¿HAY ALGUIEN QUE ACOMPAÑE?
Una de las características de este curso que está terminando ha sido la continuidad en la política seguida de “importar” sacerdotes de otros países con el fin de paliar el descenso y la falta de nuevas incorporaciones de curas de esta tierra. Me da la impresión, no obstante, de que estamos ante una política de poco calado, que ficha pero luego no acompaña suficiente a los que vienen, dejándolos para que en su trabajo como curas en esta su nueva Diócesis hagan lo que puedan y como mejor sepan, especialmente cuando se les deja solos en una parroquia rural. Pienso que pueden llegar a sentir que se les ha ido a buscar a su país tan sólo para que rellenaran unos huecos que aquí estaban vacíos, normalmente en el medio rural. Y punto. Supongo que cada uno de ellos habrá intentado lo que haya podido, pero es inevitable que con el tiempo empiecen, si no lo han hecho ya, a hacerse preguntas, a sentirse incómodos si no era esto lo que esperaban, si merece la pena desempeñar aisladamente sus tareas pastorales sin trabajar en equipo con otros colegas.
Yo, desde luego, me lo
preguntaría. Cuando me enviaron a uno de ellos (un tipo estupendo, además de que
también me enviaron a otro cura de aquí) a mi parroquia para colaborar en ella
al menos durante el tiempo de mi operación y convalecencia, lo primero que hice
fue elaborarle un informe sobre nuestro proyecto pastoral, actividades,
contexto, seglares más comprometidos, etc., además de regalarle un plano de
Zaragoza conteniendo información sobre la ciudad y un libro sobre Aragón para
que se fuera situando, pues me temía que, recién llegado de Medellín, no
tendría suficiente información para desenvolverse por aquí. A continuación le
presenté a
Poco más tarde me informaron de
que
Pero la situación de otros curas recién llegados ha podido ser de mayor soledad. Te acogen al principio pero luego te dejan solo. Esta situación tiene que provocarnos necesariamente serios interrogantes:
- ¿Sólo interesa el número, es decir, rellenar huecos, pensando que así hemos solucionado la papeleta de la falta de vocaciones indígenas?
- Siendo como son jóvenes, se les suele enviar al mundo rural en donde escasea la juventud y los sitúan como párrocos en solitario. ¿Es eso lo más lógico, en lugar de colocarlos como vicarios en parroquias urbanas?
- ¿No se les acompaña por dejadez, porque la diócesis ni siquiera se lo ha planteado, o porque no se sabe cómo acompañarlos al faltar ideas pastorales que sugerirles?
- Esta falta de acompañamiento, ¿no se da también respecto a los curas oriundos, a los que también se nos deja a nuestro aire para que hagamos lo que podamos?
- ¿Por qué el obispo o el Vicario de zona, o incluso el arcipreste, no visitan periódicamente a los curas y comunidades parroquiales para interesarse por sus realizaciones, por su problemas, para aportarles ideas pastorales, para analizar con ellos a fondo la situación en la que se encuentran, etc.?
- ¿Es suficiente tener reuniones de curas de arciprestazgo o vicaría una vez al mes si en ellas no hay una suficiente interpelación mutua, un revisar juntos y en profundidad la tarea pastoral, un poner en común nuestros logros, nuestras realizaciones, preocupaciones, etc., en lugar de recibir charlas espirituales, ser bombardeados por campañas de diversas Delegaciones Diocesanas, o recibir catequesis en contra del aborto, etc.?
- Los organismos y personas a quienes compete la máxima responsabilidad pastoral, ¿tienen claro el modelo pastoral a proponer e impulsar?
-¿Se ha intentado conocer, al menos, la realidad pastoral y vital de estos sacerdotes procedentes del exterior a quienes se les “ficha” en sus países para que vengan a trabajar aquí? ¿Se ha intentado organizar foros elementales para contrastarla con nuestra realidad y con la pastoral o pastorales que aquí se llevan a cabo?
-¿Hay un mínimo plan diocesano de mejora de la calidad de la pastoral parroquial, por poner un caso?
-¿Cuáles son los criterios que se siguen a la hora de evaluar el trabajo pastoral de los párrocos y vicarios parroquiales, así como el de los nombramientos para tales cargos?
Así podría seguir haciendo más y
más preguntas. Y esto sin afrontar en este artículo la cuestión clave: ¿se
piensa analizar en serio el problema zaragozano y europeo de la falta de
candidatos al sacerdocio e intentar cambiar “algo” para salir del actual yermo?
No quiero extenderme sobre esto ahora puesto que ya lo he hecho en otros
editoriales. A veces me pregunto cómo es posible que en pleno siglo XXI no
hayamos entrado por las vías de análisis, evaluación, pronósticos,
programación, etc., sin las que cualquier empresa civil, por pequeña que sea,
no podría funcionar. Y que no me digan que si
A todo esto, nos enteramos de que el rector y el vicerrector del Seminario Diocesano han arrojado la toalla y dejan sus puestos. También en estas páginas hemos comentado el “puenteo” constante a que han sido sometidos, las interferencias extrañas e incluso la soledad que también ellos han podido experimentar. Pero es que, además, hay cosas tan sorprendentes en nuestra Diócesis como la existencia del que podríamos señalar como “seminario B” que funciona en una de nuestras parroquias, al que al parecer son enviados aquéllos que no han sido aceptados en nuestro seminario oficial, y que cuenta, según me dicen, con las bendiciones del prelado diocesano. ¿Hay quien entiende esto? ¿Se nos da alguna información oficial al respecto?
Demasiado caos, demasiada confusión, demasiados reinos de taifas, demasiado sálvese quien pueda. Pero todo tiene solución si realmente se quiere solucionar, en lugar de seguir esperando a ver si escampa.
Pepe Nerín
27.6.2010