JÓVENES EN LA HORA 21
El otro día, en una reunión de jóvenes de mi parroquia (que comenzó pasadas las nueve de la noche), escuché sus pesares a causa de que cada vez eran menos, que ya no tiene éxito la tradicional convocatoria a adolescentes para meterse en un proceso de Confirmación, que en la parroquia notan igualmente que la afluencia de adultos ha ido también disminuyendo (porque se mueren los mayores y no son reemplazados por nuevas generaciones), que ellos tienen que atender a muchos frentes (los jóvenes, el movimiento de Acción Católica al que pertenecen, la parroquia, etc.) y que no están unidos a los adultos de la parroquia ya que no participan en las actividades que se organizan ni siquiera apenas en las eucaristías.
En la reunión trataron de reflexionar para salir de esa situación. Pero sólo llegaron a tres conclusiones: 1) llevar a cabo algo motivador (aunque no necesariamente montando nuevos chiringuitos), 2) acercarse a los que acaban de ser confirmados, incluso mediante la técnica del "padrinazgo", es decir, encargándose cada uno de contactar con otro de los confirmados, y 3) participar en la misa de la parroquia. Evidentemente, no parece suficiente para remontar la situación en que se encuentra la Pastoral Juvenil en mi parroquia, parecida, supongo, a la de muchas otras parroquias.
Ninguno de estos jóvenes de este grupo, bastante reducido por otra parte, vive físicamente en el territorio de mi parroquia, lo cual constituye otra característica que se ha ido haciendo habitual desde hace años: los jóvenes eligen la parroquia a la que acudir, la cual no coincide muchas veces con la que les "correspondería" por proximidad geográfica. Incluso, como es éste el caso, tienen que hacer largos desplazamientos desde barrios lejanos. Van a donde se sienten acogidos, a donde se encuentran a gusto, aunque tengan que utilizar la bicicleta o el autobús para llegar hasta allí.
Se da la circunstancia de que hace pocos días llegó hasta mis manos un Informe sobre la realidad de la Pastoral Juvenil de la Diócesis de Zaragoza que lleva por título "Nos movemos porque nos mueve". Tras un análisis de los jóvenes insertos en grupos y Movimientos, así como de sus animadores y de los sacerdotes concernidos, el Consiliario del Secretariado de Pastoral Juvenil, Ernesto Brotóns, sacerdote joven, bien preparado y con una cabeza bien amueblada, como suele decirse, ofrece, entre otras cosas, unas "pistas para caminar" que merecen ser reflexionadas eclesialmente. No entro en ellas, pero aprovecho la ocasión para aportar mis "pistas" sobre este asunto, por si pueden ayudar en este terreno pastoral en el que la Iglesia se juega tanto, aunque muchas veces dé la impresión de que asiste resignada e impotente a una situación que parece desbordarla.
Comenzaré por enumerar una serie de obstáculos que habría que superar y aportaré a continuación unos objetivos y un estilo pastoral que me parecen básicos en estos momentos.
Obstáculos a superar:
- La falta de atractivo en que presentamos normalmente a Jesús y su Mensaje.
- La imagen negativa de la Iglesia entre los jóvenes y entre la población en general.
- La falta de unión entre fe y vida, la carencia en muchos casos de una fe que sea relevante en la vida de los jóvenes.
- El envejecimiento de las personas que se mueven por las parroquias.
- El agotamiento de la "cantera" de Confirmación.
- El envejecimiento de la población en general (y más en concreto de la del barrio de Delicias en el que me encuentro).
- La no conexión con los inmigrantes jóvenes.
- La ausencia de horizonte religioso en gran parte de nuestra sociedad en donde crece sin cesar el agnosticismo, el indiferentismo o el ateísmo. Dios no se ve como necesario y la Iglesia mucho menos e incluso contrapoducente. En todo caso, se da una religiosidad "por libre", fuera de los cauces institucionales de las Iglesias.
- El estilo de vida de sociedad opulenta en el que nos hemos embarcado: disponemos de muchos medios, nos envuelve una cultura del entretenimiento, parece profundizarse poco y no hacerse demasiadas preguntas, sobre todo acerca de lo trascendente.
