LA EUCARISTÍA
Las personas solemos celebrar los acontecimientos más señalados e importantes de la vida familiar y social con una comida festiva. Esto ha ocurrido siempre, pero a nosotros nos interesa destacar especialmente el precedente más inmediato de la misa cristiana: nos estamos refiriendo a la Pascua judía. El pueblo judío celebraba cada año su liberación de la esclavitud de Egipto en la Cena Pascual. Era una gran fiesta en la que el niño más pequeño de la casa preguntaba al anciano de cada familia el porqué de la celebración, y éste narraba con detalle las hazañas que Dios había hecho para sacarlos de la esclavitud. Entonces todos los participantes, rebosantes de alegría y agradecimiento, alababan a Dios y compartían la cena.
También Jesús quiso, antes de morir, reunirse con sus amigos en una Ultima Cena. El Nuevo Testamento relata cómo sucedió aquella Cena: el ambiente de amor y servicio, de entrega de su vida, las palabras que pronunció, sus gestos, etc., cómo al final les encargó que hicieran aquello en recuerdo suyo. La Iglesia, cumpliendo este mandato, nunca ha dejado de celebrar la Cena del Señor.
Desde los primeros tiempos, los cristianos establecieron como día festivo semanal el primer día de la semana judía, es decir, nuestro actual domingo, palabra que significa "día del Señor". Se usó este nombre porque, según los relatos evangélicos, Jesús, el Señor, resucitó el primer día de la semana. Los primeros cristianos se reunían especialmente los domingos para actualizar la Ultima Cena de Jesús a la que solían llamar la "fracción del pan", recordando el gesto de Jesús resucitado que en sus apariciones se había dado a conocer "al partir el pan". Pero ya desde muy pronto se la llamó también con el nombre de "eucaristía", que significa "acción de gracias".
Los cristianos seguimos reuniéndonos los domingos para celebrar la Eucaristía. Hoy día la Iglesia Católica designa también a esta reunión central o asamblea del culto cristiano con las expresiones "santo sacrificio", "sacrificio eucarístico", "cena del Señor" y "santa misa" (del latín "missa" = despedida).
La Misa (o Eucaristía) consta de dos grandes partes:
1) La Celebración de la Palabra, cuya parte central la constituye la proclamación de la Palabra de Dios a través de las lecturas de la Sagrada Escritura.
2) La Celebración del Sacrificio de Jesús, compuesta por el memorial (recuerdo) de la muerte y resurrección de Jesús y la participación en el banquete eucarístico (comunión).
Pero vayamos por partes y comencemos desde el principio.
CANTO DE ENTRADA
Una vez que estamos ya colocados en nuestros asientos todos los que vamos a participar en la Misa, se entona un canto de entrada invitándonos a participar en él (antes seguramente lo habremos ensayado). ¿Por qué lo hacemos? Por varios motivos: para dar solemnidad a la celebración, por motivos estéticos (así resulta más guapa la celebración), pero sobre todo (y esto es lo más importante) para que los que allí estamos nos sintamos unidos formando una comunidad que entra así en la celebración. El canto debe hacerse con dignidad y con calidad. Una vez terminado el canto, o incluso anterior a él, uno de los asistentes nos dice una "monición de entrada", es decir, nos explica el sentido de lo que vamos a celebrar y nos ayuda con ello a ponernos en situación.
BESO AL ALTAR
El sacerdote, que habrá salido a la vez que se entona el canto anterior, se dirige al altar y llegado a él se inclina y lo besa. Lo hace así porque el altar representa a Jesucristo (él es a la vez sacerdote, víctima y altar). Es una señal de veneración y de adoración.
SEÑAL DE LA CRUZ
La Misa siempre la empezamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: hacemos la señal de la Cruz. Es como el pórtico de la oración. Santiguar equivale a santificar, a consagrar. Hacernos esta señal en nosotros mismos indica nuestra procedencia y pertenencia (pertenecemos a Dios). Con ella intentamos anular nuestro propio egoísmo (nos centramos en Dios). Conscientemente damos un carácter trinitario (Padre-Hijo-Espíritu) a nuestra vida. En nuestra vida cotidiana también hacemos en otros momentos la señal de la Cruz marcando diversas de nuestras obras: por ejemplo al salir de casa, al emprender un viaje, los futbolistas al comenzar un partido de fútbol, etc.
