FUE EN VIERNES DE DOLOR

Y ATARDECÍA


Aquella tarde, hace muy pocos días, fuimos convocados por el director de la cosa a una reunión de voluntarios para presentarnos al nuevo responsable del Programa. Cuando entré en la sala, procedente de un potente sol exterior que apuntaba al verano, me vi situado en medio de un círculo de personas mientras mis ojos pugnaban por acostumbrarse a la penumbra de una habitación a media luz. Antes de lograrlo del todo, ya me habían presentado al nuevo responsable, el cual, lánguida y perezosamente me alargó su mano juvenil mientras su boca mascaba chiclé con destreza de experto. Y, una vez todos dentro, comenzó el asunto.

El director pretendió informarnos de un futuro que ya llevaba meses pergeñándose en despachos bien alejados de nuestra realidad. Nos largó su verbo repleto de palabras conocidas, salpicado de tópicos al uso, envolviendo en papel de celofán una realidad que se abría paso: la "retirada", pero evitando que parezca tal pues es de perdedores tal desgracia. Se deja, pero no. O, tal vez, se abandona para que otros se hagan cargo, pero parece una exigencia a esos mismos, no dejadez de nuestra parte. Nos quedamos sin centro que acoja a marginados (para "dar vales", como decía en su ignorancia) para que se encargue de él el Ayuntamiento, lo cual nos lo vendió nuestro prócer como exigencia de la futura Expo, deus-ex-machina (solución para todo) del nuevo teatro. Renunciamos a animar la Coordinadora para que esta tarea la hagan otros, que ya está bien de hacerlo nosotros durante tantos y fructíferos años; pero les exigimos que hagan un reglamento para funcionar como Dios manda, en plan derecho y no torcido, que ya va siendo hora, que hay que estar en todo, hombre, que no sé cómo han podido funcionar hasta ahora. Hasta se nos informa que la Caja de Ahorros, la propietaria de nuestro centro cuya gestión pertenece a la cosa, quiere que renunciemos a seguir siendo lo que somos para hacer otro algo-no-se-sabe-bien-qué, y habrá que conversar con ellos a ver qué proponen, que el director está para hablar con quien sea (y para descargar las culpas sobre otro, si se tercia). Me hace renunciar a continuar siendo responsable voluntario del centro; bueno, ni me hace, ya que lo anuncia públicamente sin comunicármelo previamente y ni me da las gracias por mis supuestos esfuerzos.

Nos presenta al nuevo responsable que parece cansado, a tenor de la postura desmayada que ostenta en su asiento, al estilo yanki natural y descuidado, como de pies sobre la mesa. Vale mucho, claro, subraya el director, y es amigo suyo desde hace muchos años (no pueden ser muchos si se observa su rostro más bien joven, aunque dejado). Le pregunto por las líneas que va a impulsar y responde confuso enumerando los centros existentes. Insisto y casi ruborizado sale del apuro diciendo que su línea es el "continuismo". Pero no le entiendo muy bien ya que más tarde afirma que no sabe nada de lo que nos ha pasado antes y que ni le interesa. Es joven y da la impresión de que la historia empieza con él mismo. ¿Qué continuará, por tanto? Enigma.

No hace falta que hable ni se fatigue en su discurso leve. El director está al quite ante cualquier pregunta: lo importante es trabajar y trabajar, que todos somos necesarios pero que la institución es jerárquica, o sea, que quien manda manda, ¡ah!, y que nos leamos la encíclica del Papa, que a ver si nos enteramos de cómo tenemos que ser en nuestra tarea.

Cual es su costumbre y de todo director buen cristiano que se precie, llega un momento en que rellena los vacíos pidiéndonos perdón por si ha herido a alguien. Y lo repite ante nuestras caras de póker propias de quien escucha solicitar perdones sin que a ello acompañe ningún propósito de enmienda en el solicitante. Gesto vacío, por tanto, del jerarca, cual si de amateurs de la cosa nos tratara. Pero se ve que intenta quedar bien y eso le basta. Que al personal hay que dejarle algún margen de decisión y éste, el perdón "light", viene al pelo. Hasta que su número dos, con expresión hosca y desabrida, exclama impetuoso: "¡Que ya vale, Antonio, de pedir perdón!" Desconcierto en el jefe pues le rompe su porte y estrategia espiritual. "¡Que tomamos la decisión a conciencia!", sigue aclarando el del segundo escalón jerárquico, ignorando que hay muchos tipos de conciencias, incluidas las erróneas y hasta las malas, por no citar otras. Pero le parece un argumento de peso, teniendo en cuenta que protesta porque ya han perdido mucho tiempo con nosotros, ellos, los dirigentes de la cosa, algunos de los cuales llevan decenios en el palmito y no se sabe muy bien en virtud de qué méritos ya que sólo frecuentan el consejo de administración y no se mezclan demasiado con los pobres, y que no están para eso sino para dedicarse a cosas más sublimes.

