JÓVENES 2000 Y RELIGIÓN
Juan González Anleo, Pedro González Blasco, Javier Elzo Imaz y Francisco Carmona Fernández.
Fundación Santa María, Madrid 2004
Como dicen sus atores en la Introducción, este estudio "se inscribe plenamente en la serie de Informes que la Fundación Santa María dedica al estudio de los niños, adolescentes y jóvenes españoles, en su contexto familiar, educativo y social". No viene a sustituir a la serie que se presenta cada cinco años y que esperamos que aparezca en el momento en que le toca, es decir, en 2005, sino que trata monográficamente la cuestión religiosa de los jóvenes. Presentamos a continuación un resumen de las más significativas afirmaciones textuales contenidas en este Informe.
Identidad y pertenencia religiosa:
Se constata la escasa importancia de la religión en la vida de tantos jóvenes. La muerte de un ser querido y los episodios de gran malestar personal son los momentos sobresalientes en los que la religión viene en ayuda del joven.
Débil intervención e influencia de la Iglesia en el proceso de búsqueda de sentidos. Notable falta de contacto personal entre los jóvenes y los sacerdotes o religiosos. Ni profesores ni sacerdotes o religiosos son objeto de confidencias por parte de los jóvenes.
Más del 80 % de los jóvenes declaran que uno se puede considerar católico sin frecuentar la Iglesia, con lo cual es muy frecuente el fenómeno de creencia sin pertenencia.
No hay conversiones, al menos entre los jóvenes. El mayor abandono de la religión se produce en el Bachillerato.
Casi total ausencia de testimonios cristianos valiosos con la que los jóvenes se enfrentan hoy en la sociedad española. Manifiestan un marcado escepticismo sobre los valores éticos de las personas que se declaran católicas.
Factores sociales y culturales en la postura religiosa juvenil:
La familia sigue siendo el gran agente de socialización religiosa. Por otra parte, si nos fijamos en las comunidades autónomas, Andalucía figura en primer lugar por la mayor religiosidad de los jóvenes en ella residentes y Cataluña en último.
La importancia de ser o no ser persona religiosa:
Hay una clara relación entre alto nivel de religiosidad y comportamientos de indiscutible densidad ética. Influencia de las convicciones religiosas en los niveles de permisividad: cuanto más religiosos se declaran menos permisivos se manifiestan.
No se puede decir que los jóvenes más religiosos sean fundamentalistas, aunque sí lo contrario: los jóvenes agnósticos y ateos son abrumadoramente relativistas. El reducto del fundamentalismo se encuentra en el grupo de "creyentes en otra religión".
La oferta de la Iglesia Católica:
La Iglesia Católica aparece en último lugar en la lista de los lugares sonde se dicen cosas importantes sobre las ideas e interpretaciones del mundo, y se manifiestan muy críticos al juzgar la adecuación de las respuestas de la Iglesia a los problemas y necesidades del individuo y la sociedad.
Opacidad del mensaje de la Iglesia: a la inmensa mayoría no le llega.
Las creencias:
Motivos para creer: predomina el "me parece que es mejor creer en algo que no creer", seguida por el "soy creyente por convencimiento propio, por fe" y de "es lo que me han enseñado desde pequeño y nunca me he planteado cambiar". Los jóvenes españoles creen, sobre todo, por razones que, en principio, parecen ajenas a una fe interiorizada.
Fragilidad del sistema de creencias religiosas de los jóvenes españoles: se produce el fenómeno de la "Religión a la carta" (cada cual escoge lo que más le apetece de su religión o incluso mezclando elementos de otras religiones). Extrema debilidad de las creencias escatológicas (excepto entre los creyentes en otras religiones, que, p.e., creen firmemente en el infierno). Pérdida del sentido de pecado y de la distinción entre el bien y el mal. Cada vez se someten menos a doctrina de la Iglesia.
Parece que se está imponiendo entre los jóvenes una imagen de un Dios no cristiano, impersonal, panteísta (energía). El Dios próximo, atento a la realidad personal e integral de cada uno, incluyendo las alegrías y sufrimientos, es el Dios de más de un tercio de los jóvenes, significativamente más de las mujeres que de los hombres.
Las prácticas religiosas:
Gran debilitamiento del sacramento de la penitencia, un cierto vigor de la Confirmación y reducción de la asistencia a misa. Descrédito de la misa dominical. El 21 % asisten a misa con cierta regularidad.
La mitad acuden a santuarios, procesiones, romerías, fiestas patronales...