SALUDO A LA ASAMBLEA
El sacerdote puede hacerlo de diversas formas (se las marca el ritual, el libro que tiene delante sobre el altar). El saludo lo realiza el sacerdote ya que es el que preside la celebración porque actúa en nombre de Jesucristo. No obstante, hay que aclarar que celebramos todos: la comunidad y el cura, y no sólo éste (la misa no es "cosa" del cura). Con el saludo queda expresada la idea y realidad de que Dios está con nosotros en la celebración.
PREPARACIÓN PENITENCIAL
Para poder celebrar adecuadamente se nos invita a ponernos en una disposición adecuada, reconociéndonos tal como somos, incluyendo nuestro propio pecado. Desde ahí pedimos perdón y misericordia a Dios, sintiéndonos comunidad. Dios nos quiere perdonar, pero nosotros debemos adoptar una postura activa y dejarnos reconciliar por El. Y agradecidos le aclamamos.
GLORIA
El Gloria (que no siempre se dice, por ejemplo en Cuaresma) es una alabanza a Dios. Es una oración muy densa que recoge las diferentes formas de la oración humana. Es conveniente cantarlo, ya sea toda la asamblea junta o alternando con un cantor.
ORACIÓN/COLECTA
El sacerdote recoge (eso significa "colecta") la oración de todos en una oración única que él mismo se encarga de pronunciar. Primero invita a la oración ("oremos"), luego debe haber un pequeño silencio durante el cual cada uno presenta sus intenciones a Dios, a continuación reza el sacerdote recogiendo lo de todos y lo hace invocando a Dios con un recuerdo agradecido, dice la petición concreta y acaba solicitando la mediación de Jesucristo ("te lo pedimos por Jesucristo...").
AMEN
Esta palabra que repetimos tantas veces significa "así es" o "así sea". También significa "Jesús". Es una clara afirmación de fe: creemos aquello que se nos propone.
LECTURAS
Llegamos ahora a uno de los momentos claves de la celebración: vamos a escuchar la Palabra de Dios, lo que Dios nos va a decir y proponer. Es muy importante no perdérselo. ¡Qué absurdo lo que se decía en tiempos de que la Misa te "valía" si llegabas a ella antes del Ofertorio, aunque te hubieras perdido lo anterior! No se trata, por otra parte, de "cumplir" con una "obligación" sino de participar, de compartir la Palabra, el Sacrificio de Jesús y su misma vida en la comunión.
Los domingos la misa consta de 3 lecturas: la primera está sacada del Antiguo Testamento y se ha escogido en función del Evangelio (trata de un asunto parecido al tema de éste); la segunda lectura presenta las cartas del Nuevo Testamento (de S.Pablo, S.Pedro, etc.) y es semicontinua a lo largo de tres años, o sea que empieza un domingo más o menos donde terminó el anterior; el Evangelio también es semi-continuo. Este último siempre lo lee el sacerdote o un diácono.
Se da un diálogo entre la Palabra de Dios y la comunidad: a la lectura le sigue un salmo (leído por todos o realizado por el que ejerce el ministerio de salmista) o una aclamación. También se suele cantar en ocasiones el "Aleluya" (=alabad a Yahvé) que es una invitación a la alabanza a Dios y que acompaña la procesión del evangeliario (libro que contiene los Evangelios) cuando ésta se realiza.
Las lecturas se proclaman desde el "ambón", que es el lugar de la Palabra de Dios, a diferencia del atril que es desde donde se deben hacer las moniciones (palabra humana).
Digamos, finalmente, que la proclamación de la Palabra de Dios es tan importante que se habla de dos sacramentos: el sacramento del pan y el de la palabra.
HOMILÍA
La homilía (lo que antes se llamaba "sermón") es la traducción y explicación de la Palabra de Dios. Tiene que estar conectada con la vida de la gente. Su función es, por tanto, la de explicar las lecturas, actualizarlas para los asistentes a la Misa, transmitir lo que Dios nos quiere comunicar (anuncio-profecía), enseñar (catequesis), explicar los signos de la misa, ayudar a descifrar el proyecto de Dios sobre nosotros hoy y aquí, dar testimonio, exhortar y estimular a cumplir todo lo anterior. Mucha tela, como véis. Pero eso no quiere decir que deba ser larga y aburrida, sino más bien corta y con ideas claras. Por otra parte, no es preciso que se diga toda de una vez, sino que puede repartirse a lo largo de diferentes momentos de la misa.
LA PROFESIÓN DE FE
La mayoría de las misas no tienen profesión de fe (Credo). La mejor confesión de fe es la celebración misma de la Misa. Con la profesión de fe manifestamos nuestro estar de acuerdo con la Palabra de Dios escuchada y recordamos aquello en lo que creemos.
