¿QUÉ HACER PASTORALMENTE HABLANDO? (2)
EVALUACIONES Y PISTAS SOBRE LAS MISAS QUE CELEBRAMOS
Las misas de los domingos son los momentos en que más personal se reúne en nuestra parroquia, como en todas. Es el contacto sociológica y numéricamente más importante. Son puntos de referencia para los parroquianos siguiendo costumbres de asistencia a celebraciones que se prolongan durante siglos y siglos. Para muchos son el único contacto con la parroquia; para todos la ocasión semanal de escuchar y de reflexionar sobre la palabra de Dios, de entrar en comunión con Jesucristo, de sentirse interpelados; para muchos constituye su momento de oración más importante. Son ocasión para visualizar la parroquia, su demografía, su vitalidad, el reparto de funciones.
Paradójicamente no siempre son auténticas celebraciones de la cena del Señor. Curiosamente, a pesar de su nombre (“celebración”) no siempre constituyen una verdadera fiesta en donde bulle la alegría y se esponjan los espíritus. Tristemente, los jóvenes la han abandonado, aduciendo, especialmente, el aburrimiento que experimentan ante algo que no responde a su sensibilidad, que no entienden ni les aporta nada de cara a afrontar sus propios problemas y necesidades.
En nuestra parroquia de Begoña intentamos vivir lo mejor posible estas eucaristías. Actualmente hemos reducido su número a tan sólo dos los domingos (a las diez y a las doce), uniendo la misa de once (la misa de niños) a la de las doce y convirtiendo ésta en una celebración para todas las edades, haciendo que los chavales se sientan protagonistas y que intervengan sin complejos, a pesar de que constituyen una exigua minoría frente a la gran mayoría de personas adultas.
Respetando el esquema tradicional de la celebración eucarística, hemos introducido algunas “novedades” o variantes, si queremos llamarlas así. Empezamos por primar los cantos, gracias a algunos guitarristas, padres o solteros, y los proyectamos en la pared mediante un proyector que descubrimos marginado en uno de nuestros locales. Procuramos que los cantos sean alegres, que toquemos palmas, que incluso nos movamos siguiendo el ritmo, empezando por el mismo celebrante. Los propone como sugerencias el Grupo de Liturgia pero los que dirigen el canto pueden modificar la propuesta. No disponemos de una gran variedad de canciones ni nos hemos puesto muy al día, pero procuramos que el personal se enganche y que no sea sólo un grupito el que lleve la voz cantante, y nunca mejor dicho.
El comienzo de la misa se procura que sea muy directo, recordando momentos vividos durante la semana, felicitando a los que celebren su santo o cumpleaños, saludando a nuevas personas que se hayan incorporado o reincorporado y destacando el domingo en que estamos y la fiesta especial en caso de que sea así. Y todo ello normalmente en diálogo directo con los asistentes.
El “Señor, ten piedad” lo personalizamos cada domingo y pedimos perdón por situaciones concretas que nos van a destacar las lecturas de la misa. Esta parte la ha preparado el Grupo de Liturgia una semana antes y la lee una persona de las que asisten a la que los de este Grupo se lo hayan encomendado. Ya sabemos que el sentido de esta parte es más de alabanza que de perdón, pero no creemos que sea una barbaridad hacerlo a nuestro estilo y sintetiza bastante el mensaje que luego nos van a aportar las lecturas.
Mientras en la misa de diez, en la que la media de edad es más elevada, se leen las tres lecturas tal cual, en la misa de doce procuramos “traducirlas” para que todo el mundo pueda entenderlas, especialmente los chavales. Somos de la opinión de que lo que no se entiende, por más sublime que sea, no produce ningún efecto. Nuestra “traducción”, con todo, procura ser lo más fiel posible al texto, actualizando determinadas palabras poco comprensibles, sobre todo para los chavales. Normalmente en la misa de doce se lee una lectura (la más expresiva de las dos primeras) y el Evangelio.
La homilía procura concentrarse en lo esencial del mensaje del día, utilizar palabras claras e inteligibles, y no durar más de ocho o diez minutos. En la misa de doce la homilía es dialogada. El cura baja del altar y se pone a comentar los textos hablando con los asistentes y moviéndose entre ellos. Es fundamental, para ello, saber elegir preguntas claras y acertadas y sobre ellas organizar el coloquio. Procuramos que los primeros que intervengan sean los chavales, pero hacemos que el resto participe también, incluso cuando escenificamos alguna situación reflejada en lo que acabamos de oir. Se hace un esfuerzo especial para superar una interpretación de los textos al pie de la letra y para entender los símbolos que hayan aparecido por medio (lenguas de fuego, viento, manzana, etc.).
