JENARO, JOSÉ LUIS, JAVIER…
Y tantos otros
cuya vida se mezcló con la mía al paso de los tiempos
hasta ser rodeados de la muerte
que todo lo acorrala
cerrando aquellas puertas entornadas
que abrimos cabalgando la esperanza.
Me ha quitado al amigo
que se sentó conmigo hace unos días
en mi casa de enfermo
compartiendo un buen rato sin premura,
Jenaro, que aún te escucho.
Vino a arrancar mi muerte
y se quedó con ella sin saberlo.
Jenaro de los lunes en Benitas,
José Luis entre infartos y leucemias,
Javier que hizo posible que yo fuera
ciudadano europeo.
Me duele el cruel dolor que os ha aplastado.
Me duele mi impotencia
para echar una mano
y combatir el sino cara a cara
evitando un final anticipado.
Pequeñas me parecen mis dolencias
ante el dolor que duele e indolora
vuestras vidas que han sido
jalones en mis pasos vacilantes.
Sé que estáis en el Ser que plenifica
al que habéis entrado de la mano
del Cristo que explosiona nuestros límites.
Nos seguimos queriendo, compañeros,
juntos, clubenitos,
en labores profundas
para amar esta Iglesia y transformarla.
Dadnos, desde el Padre, la esperanza.
Pepe Nerín
26.8.2009