LA PLEGARIA UNIVERSAL
La plegaria universal (las "peticiones") es el momento en que sintiéndonos Iglesia y representando a toda la Iglesia nos hacemos cargo de las necesidades de toda la gente. Por eso no pedimos únicamente por los que estamos en Misa. Es importante tener en cuenta en estas peticiones lo que nos acaba de comunicar la Palabra de Dios que hemos escuchado.
La liturgia eucarística sigue el ritmo de la celebración de la Ultima Cena: presentación del pan y el vino (ofertorio), la oración de acción de gracias (plegaria eucarística) y la comunión.
LA PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS
En esta parte (a la que hemos solido llamar ofertorio) no se ofrece nada sino que se presentan las ofrendas. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los asistentes para que quede más claro el sacerdocio común (somos un pueblo de sacerdotes). Sería bueno que el pan tuviera la forma clara de pan para que el signo fuera más evidente. Pero no sólo se presentan pan y vino sino que también puede hacerse lo mismo con el dinero que se ha recogido, las intenciones de cada uno de los presentes, etc.
Al vino se le suelen echar unas gotas de agua, lo cual quiere recordar nuestra participación humana en la divinidad de Jesucristo. También se puede realizar el rito del "lavabo", que servía para lavarse las manos el sacerdote cuando se las había manchado al ir recibiendo las distintas ofrendas.
Todo este rito constituye un momento de transición, un tiempo más bien de silencio que puede emplearse en la oración individual preparatoria de la plegaria que va a venir a continuación. Termina con el "orad hermanos", invitando, por tanto, a una oración común para que el sacrificio sea agradable a Dios.
LA PLEGARIA EUCARÍSTICA
También se le llama "anáfora" (ascensión, ofrenda a Dios) y "canon" (regla). Al principio se improvisaba, pero a partir del siglo IV se fijó en fórmulas escritas. Hay actualmente 4 plegarias eucarísticas fundamentales. Viene precedida por el "prefacio", al cual antecede un diálogo que atestigua la unidad de los asistentes ("El Señor esté con vosotros... Levantemos el corazón... Demos gracias al Señor nuestro Dios...") que es una acción de gracias que se proclama ante la comunidad por la obra salvadora de Dios o por alguno de sus aspectos, seguido a continuación por el "Santo" que es una aclamación en la que se pronuncia el "hosanna" (= da la salvación).
Gran importancia tiene acto seguido lo que se conoce con el nombre de "epiclesis". Se trata de una invocación al Espíritu Santo y de una alabanza a la Trinidad que se realiza tanto sobre las ofrendas (imponiendo las manos sobre ellas) como sobre la comunidad. La acción del Espíritu Santo es lo primario y decisivo, se derrama sobre nosotros y sobre las ofrendas, siendo El quien las transforma y no el sacerdote.
Al momento en que se relata directamente lo acontecido en la Ultima Cena cuando Jesús tomó el pan y el vino se le ha venido llamando momento de la "consagración". Sin embargo no hay un momento mágico en que se produzca la transformación del pan y vino en el Cuerpo y Sangre de Jesús: es el conjunto de la Plegaria Eucarística el que consagra. Es interesante, por otra parte, que la comunidad pueda participar en la Plegaria, por ejemplo mediante sus aclamaciones.
El relato de la "consagración" nos ha llegado a través de 4 formas (Pablo, Mateo, Marcos y Lucas), pero ninguna plegaria eucarística es una copia literal del texto de la Escritura. A inicios del siglo III se instauró la práctica de elevar la hostia después de la consagración, y a finales del siglo XIII el cáliz.
La Misa es también un recuerdo compartido. Jesús pidió en la Cena: "Haced esto en memoria mía" y por ello la Misa es un recuerdo agradecido de su Muerte y Resurrección. Hacemos memoria celebrando festivamente. Este recuerdo nos hace sentir que somos hijos de Dios salvados por Jesús y nos da fuerzas para actuar. No es un recuerdo nostálgico sino que nos impulsa hacia el futuro, hacia la segunda y definitiva venida de Jesucristo.
Es un recuerdo del Sacrificio de Jesús. La Misa, decimos, es un sacrificio: reconocimiento de la entrega de Jesús, aceptación del Plan de Dios. Si nosotros participamos en él tenemos que "sacrificar" nuestro egoísmo, sacrificarnos por el prójimo, renunciar a cosas superfluas y consagrarnos (= sacrificarnos) a Dios cuya señal nos ha marcado. Gracias al Sacrificio de Jesús podemos ser también nosotros transformados: la comunidad se va transformando en comunidad de hermanos al celebrar la Eucaristía. Pero, atención: una comunidad es "eucarística" no porque diga que celebra la Eucaristía, sino porque la vive.