La oración juvenil va perdiendo cierta fuerza y presencia. Se dirigen a Dios sobre todo en petición de ayuda y, mucho menos, en acción de gracias. La mitad no ha olvidado la práctica de la oración, sigue rezando fuera del marco institucional, recita las oraciones que recitaron sus padres y sus abuelos, se reúne con amigos para orar, medita o contempla.
El 80 % nunca leen libros de orientación o contenido religioso.
Otros grupos religiosos:
Dos religiones son mayoritariamente conocidas, el Islam y los Testigos de Jehová, pero su valoración como formas válidas de religión no es muy alta. Los jóvenes españoles se comprometen en muy escasa medida con estos grupos.
La imagen de la Iglesia Católica:
La imagen de la Iglesia Católica que prevalece entre los jóvenes es la de una institución que defiende las tradiciones y los valores, dedicada a ayudar a los pobres y necesitados, buena educadora de niños y adolescentes, y solícita de la vida moral del hombre al que propone normas de conducta. Pocos jóvenes reconocen en ella su condición fundamental de donadora de sentidos existenciales, y muy pocos creen que pronuncie palabras que despierten la conciencia de los políticos.
Las acusaciones contra la Iglesia que más han penetrado en el imaginario juvenil son las referidas a su rigidez e inflexibilidad en la vida sexual, a su inveterada fijación en el pasado y a su excesiva riqueza. Ello ha producido dos serias consecuencias: el alejamiento y la desconfianza.
Cerca de la mitad de los jóvenes se consideran miembros de la Iglesia "y piensan seguir siéndolo", aunque un 60 % concede que "ser miembro de la Iglesia no tiene mucho significado para mí", y un 75 % subscriben la idea de que "incluso sin Iglesia puedo creer en Dios". La Iglesia ha dejado de ser, para la mayoría de los jóvenes, luz y guía para la vida personal, y así el 65 % está a menudo en desacuerdo con lo que dice la Iglesia. Se es fiel a la Iglesia por su defensa de valores y su ayuda a los más necesitados.
La parroquia es valorada positivamente. Los recuerdos menos gratos proceden, mayormente, de la falta de libertad para pensar y actuar. Late una valoración poco halagüeña de sus métodos de socialización religiosa; en cambio el ambiente es valorado positivamente, pero no así el modo de ser de los curas y religiosos.
La socialización religiosa de los jóvenes y el ambiente en que se mueven:
En la mayoría de los jóvenes españoles (sobre todo en los que viven fuera del hogar o con amigos) hay una cierta inquietud por cuestiones vitales. Lo relacional, afectivo, personalizado, intimista, es lo que creen que les ayuda más experiencialmente para vivir, para sentirse llenos. Por tanto, en la escala de valores juveniles encontramos, entre los más destacados aspectos vitales que les ayudan a vivir, componentes cercanos a vivencias religiosas tales como el amor, la amistad y el diálogo. Esto último constituye un sustrato que puede servir para acercar lo religioso, base sobre la que los jóvenes pueden encontrarse con una religión que es también fundamentalmente amor, amistad y diálogo con Dios.
Los amigos de ambos sexos son los grandes confidentes en los asuntos profundos-transcendentes. Los profesores y los sacerdotes casi no se tienen en cuenta. Los padres aún conservan cierta importancia. Queda planteado seriamente el papel socializador en valores de los centros docentes que se denominan católicos.
Los amigos son los consultores más frecuentes, pero a la postre es la familia la más influyente. Aunque profesores y sacerdotes son escasamente consultados sobre temas religiosos, son tan influyentes como los amigos. Los jóvenes parece, pues, que distinguen bastante claramente entre quienes tienen impacto sobre ellos y los que sirven para charlar sobre sus inquietudes religiosas. El testimonio parece que es más eficaz finalmente que la consulta y la charla. Por otra parte, esos datos aportados por los jóvenes nos muestran que, excepto la familia, el resto de esos agentes hasta aquí considerados (amigos, profesores, sacerdotes, pareja) tienen influencia religiosa sobre muy pocos jóvenes. Parece no "estar lejos de esos temas", pero sí "bastante solos" en estos temas.
Los jóvenes españoles actuales no han crecido, no viven en su mayoría en hogares ateos, descreídos o donde lo religioso se haya borrado. Con el paso de los años, aun dentro de su juventud, los chicos y chicas van reconociendo más que en su familia sí hubo clima religioso. Para casi la mitad de los jóvenes la formación práctica de lo religioso está casi ausente de su vida familiar. Son pocos los que apuntan que en su familia se hable de religión, menos los que han acudido en familia a misa, y aún en menor cuantía los que dicen recibir en su casa libros sobre temas de religión. La única celebración básica familiar de cierto carácter religioso es la Navidad, aunque casi la mitad no consideran que esta fiesta tenga carácter religioso en su familia. Ir a misa con la familia es una práctica religiosa que pocos jóvenes acostumbran a realizar. En el ámbito familiar parece que hay muy escasa ilustración religiosa.
