Xavier Pikaza, Religión Digital, 13.01.11
La discusión comenzó el mismo día del entierro (4-5 abril
2005), cuando aparecieron en
(a) Porque su figura sigue marcando una escisión en
(b) Porque la forma de ratificar su santidad con un
presunto milagro, que los cardenales de la comisión de canonizaciones ya han
aprobado (curación de un caso de "parkinson"), me parece menos
“evangélica”.
1. Dudas ante
Juan Pablo II ha sido una figura pública, querida y
admirada por millones de personas, pero, al mismo tiempo, discutida en amplios
círculos de
a) Riesgo de endogamia.
Son muchos los que piensan que, con esta beatificación, un
tipo de jerarquía de
Muchos piensan que al obrar de esta manera la iglesia tiende a fortalecerse a
sí misma como jerarquía: Los que beatifican a este Papa son aquellos mismos que
él había colocado en la cumbre de la jerarquía vaticana, de manera que puede
pensarse que lo hacen básicamente en un gesto de
agradecimiento “endogámico”, para ratificarse a sí mismos (para decir así que
ellos tienen razón, que su forma de actuar está bendecida desde el cielo, por
el nuevo "santo"). Hay otras figuras y modelos de Iglesia que no han
tenido esta “suerte”, por ahora: desde Mons. Romero hasta H. Camara.
b) Un pontificado poco dialogante
Juan Pablo II parece haber sido un santo por dentro, hombre
de oración y sacrificio. Pero su pontificado ha sido poco trasparente, poco
abierto a la concordia de todos los grupos en
Mientras no quede claro lo que está al fondo de esa dureza, resulta poco
prudente beatificarle. Es como beatificar a una parte de
En este momento, la beatificación de Juan Pablo II puede tomarse como triunfo
de un tipo de iglesia que posiblemente deberá cambiar muy pronto, cuando cambie
la "política" eclesial del Vaticano. Podían haber esperado unos años,
cuarenta o cincuenta, para ver lo que queda de poso en la vida y figura de Juan
Pablo II, para "beatificarle" a él como persona, no a un tipo de
Iglesia.
c) El tema abierto de la pederastia.
No es quizá el más importante, pero es muy significativo.
Tras la muerte de Juan Pablo II se ha destapado en
No todos tienen la misma responsabilidad en ese tema y en otros de la vida de
2. Preguntas ante el valor probativo de los milagros
Al lado de las tres dudas anteriores quiero plantear el
tema de la “prueba” de los milagros. Dicen que médicos y cardenales de la
comisión para las beatificaciones han aprobado el “milagro” realizado por
intercesión de Juan Pablo II, de manera que peude ser
beatificado.
Éste es un tema sobre el que me he pronunciado ya. El
30.11.09 publiqué un post titulado ¿Qué milagros son necesarios para las
canonizaciones? Una reflexión "crítica". Había asistido días antes a
la defensa de una tesis doctoral en Derecho Canónico, defendida por Pierre Kaziri, en
Fue una tesis razonada, precisa, profunda, y así lo
reconocieron los especialistas del tribunal, representantes de las tres grandes
Facultades de Derecho Canónico en España: Navarra, Comillas y Salamanca: ¿Qué
pasa con los milagros? ¿Por qué no ha tratado el doctorando de ellos? El
doctorando respondió que se trataba de un silencio metódico, pues su tema era
sólo las “virtudes” y el “martirio”. Pero todos los asistentes tuvimos la
impresión de que no había querido tratar de los “milagros” porque ellos están
muy discutidos (como causa de beatificación), tanto en el plano teológico como
en el canónico.
Exigir milagros, como hoy se hace, para beatificar o
canonizar a un santo me parece algo cercano a la magia. Va en contra del estilo
“cristiano” de Jesús y de
Ciertamente “creo” en los milagros, es decir, en la
presencia de lo sobrenatural, en el poder de
Apelar a milagros, una visión medieval (y poco cristiana)
del Derecho Canónico.
a. La mayor parte de los teólogos creemos en los “milagros”
en el sentido del Evangelio. No sólo pensamos que la vida es un milagro y que,
sobre todo, es un milagro la fe y la experiencia de la gracia, sino que estamos
convencimos de que hay muchas cosas que no pueden explicarse por la pura
ciencia.
b. Pero el milagro no es algo que va “contra las leyes de
la naturaleza” (¡pues no conocemos lo que ella, la naturaleza, significa!),
sino aquello que nos abre hacia un horizonte más amplio de vida y de esperanza.