- La carencia en la mayoría de los jóvenes de formación religiosa y de planes interesantes de formación. A pesar de los méritos y esfuerzos de muchos profesores de religión, los resultados no parecen estar a la altura de lo deseable e incluso abundan contratestimonios que han llevado a alumnos a abandonar la clase de religión a causa de la orientación que se le daba.
- La rutina de las reuniones semanales del grupo de jóvenes, en una habitación y aparentemente desconectadas de la realidad juvenil exterior y de un estilo activo y comprometido.
- La ausencia de una válida pastoral "misionera": sabemos estar "dentro" de nuestras estructuras (locales parroquiales), incluso recibir a los que vienen, pero no cómo salir al encuentro sin imitar a los proselitistas (a los que no queremos imitar), ni organizar necesariamente procesiones ni grandes concentraciones.
- La carencia de modelos de espiritualidad juvenil, más allá de la piedad y prácticas religiosas tradicionales.
- La falta de animadores entre 30 y 50 años.
- La poca creatividad pastoral para iniciar caminos nuevos, tanto por parte de muchos animadores como de los mismos jóvenes.
- La estética pasada de moda que domina las "músicas", carteles y otros medios de expresión.
- La carencia de cauces de expresividad juvenil, sobre todo en las celebraciones parroquiales.
- La apatía y pocas ganas de comprometerse de muchos jóvenes.
- Los horarios laborales con los que tienen que apechugar los jóvenes al finalizar sus estudios y entrar en el mercado de trabajo.
- Etc.
Muchos obstáculos. Tal vez demasiados. Y encima nos encuentran con las fuerzas mermadas. ¿Habría que tirar la toalla? Eso es lo que en la práctica hacen o tal vez hagan en el futuro muchos agentes pastorales, especialmente los curas que ya han llegado a edades avanzadas (que son la inmensa mayoría). Los seglares, que también se encuentran en edades tan avanzadas o incluso más que sus propios curas, sufren esta situación y piensan que a este paso "no va a quedar ni Dios" puesto que no hay relevo.
Pero si escribo estas reflexiones no es para desanimar sino para, partiendo de la realidad pura y dura en la que nos encontramos casi todos, intentar remontar el vuelo, no para volver a épocas en las que las parroquias estaban llenas de gente joven y de matrimonios también jóvenes (sin meterme en las causas que originaban esa situación y que no tienen nada que ver con la realidad sociocultural actual), sino para seguir adelante como fermento en la masa, como esos cristianos en "diáspora" en que cada vez más nos encontramos. También los primeros cristianos partieron desde la insignificancia total pero lograron ser "signos" de un estilo de vida distinto y alternativo poniendo en el centro de sus vidas al Jesús muerto y resucitado.
Pistas para ir avanzando:
Me voy a limitar a ser bastante esquemático y a sugerir posibilidades más que a desarrollar todo un plan de Pastoral Juvenil. Por otra parte, asumo las líneas oficiales que se siguen desde el Secretariado Diocesano, líneas en cuya elaboración participé en mis años de Delegado Diocesano. Y remito al Informe citado anteriormente con cuyas orientaciones me identifico.
En principio creo que habría que distinguir entre adolescentes y jóvenes. La recepción de la Confirmación ha significado hasta ahora la línea divisoria más clara entre ambos. Tal vez ahora sean los 20 años los que más o menos marquen el paso de una a otra situación. En todo caso no son iguales los jóvenes de veintitantos años, con un recorrido prolongado en grupos y Movimientos que los chicos y chicas por debajo de esa edad, sobre todo en los más adolescentes.
El gran objetivo a conseguir es ayudar a los jóvenes a vivir a Jesucristo y su Evangelio. A veces puede olvidársenos sumergidos en diversas actividades como estamos. Pero nuestra identidad parte de ahí, se apoya en ello. Toda nuestra labor pedagógica puede ser muy plausible, pero será incompleta si no "damos", como los apóstoles, lo único realmente importante que deberíamos "tener".