El Credo lo rezamos de diversas formas: unas veces seguimos el texto oficial mientras que en otras el cura pregunta a los asistentes de forma semejante a como se hace la profesión de fe en los bautizos y teniendo en cuenta el “tema” o temas de las lecturas. Las peticiones son siempre espontáneas y hechas desde el sitio sin moverse. Durante un tiempo introdujimos una novedad importada de Estados Unidos: colocábamos una hoja grande a la entrada y quien quería escribía en ella alguna petición que no se “atrevía” a hacerla en público delante de todos; pero acabamos por olvidarnos de esta idea, ya que algunas peticiones que se escribían resultaban infumables.
No hacemos nada especial durante el ofertorio, como no sea el canto y que las bolsas para recoger la colecta son llevadas tanto por adultos como por chavales. El prefacio muchas veces es modificado para rezar otro, espontáneamente por el cura, que refleje la acción de gracias a Dios por lo que acabamos de reflexionar y descubrir en la homilía compartida. Seguimos alguna de las plegarias oficiales, aunque podemos introducir alguna modificación literal, pero nunca de estructura.
El Padrenuestro y la paz constituyen dos momentos “estelares”. El primero lo cantamos cogidos de la mano y moviéndonos al ritmo de la música, subiendo y bajando los brazos todos los asistentes: los chavales suben al altar y se enlazan con el cura y con otros adultos. A continuación nos damos la paz en un ambiente alegre y bullicioso (no montamos ningún “circo”).
Tras la comunión, repartida por el cura y por seglares (ministros de la eucaristía, aunque en ocasiones especiales ofrecemos la posibilidad de subir al altar y comulgar también con el vino, especialmente si hay algún celíaco que nos lo ha pedido), vienen las comunicaciones de algún grupo (sobre todo de Cáritas) y los avisos. A continuación rezamos todos juntos la oración final que se encuentra en la hoja que repartimos cada domingo. Terminamos la celebración con un canto divertido y deseando a todos un buen día siguiendo las propuestas que Dios nos ha hecho durante la celebración.
La
hoja de los domingos la preparamos desde el grupo de Liturgia y consta de las
siguientes partes: 1) citas de los textos del día, 2) comentario a propósito de
las mismas, 3) tema de la semana (emparentado con el mensaje de los textos), 4)
escrito sencillo de formación con temas que se prolongan semana tras semana (un
resumen de la fe cristiana, un resumen de la historia de
Hemos
mencionado al llamado “Grupo de Liturgia”. Se reúne todos los viernes a las
ocho de la tarde y prepara la misa no de ese domingo sino del siguiente. Se
ponen en común las reflexiones de sus componentes acerca de los textos de
¿Estamos contentos con lo que hacemos? Indudablemente hemos conseguido un tono festivo, alegre y participativo, a la vez que profundo y religioso. Hemos conseguido la incorporación de nuevas personas, sobre todo inmigrantes, que se sienten a gusto y así nos lo declaran. Estamos haciendo un esfuerzo de clarificación y profundización de nuestra fe desde parámetros más actuales.
Con todo, la media de edad sigue siendo muy alta y la presencia de jóvenes, al menos “indígenas”, es mínima. Sigue habiendo personas que van simplemente a “oir misa”, aunque también se encuentran a gusto con los nuevos aires. Llevamos toda una campaña para conseguir que el personal sea puntual, pero apenas conseguimos resultados en este punto. Hay quien se coge la hoja dominical y se pasa toda la misa leyéndola una y otra vez, pasando del resto de lo que ocurre. Hay quienes no acaban de aceptar el recibir la comunión de manos de una persona seglar y dan un rodeo hasta acercarse al cura para recibir la comunión “como Dios manda”. Sigue habiendo personas que en algún momento continúan preguntando si les vale la misa por la razón que sea. Y seguramente ha habido quien no se ha encontrado a gusto desde su óptica más tradicional y ha abandonado la celebración.
¿Hemos conseguido integrar la fe y la vida? Lo intentamos, al menos. En un momento tratamos de destacar al comienzo de la misa noticias aparecidas en los medios de comunicación relacionadas con el barrio, pero no siempre aparecen o tienen relevancia, por lo cual preferimos preguntar si ha ocurrido algo destacable. Procuramos “enviar” al final de la misa a los asistentes para que continúen la eucaristía en sus lugares de ambiente, pero eso queda ya a merced de cada uno.
Pepe Nerín
1.6.2009