Pero el objetivo de la reunión incluía igualmente la necesidad de formar el Equipo del Programa, es decir, el grupo de personas que, junto con el responsable y la técnico, impulsen el trabajo que previamente nos han marcado nuestros superiores jerárquicos. ¿Quién se apunta?, insistía el director. El nuevo responsable se lamenta de que hay mucha faena y que como casi está él solo pues que no se puede responder a las demandas. Mi compañero de silla, viejo amigo, le espeta que está solo porque no nos ha pedido nuestra colaboración ya que a lo que no llega sí que llegábamos hasta ahora los del anterior equipo, con el que, por cierto, no se ha querido reunir a pesar de que le escribimos invitándole a ello. Tensión, toses, miradas. Otra querida compañera insiste en lo mismo. Más tensión, más toses, más miradas como diciendo ¿qué pasa? Pero nadie se apunta, tan sólo mi colega en una decisión con energía. En algunos hay ganas de acabar cuanto antes e incluso se adivina en rictus perceptibles cierto rechazo a que hayamos cometido la osadía de salirnos del orden establecido planteando problemas cuando lo que hay que hacer es trabajar y lo demás son cuentos o ganas de empreñar.

Y así acabamos. A la salida hay quien me pregunta por el trasfondo del asunto, mientras vamos saliendo al aire libre. Lo explico en dos palabras marchándome ante algunas caras de sorpresa mientras el director se va acercando con miradas y oídos. Pues sí: que nos dijeron que nos fuéramos. ¿Después de tantos años? Sí, y tal vez también por eso, y porque damos un perfil que no parece gustarles.

Hoy es sábado de gloria y le robo unos minutos a este día que apunta hacia horizontes diferentes, llenos de vida y de resurrección. Sobre todo, y ojalá que así sea, para mis amigos transeúntes con quienes he pasado años co-implicados y que no parecen tener vela en este entierro, ni siquiera como los últimos de la fila. ¿Será posible ser útil para ellos en este territorio en el que nos hemos mezclado si al mismo tiempo sientes que para los de arriba eres un lastre del que desean desprenderse? ¿Es posible seguir aportando cuando te sitúan en el vacío, te dan la callada por respuesta y esperan que te aburras y abandones? ¿No es eso de algún modo una muerte que también tiene que ser vencida por la resurrección?

Después de tantos años, prefiero no encerrarme en sentimientos. Prefiero razonar y hacer preguntas aunque al final pretenda apagarlas el silencio:

- ¿Por qué en una organización como la "cosa" los dirigentes no aceptan ni quieren tolerar que haya voluntarios que no se limiten a "trabajar" sin más sino que aporten sus ideas para aclarar esquemas, impulsar proyectos, abrir nuevas vías, para reflexionar, en suma, sobre la problemática de los marginados que nos circundan y propongan ir más allá, incluso de las ideas de quienes en esos momentos estén al frente de la cosa? ¿Hay que echarlos por su atrevimiento a pensar con su propia cabeza y actuar como adultos? ¿Hay que dar un "golpe de mano", como le dijeron al director que diera, a lo que él aceptó encantado para así poder demostrar quién manda aquí? ¿Es que los voluntarios que se desean deben ser personas que ni vean, ni oigan, ni se hagan preguntas, que callen y que se limiten a cumplir las órdenes de los iluminados superiores de turno? ¿Hay que huir de todo tipo de conciencia crítica, que se detiene a discernir las cosas, de una conciencia adulta, en definitiva? ¿No será ésta la causa principal de que tantos voluntarios hayan arrojado la toalla? Y si así actúan con respecto a los voluntarios, ¿qué no pensarán acerca de los marginados a quienes se dirigen los esfuerzos de éstos?

- ¿Por qué en estos tiempos eclesiales invoca el principio "jerárquico" no ya un obispo (en cuyo caso tiene una justificación) sino cualquier seglar designado para un puesto de responsabilidad? ¿Se considera investido de un "poder sagrado", que eso es lo que significa la palabra "jerarquía"? ¿Por qué se insiste en ello en todas las reuniones? Si el asunto fuera obvio, ¿por qué esta insistencia? En realidad da más bien la impresión de que el director es teledirigido por sus subalternos más cercanos, sobre todo por algunos que han acumulado un inmenso poder y resultan intocables e inmunes ante cuantos argumentos en su contra y basados en hechos se han ido presentando a lo largo de estos años. ¿Por qué no hablar más bien de "corresponsabilidad", es decir, de responsabilidad compartida, algo que dignifica a todos, dando por descontado que hay algunos a los que se las ha confiado una responsabilidad mayor? ¿Hay que humillar a los de "abajo" recordándoles constantemente que quien manda es el "jefe"? "No sea así entre vosotros", dicen que dijo Jesús, ¿o no es así?

