UN EX-TRANSEÚNTE Y EX-RESIDENTE EN LA GRANJA

Cuando estuve charlando contigo el otro día y me animaste a que contase algo respecto a mi paso por Torre Virreina, te dije que no, que no sabría expresar mis sentimientos. Tampoco quería herir a nadie ya que mi forma de ser no es tan fácil de entender por los demás. Me convenciste, te dije que sí y creo que me arrepiento un poco. Es que cuanto más lo pienso no voy a poner nada nuevo sobre lo que ocurre ahí o lo que yo haya hecho que los demás no lo hayan hecho. Bueno, si al final este papel acaba en la basura tampoco habré perdido mucho y sí habré ganado algo ya que durante este tiempo estoy con las personas que de una forma u otra aprecio o tengo cariño.

Estoy trabajando. Metiendo horas todos los días llego a cobrar un sueldo decente. Un sueldo que me permite tener una independencia en mi vida. Apreciar ese sueldo es una de las cosas que allí aprendí.

Llegué a Torre Virreina habiendo manejado mucho dinero y debiendo bastante. Un dinero que me entraba por una mano y me salía por la otra. La vida nocturna con sus aditivos (coca, porros...) era mi vida. Una vida en la cual hablar de 100.000 pts. era una tontería y pensar que había que trabajar un mes para ganar esa tontería era de risa. Mi vida de pareja, familiar, de amistades y personal llegó a un punto insoportable. Las consecuencias las sabía y la manera de salir de ellas también.

De la situación anterior a la actual han pasado unos pocos meses. Unos meses en Torre Virreina. ¿Qué me aportó la granja? Primero tranquilidad para poder pensar sin agobios. Una vida ordenada y más o menos sana. Bien alimentado, dormido y con unos medios a mi alcance para hacer frente a mi situación personal, deudas pasadas, reorientación de mi vida laboral, poner un poco mi vida pasada en la actual situación, afrontar los problemas de una manera realista. Hoy tengo deudas, pero están pactadas. Tengo amigos, pero en otro ambiente. Y veo la vida desde otro prisma, que, en definitiva, es lo más importante.

En la Granja lo pasé mal. Parece una contradicción pero ahí parecía que ne faltaba todo, incluso espacio para respirar. Convivencia forzada con personas con las que no me sentía identificado. Agobios por parte de educadores. Sentirme vigilado hasta en el más mínimo gesto. Pocas personas con las cuales desahogarme, y con las que lo hacía era con reparos, con miedo a que lo contasen. La disponibilidad económica era cero (bueno, tabaco y dos cafés a la semana). El salir a Movera, a Zaragoza o a cualquier otro sitio, se te hacía bastante difícil al estar sin un duro. Sentir que no tienes derecho a reclamar nada ya que la contestación era "tú has venido voluntariamente, nadie te obliga, las puertas están abiertas". Hubo muchísimos momentos que no encontraba ni aire para respirar. He visto injusticias con algunos y, si te enfrentabas a ellas, no salías bien parado. Enfín, un montón de historias que te hacen sentir mal, sintiéndome incomprendido casi siempre.

Con lo que estoy diciendo no quiero culpar a nadie sino simplemente decir cómo me sentía. Podía haber aguantado un mes más ahí y me hubiese venido bien para pagar alguna deuda que tengo pendiente, pero necesitaba marcharme porque no podía más.

Cuando cuento las cosas así parece que soy un desagradecido, que me han martirizado, etc., pero no es así. Tengo mucho que agradecer. Si no hubiese sido por este "parón" en mi vida no sé en qué situación me encontraría ahora, pe-ro me la imagino. Hice un cursillo con el cual he conseguido el trabajo actual. He criticado mucho el cursillo pero, sin embargo, sin él no tendría este trabajo. Hice amistad con algunos de los residentes -no muchos-, pero sí que he llegado a tenerles cariño. Aprendí a valorar el dinero, un dinero que me permite pagarme mis necesidades (vivienda, comida, ropa, teléfono, medicación, tabaco, café) y, ¿por qué no?, el salir un día a la semana de fiesta. He conocido otro tipo de gente -incluída media novia- y me siento relativamente bien. Problemas tengo como todo el mundo. El salir no significa felicidad, eso hay que buscarlo. Pero el haber pasado carencias de muchos tipos me ha llevado a valorar cosas a las que antes no les daba importancia. Lo más importante de mi salida ha sido el sentirme igual que los demás, el no depender de nadie para mis necesidades físicas, el poder hablar de tú a tú con cualquiera.

Pero hablo mucho de mi salida y poco de mi estancia. La verdad es que cuando haces borrón y cuenta nueva no tienes ganas de hurgar en una herida pasada.

La Granja me ha servido, me ha servido mucho y para todo. La verdad es que, por mucho que haya dicho antes de que me sentía agobiado, etc., he sacado mucho de positivo, tanto que si hoy me siento muy bien es porque ahí se me han dado los medios necesarios para lograr lo que hoy tengo. Desde luego poco es, pero muy importante para recomenzar mi vida y con esa ilusión estoy ahora.

A los que seguís ahí os diría que tengáis paciencia, que aprovechéis lo que os pueda servir para un futuro y que no hagáis mala leche. Si sabéis aguantar el tiempo, pronto os sentiréis bien. Marcaos objetivos y seguid hasta conseguirlos. Por otro lado, si podéis llegar a tener algún amigo de verdad eso es algo que lo agradeceréis después.

Por mi parte nada más. Agradecer al director, educadores, Berta y voluntarios por lo que han hecho por mí. Y a todos vosotros un saludo con los mejores deseos para todos. A mis amigos, un abrazo.