El milagro auténtico es “Dios”, es decir, la fe en Dios… En ese sentido, los
milagros ya concretos son “señales” (signos) de esa presencia de Dios, no
pruebas, como sabe el Evangelio: Jesús nunca “ha probado” algo con milagros,
más aún, se ha negado a hacerlo, cuando le han pedido y exigido que los haga.
(Jesús no probaría con un milagro la santidad de su siervo Wojtyla) Pero su
vida está llena de signos de misterio, para aquellos que saben ver.
c. Si un milagro se probara científicamente no sería
milagro, sino que caería (de alguna manera) dentro de la lógica de la ciencia.
La buena ciencia sabe que en la vida de los hombres hay cosas y cambios que no
se explican a través de una ciencia de tipo físico (como la medicina clásica),
pero eso no significa que ella los considere milagros (en el sentido de
acciones que rompen las leyes de la naturaleza), sino que deberíamos ampliar el
concepto de naturaleza y de vida humana.
d. No negábamos, pues los milagros, pero pensábamos que
ellos no se pueden probar en un plano “científico”, pues tampoco sabemos lo que
es la ciencia y lo que podrá ser mañana. Por otra parte, el despliegue de la
salud y de la enfermedad de los hombres y mujeres nos sitúa en las mismas
fronteras de la ciencia, abriéndonos a elementos y factores que no podemos
dominar con los métodos de contabilidad científica actual.
e. Por otra parte, pedirle a Dios “milagros” para probar
que un hombre o mujer es santo nos parecía más cercano a las ordalías
medievales (de tipo germano) que al estilo bíblico y cristiano de vida.
Pensábamos que en este campo la praxis canónica de
f. Además, no es más milagro la curación “externa” de un
enfermo que el hecho de que ese enfermo muera. Más milagro fue la muerte de
Jesús en
g. Toda la tradición cristiana, desde el tiempo de Jesús,
conoce bien el tema de la ambigüedad y manipulación de la “milagrería” que
puede darse y se da en ciertas capas de
Conclusión. El milagro de Juan Pablo II
No quiero ya tratar del milagro “concreto” que se ha
aprobado para la beatificación de Juan Pablo II (parece tratarse de una persona
que se ha curado de una enfermedad fuerte de parkinson). No dudo de que se haya
curado, no dudo de que haya invocado a Juan Pablo II. Pero decir que eso ha
sido milagro en el sentido que se le da al término y que el “autor” (o
intermediario) ha sido Juan Pablo II me parece demasiado.
Si se quiere conservar el término “milagro” habría que
darle otro sentido, otros matices, en la línea del cambio personal y de la
apertura de horizontes humanos, ante el misterio de Dios, ante el don de la
vida, tal como descubrimos en el Evangelio de Jesús. Necesitamos y queremos
“milagros”, pero en otro sentido, no para “probar algo” (si uno es santo o no),
sino para superar el plano de las “pruebas”, penetrando en el ámbito de la
gracia, de la felicidad de Dios, del don de la vida.
En esa línea se puede seguir leyendo, con humor y
discreción, el libro de José Carlos MARTÍN DE
Lo que Jesús pide es “fe” activa, amor intenso al servicio
de los demás. Más aún, la fe es capaz de “hacer milagros”, es decir, de
transformar la vida de los hombres y mujeres, en un plano de totalidad, incluso
de manera “corporal”. Pero “demostrar” que hay milagros concretos, realizados
por la intercesión de este “santo” concreto y poner esos milagros como “prueba”
de santidad me parece quizá demasiado (es decir, poco evangélico). Quizá sería
hora de que cambiara la norma canónica sobre los milagros en los procesos de
beatificación y canonización.
El milagro de Juan Pablo II tiene que ser su vida entera al
servicio de la unidad y de la misión de