- ¿Por qué se desmantela un equipo de trabajo si no se tienen ideas alternativas y se llega a reconocer que habrá que continuar haciendo lo mismo que realizaban los anteriores? ¿Priman, entonces, las manías personales, el que alguien te caiga bien o mal, sea o no de tu cuerda? Cualquiera entiende que puede cambiarse a los responsables, sobre todo tratándose de puestos de confianza del director. Pero, ¿es preciso hacerlo a la brava y tener al personal cruzado de brazos esperando prácticamente todo un curso la decisión superior haciendo que de esta forma se vengan abajo cuantas actuaciones se llevaban a cabo por el mencionado equipo? ¿Queremos favorecer a los pobres o los ponemos entre paréntesis en función de nuestros intereses?

- ¿Por qué se nos trata como a menores de edad y desde un paternalismo ignorante se nos insiste en que leamos la encíclica del Papa, y eso se nos dice a alguno como yo, que soy cura y que he publicado en esta página web hace ya meses el correspondiente comentario a la misma?

- ¿Por qué se recurre al tópico de que "lo que hay que hacer es trabajar"? Se puede trabajar en muchas direcciones, se puede trabajar bien o mal, con unas líneas o con otras. Lo que hay que hacer más bien es trabajar con cabeza, con unas líneas bien definidas, con unas responsabilidades claras y coordinadas, formando un equipo de trabajo, etc. Decir simplemente que lo que hay que hacer es trabajar denota un deseo de no hacerse preguntas, de no evaluar lo que se hace, de dedicarse al activismo por el activismo pero sin ideas que hagan coherente el trabajo, además de creativo y útil para el fin al que se destina. E incluso se aproxima a la postura de quien obedece órdenes sin rechistar, algo que suele gustar tanto a determinados estilos de ejercicio del poder.

- ¿Por qué se deja de apoyar a una Coordinadora cuyo funcionamiento ha resultado muy útil desde hace bastantes años? ¿Por qué no se quiere seguir ejerciendo un importante papel de animación en la misma cuando redunda tan claramente en beneficio de los marginados para los que está constituida y se dan unos pasos que han puesto en una crisis muy seria la coordinación existente hasta ahora en el terreno de transeúntes en la ciudad de Zaragoza? ¿Es que preferimos trabajar en solitario porque los nuevos dirigentes tal vez sean incapaces de sentarse de igual a igual en una plataforma (por cierto, menudo papelón el del secretario general de la cosa en una de sus últimas reuniones) que ha mejorado notablemente el trabajo con transeúntes y que ha sido puesta como ejemplo de coordinación local en toda España? ¿Es que se está repitiendo lo mismo que ocurrió al dejar de apoyar a la Plataforma Regional de Transeúntes lo cual condujo a su desaparición?

- ¿Es que los actuales dirigentes de la cosa, algunos de ellos miembros al parecer del Opus Dei, son incapaces de entender el desaguisado que están originando y la tierra quemada que queda tras su paso? No puedo comprender que personas que se te presentan como tan religiosas, tan rezadoras, de misa diaria de seis y media de la mañana en el Pilar y de constantes visitas a la Virgen antes de reunirse con sus dirigidos (tal como te informan en plena exhibición religiosa, lo cual les da un cierto aire de iluminación divina, de recibir directamente las inspiraciones del cielo para justificar sus decisiones), que te sueltan una aburrida y larga "homilía" a cada pregunta que les diriges, tengan una visión tan corta, tan pequeñita, tan a corto plazo, tan insolidaria, en definitiva. Da la impresión de que no respetan nada (y mucho menos a voluntarios que llevamos más de 20 años en el tajo), de que ellos se sienten investidos de una verdad absoluta que nos transmiten en plan paternalista (en el caso del director) o en plan agrio (en el de su segundo). Ellos, cuya legitimidad procede de la cooptación: el anterior director se busca a quién puede sustituirle y así sucesivamente, en una saga desde hace años de médicos y más médicos, que no tiene dificultad en ser aceptada por las más altas instancias de la Diócesis, aunque ni siquiera, al parecer, se lleguen a presentar las ternas reglamentarias, al menos en el último de los casos.

- ¿Es que está todo tan atado que es inevitable que entre unos pocos hagan de la cosa, unos mostrando la cara y otros en la sombra, una organización que acaba por derrumbar tantos esfuerzos de muchos años, como ha sido el caso de la Campaña del Día de los Sin Techo o el cursillo de transeúntes en el S.A.L., amén de lo ya mencionado?

El sol ya se ha puesto y la noche parece repetirse. Pero hoy, repito, es sábado de gloria y ya se prepara el fuego que encenderá el cirio, símbolo del Cristo que resucita. La noche, hoy, va a ser muy distinta y las esperanzas rebrotan con el buen tiempo que el Espíritu quiere suscitarnos.


Pepe Nerín, 15.4.2006