Tras el recuerdo de la muerte y resurrección de Jesús viene propiamente lo que es la ofrenda: "Te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación". Y siguen a continuación una serie de oraciones de intercesión (por la Iglesia, por los difuntos, por todos nosotros) y la Plegaria concluye con una alabanza a Dios ("doxología"): "Por Cristo, con El y en El..." Nuestro "amén" final ratifica de hecho el conjunto de la Plegaria.
RITOS Y ORACIONES DE COMUNIÓN
Nos preparamos para la comunión empezando por el Padrenuestro que es la oración de los hijos a su Padre. Consta de 7 peticiones: celestiales (las tres primeras) y terrestres (las cuatro restantes). La oración siguiente, Embolismo, desarrolla la última petición del Padrenuestro ("líbranos, Señor, de todos los males") que concluye con la alabanza "Tuyo es el Reino...". El rito de la Paz que viene a continuación simboliza la comunión en la paz y el amor mutuo. Es un rito que puede intercalarse en otros momentos de la Misa.
El rito de la Fracción del pan renueva el gesto de Cristo en la Ultima Cena. Antes incluso se llamaba así, "fracción del pan", a toda la Misa. Duraba un buen rato partir todos los panes, y se trataba de partir y repartir. Una parte de la hostia se mezcla en el cáliz, y se suele explicar diciendo que servía para reblandecer la comunión que se llevaba a los moribundos, para unir lo separado por la muerte (símbolo de Resurrección), etc. Durante la fracción del pan se canta el Agnus Dei, aunque ahora es tan corta que el canto desborda el tiempo necesario.
La Comunión en la mano fue la que se realizaba hasta el siglo IX y que ha sido rescatada tras el Concilio Vaticano II. Recibir la comunión de rodillas fue imponiéndose progresivamente también desde el siglo XI y el comulgatorio data del siglo XVII. Comulgar del cáliz fue la regla general hasta el siglo XII. Hasta el siglo IV la comunión de los fieles era no solamente la regla en cada Misa sino que incluso éstos se llevaban la eucaristía a sus casas para ir comulgando aunque no hubiera misa (pues ésta se limitaba generalmente al domingo). A partir del siglo IV se nota un rápido declive de la frecuencia de la comunión para destacar lo impresionante del misterio frente a algunas herejías. En los últimos años va siendo normal comulgar en misa, y es que en realidad hemos de pensar que comer es parte sustancial de un banquete, siendo expresión del compartir y del participar. No es bueno cansar, por otra parte, a los asistentes con cantos de comunión: conviene también dejar silencio para la acción de gracias individual.
Tras la Ultima oración, el sacerdote imparte la Bendición final: antes de enviar a los asistentes a la realidad de la vida cotidiana a anunciar a todos la resurrección de Jesucristo, el sacerdote alza la mano sobre ellos, los marca con la señal de la Cruz e invoca sobre ellos la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La bendición tiene forma de cruz para indicar que el servicio y el sufrimiento son fuente de fecundidad, de esa fecundidad que procede de Dios porque están bendecidos por El.
De todas las anteriores explicaciones conviene que nos queden claros una serie de aspectos que constituyen parte fundamental de la Misa y que nosotros debemos intentar ir viviendo en ella. La Misa es, entre otras cosas:
- Una Celebración: algo festivo.
- Un Recuerdo de la Muerte y Resurrección de Jesús.
- Un Sacrificio de entrega y salvación.
- Un Banquete en el que compartimos al mismo Jesús y que nos impulsa a compartir todo lo que tenemos.
- Una Alabanza a Dios y una Acción de Gracias por todos sus beneficios.
- Una Oración común que incluye oraciones individuales unidas a ésta.
- Una acción de Unidad y Reconciliación potenciada por la misericordia de Dios.
- Una Escucha de la Palabra de Dios dirigida a nosotros para que la pongamos en práctica.
- Un Envío al mundo.
- Un Compromiso de Anuncio a otros de salvación y de Transformación del mundo en la línea del Reino de Dios y en solidaridad con los pobres.
PARROQUIA MADRE DE DIOS DE BEGOÑA
Equipo de Liturgia
Zaragoza, octubre de 1993