. Por ejemplo: ¿Quién o quiénes están pueden esperar que les preguntes como Jesús ¿qué quieres que haga por ti?.


RECAPITULACIÓN Y PREPARACIÓN DE LA ORACIÓN


Se proponen unos minutos de silencio. Cada participante debe recoger del cúmulo de sentimientos y pensamientos aquél que más fuertemente le impresionó y que sin duda es porque más incide en su propia vida. Cada cual lo participa al grupo, comentando incluso las exigencias que supone para él.

Si el grupo no está acostumbrado a la oración compartida, se le pide a cada uno que trate de construir un esquema de oración a partir de ese sentimiento o idea. ¿Cómo rezarías tú a partir de ahí? Si en el esquema sólo se presentan peticiones (es muy fácil que así sea), se les hace ver que la oración es mucho más. Se les recuerda que deben alabar a Dios, darle gracias, pedirle perdón, suplicar fuerzas, rogar por los demás... Propiamente es un ensayo para la oración que sigue luego.


ORACIÓN


Uno a uno, todos van rezando, siguiendo libremente el esquema antes preparado. Hay que invitarles a hablar directamente al Jesús allí presente: "Te doy gracias, Señor, por...", "Te pido perdón por...", evitando la forma impersonal: "Yo le daría gracias, le pediría perdón..."

Es preciso que mi oración encuentre un eco en el grupo. Y que sobre lo que yo recé, los demás recen. Que se unan a mi súplica, pidan perdón por lo que yo pedí, pidan fuerzas para mí... Este eco se propone en un principio y debe brotar espontáneo tras la oración personal de cada uno. Los silencios que median son muy fecundos y transcurren en un ambiente de serenidad y paz.

Terminado el eco tras mi oración, el siguiente empieza su oración y, tras ella, el grupo sintoniza su eco. Y así se prosigue hasta que todos han orado.

Un recurso más en este momento es sugerir al grupo una oración por cada miembro del mismo. Orar en concreto por cada uno de los demás es un modo de acción de gracias y una oración singular poco frecuente y difícil.


EVALUACIÓN


Conviene evaluar lo hecho una vez terminada la oración. Pueden servir una o todas estas preguntas:

- ¿Qué te ha parecido este rato de oración? ¿Para qué te sirvió? ¿Para qué le sirvió al grupo?

- ¿Cómo te has sentido? ¿Qué sentimientos has vivido?.

- ¿Cómo has visto la participación de todos? ¿Qué dificultades surgieron? ¿Hubo sinceridad, espontaneidad? ¿Se escuchó bien a todos? ¿Alguien acaparó la palabra? ¿Nos perdimos en discusiones que nos alejaron de la oración? ¿Te sentías libre y tranquilo al exponer tus puntos de vista?


ALGUNOS TEXTOS FÁCILES PARA INICIAR UN GRUPO


Lc 18,31-43 (anuncio de la pasión; el ciego).

Lc 19,1-10 (conversión de Zaqueo).

Lc 18,18-30 (el joven rico).

Lc 7,1-10 (cura al siervo del capitán).

Mt 21,28-32 (parábola de los dos hijos).

Lc 5,17-26 (paralítico).

Jn 4,1-27 (samaritana).

Lc 7,36-50 (Simón y la mujer).

Jn 8,1-11 (la adúltera).

Lc 24,13-35 (discípulos de Emaús).