Y, dicho esto, que me parece básico e imprescindible, aunque ello exige unos pasos previos que no se pueden obviar, una actitud receptora en el joven sin la cual no puede recibir, si no queremos "quemar" lo más preciado que tenemos, habría que prestar a los jóvenes, metidos ya en grupos y con el recorrido ya comentado, los medios para desarrollar los siguientes aspectos:
- un estilo cristiano de vida: unas vivencias y una espiritualidad;
- un crecimiento como personas cristianas a través de una adecuada formación;
- una vida grupal o comunitaria, tanto entre ellos como con los adultos de su parroquia;
- un compromiso relacionado con el envío que recibió el mismo Jesús ("anunciar el evangelio a los pobres"); de ahí que haya que fomentar en ellos a) la preocupación y compromiso con los jóvenes necesitados, sobre todo del barrio, aunque no exclusivamente y b) la preocupación por la juventud en general, por sus necesidades; todo ello sin excluir su posible compromiso con otro tipo de personas (niños, ancianos) también en situaciones de necesidad.
Con los adolescentes (ya se tratara de un proceso de Confirmación o de otro tipo) habría que realizar una iniciación a todo lo anterior, a los 4 puntos mencionados. Más en concreto, hago mías las palabras de los obispos de Quebec en un documento del año 2000: "Proponer hoy la fe a los jóvenes [a los adolescentes también podríamos decir] no es tanto pretender darles cursos cuanto sugerirles itinerarios de vida, invitarles a dar algunos pasos en el sentido del Evangelio, como quien hace un trecho del camino, como quien descubre poco a poco un país, un territorio nuevo, desconocido. Y todo ello con acompañamiento".
No quiero abordar en este mero artículo otros aspectos de interés, como, por ejemplo, los diferentes "itinerarios", las entradas y salidas, los diversos ritmos, etc. Pero sí quiero, para terminar, apuntar algunas características del estilo a desarrollar con los jóvenes.
Un estilo que no nos vendría mal:
- Se trata de desarrollar una pastoral de "vivencias" más que de reuniones. Lo que no se vive queda en la superficie y no cala ni crece.
- Es preciso diseñar y llevar a cabo proyectos concretos que nos lleven de la teoría a la práctica, de la reflexión a la acción, de la rutina a la ilusión.
- No tenemos que "vender" nada ni montar un chiringuito más en competencia con nadie.
- Nos ofrecemos "gratis", potenciando una actitud de voluntariado generoso.
- No tratar de "pescar" a nadie ya que no hay que pretender el proselitismo.
- Pero tampoco ocultar lo que somos, aunque sin hacernos propaganda.
- No "encerrarnos" en nuestros propios locales ni en nuestros grupos, sino salir al encuentro sin esperar a que vengan a nosotros.
- Acoger, no obstante, a los que se acercan, aunque sin agobiarlos.
- Y tampoco agobiarnos por estar en muchos frentes, acabando en profesionales de reuniones o actividades. Tratar de limitarlos.
- Utilizar medios no tradicionales y que actualmente forman parte de los hábitos juveniles (Internet, móviles, vídeos, páginas web, etc.).
- No utilizar rápidamente a los jóvenes como catequistas o animadores de otros jóvenes o de niños (llevar grupos de Confirmación o de otro tipo). Esta labor requiere una preparación y unas vivencias que tal vez no estén al alcance de la mayoría de ellos y podemos "quemarlos".
- Conectar a los jóvenes con los adultos: participando en sus celebraciones y actividades, asumiendo responsabilidades en las parroquias, haciendo los jóvenes propuestas a la comunidad parroquial, incluso colaborando económicamente como hacen los adultos.
Y no continúo porque no era mi intención extenderme demasiado. Pero sí quiero terminar compartiendo con vosotros una de mis íntimas convicciones: Jesús y su Evangelio son fundamentalmente para gente joven, porque el camino que nos propone es exigente y no para personas que con el paso del tiempo se hayan ido acomodando. También hay jóvenes a los que les parece demasiado, como al joven rico que vivía muy bien, preso de sus muchos medios, como tantos jóvenes de hoy. Pero si renunciamos a ofrecerlo a los jóvenes nos estamos condenando a la esterilidad.
¡Que nos dejemos ayudar por Dios en esta apasionante tarea llena de dificultades en el momento actual, social y eclesial, que nos ha tocado vivir!
Pepe Nerín
21.1.2007