Casi un tercio de los jóvenes no ha vivido un ambiente familiar en que estuviera presente lo religioso. No son jóvenes anticlericales, simplemente pasan de lo religioso. Otro sector de jóvenes minoritario (entre un 12-15 %) están siendo seriamente socializados en lo religioso, especialmente protestantes, de sectas cristianas o creyentes de otras religiones, principalmente la islámica. En la mayoría de las familias lo religioso no está ausente, pero no se cultiva, no está vivo realmente, no tiñe el panorama familiar.
Da la impresión de que en bastantes familias se ha llegado a establecer una especie de pacto familiar implícito de no forzar, de no meterse en lo religioso para poder tener paz en el hogar. Puede haber también muchas personas que, aun considerándose creyentes y algo practicantes, sientan un cierto cansancio de lo que la religión representa y ha supuesto para nuestra sociedad en el pasado. Puede ocurrir también que algunas personas no quieran hacer el esfuerzo que exigiría el transmitir activamente lo religioso, es decir, una pereza, una vaguería personal en relación con esta función. Hay, además, algunas parejas, generalmente jóvenes, que consideran que la familia no debe tratar de inculcar valores, ni por supuesto los relacionados con lo religioso. En general, actualmente en sentido práctico casi no se están transmitiendo valores y pautas religiosas en nuestra sociedad.
Porcentajes significativos de jóvenes que recibieron una educación católica han ido a nutrir los sectores de la indiferencia, el agnosticismo, el ateísmo e incluso parecen haber evolucionado hacia otro tipo de creencias. Todo ello nos conduce a cuestionarnos la calidad de la educación católica y a refrendar nuestra hipótesis de que la socialización religiosa, católica, ha sido muy insuficiente en esta sociedad. También hay jóvenes que sin haber recibido una educación católica son hoy católicos, pero en esos casos los porcentajes son muy escasos.
Denominarse católico no coincide en algunos casos con comportamientos y actitudes que realmente puedan considerarse tales. Volvemos a recordar lo afirmado sobrela religión a la carta o a su medida. Por ello se ha producido una complejidad creciente del mapa de identificación religiosa entre los jóvenes españoles. Ahora bien, la incongruencia de decir ser una cosa y vivir prácticamente otra no es privativo de los católicos.
La oración que predomina por su conocimiento en la gran mayoría de los jóvenes es el Padrenuestro y, a bastante diferencia pero aún manteniendo mayoría, el Avemaría. Se está perdiendo el conocimiento de una serie de oraciones que ya la mayoría de los jóvenes no son capaces de recitar de memoria.
La participación en asociaciones religiosas por parte de los jóvenes es escasa, se centra principalmente en un escaso número de asociaciones, casi todas en la línea de grupos claramente definidos en sus opciones religiosas y relativamente recientes en la historia de la Iglesia Católica. Si la pertenencia no es alta, sí parece serlo la frecuencia de participación.
La mayoría de los jóvenes (73 %) piensan bautizar a sus hijos. Sólo cuatro de cada diez jóvenes piensa en ocuparse personalmente de educar religiosamente a sus hijos y sólo uno de cada cinco "procurará llevar a sus hijos a un centro educativo católico".
Los jóvenes no son agresivos con las personas e instituciones religiosas. Ven lo religioso sin ira, desde una cierta indiferencia, considerando la religión como una opción personal respetable en un contexto pluralista donde el individualismo va ganando terreno. Los jóvenes no es que frecuenten mucho la iglesia, pero no dejan tampoco de hacerlo si ello se tercia.
Los jóvenes interpretan testimonios religiosos radicales (misioneros, mártires) como algo que les llama la atención pero que no produce envidia, ni sana emulación a seguirlos prácticamente, ni ello se traduce para muchos en una mayor apreciación de la importancia de Dios.
Tipos religiosos:
Cinco tipos religiosamente hablando: el católico eclesial (20 %), el católico terrenal (25 %), el católico no eclesial (25 %), el incrédulo hedonista (9 %), el no creyente (19 %).
Las vocaciones:
Los estudios franceses muestran que la crisis de vocaciones religiosas no comenzó después del Concilio Vaticano II sino mucho antes. En los últimos 25 años el número de los sacerdotes en el mundo ha disminuido, pero ha aumentado consistentemente el número de seminaristas. Hay una estabilidad del número de seminaristas mayores en España con una ligera tendencia a la baja a partir del cambio de milenio. Andalucía y Madrid dan el mayor porcentaje de seminaristas en España, mientras las cifras más bajas son las de Cataluña y el País Vasco.
Unos jóvenes ven a los sacerdotes y religiosos como más cercanos a los necesitados y otros más próximos a los ricos y poderosos; para unos viven mejor que la media, para otros igual. El 40 % de los jóvenes españoles tiene un buen recuerdo de sus contactos con los sacerdotes, religiosos y religiosas, mientras que para el 60 % es indiferente. Las chicas los valoran mejor, mientras que a medida que avanzamos en edad la imagen del sacerdote, religioso y religiosa se deteriora. Los jóvenes que han estudiado en centros privados religiosos son los que mejor imagen tienen del sacerdote, religioso y religiosa, mientras que los que lo han hecho en un centro público son los que peor imagen tienen de ellos. Los jóvenes que mejor conocen, los que más elementos de juicio tienen para juzgar la vida y el trabajo de los religiosos y religiosas son los que mejor los valoran.
La crisis de las vocaciones religiosas no está relacionada con una imagen desdibujada del religioso, de la religiosa o del sacerdote.
Los jóvenes conceden escasa utilidad social a las personas de vida consagrada. La inmensa mayoría no ha pensado nunca en la eventualidad de una vocación religiosa; pero el 5 % dice que sí, que es algo que se les ha pasado por la cabeza, y el 0'7 % incluso se lo ha planteado con cierta seriedad. Los chicos más que las chicas. Escuela católica y parroquia, y por este orden, son los espacios y ámbitos en los que surge primordialmente la vocación religiosa, al decir de los jóvenes españoles; gran falla de la socialización religiosa en las familias españolas de los últimos 25 años. El centro escolar (religioso) disminuye su papel como lugar vocacional a medida que avanzamos en edad. Cuando aumenta el peso de la parroquia disminuye el de la escuela.
Según los jóvenes, lo que podría fomentar las vocaciones religiosas sería lo siguiente: 1) si se pudieran casar (61 %), 2) si pudieran compaginar su trabajo como cura (religioso/a) con la profesión que están desempeñando o para la que se están preparando (43 %), 3 ) si el compromiso fuera temporal y no para toda la vida.
Cuanto más católicos practicantes se digan, en mayor proporción en mayor proporción también ven al cura dedicando todo su tiempo a la parroquia.
Una revisión histórica de la relación entre jóvenes y religión:
La relación actual de los jóvenes españoles con la Iglesia Católica no es buena. Los autores realizan a lo largo de unas 80 páginas un recorrido por el panorama religioso juvenil español desde 1939 al año 2000. Al final su diagnóstico y pronóstico es bastante sombrío, criticando especialmente las tendencias oficiales que en la práctica, según los autores del Informe, están llevando a la Iglsia Católica española a convertirse en una secta abandonando su universalidad. Cito los párrafos más significativos al respecto:
"Parece que la Iglesia española ha vuelto a la posición social y actitud pastoral que tuvo durante el primer tercio del siglo XX, porque hoy como ayer se fomentan las estructuras pastorales aisladas del mundo, se potencia la religiosidad de las masas a través de cofradías y peregrinaciones, y se establecen alianzas con los grupos que por afinidad social y política pueden defender los intereses eclesiásticos en la vida pública. Pero esta experiencia, que fue la mantenida por la Iglesia española durante la Restauración borbónica, amén de que desembocó en la triste situación de la República y la guerra civil, hoy carece del soporte natural del mundo rural y campesino -que entonces representaba en torno al 80 % de la población-, no conecta con las aspiraciones y valores del hombre que hay que evangelizar y está llevando a la Iglesia española a que, olvidando su vocación de "ecclesia", asuma los rasgos socioestructurales, mentalidad y actitudes propias de las sectas" (p. 314).
"Por desgracia falta en la Iglesia española el aliento innovador en sus propuestas de futuro y está ausente un discurso libre y crítico que sintonice con las diferentes subculturas de la nación; el carácter apologético y defensivo de su discurso, la domesticación de sus miembros y la cooptación de su personal impiden que afloren en la comunidad católica otras visiones del mundo presentes en la sociedad española; y esta carencia, junto a la de un laicado adulto y maduro, hacen cada día más problemático el futuro de la Iglesia en España" (p. 316).