KIKE Y LAS CÉLULAS DE
DIOS
Leía
hace poco un periódico nacional cuando un titular del mismo me llamó la
atención: “A punto de encontrar la
célula de Dios”. En seguida me interesó. La noticia cuenta cómo hace
poco han puesto en marcha con éxito un acelerador de hadrones.
A través de prodigios técnicos, se pretende recrear las condiciones que se
dieron justo después del "Big Bang", acontecimiento que se piensa dio origen al Universo.
No
me pidan qué les explique qué tipo de artilugio es ese acelerador con un nombre
tan raro, pero me parece un tema serio y respetable el que 10.000 científicos
escudriñen las tripas de la evolución y se acerquen al misterio del origen de
la materia. A esto los científicos le llaman cariñosamente la célula de Dios.
La
noticia, que ya les digo me parece muy seria, terminaba con un comentario
jocoso del periodista que ironizaba diciendo qué iban a decir los creyentes en
Dios cuando se descubrieran los intríngulis del origen del Universo. Un
cachondo, vamos, un ignorante pata negra que desconoce que el sacerdote y
científico Theilard de Chardin dedicó su vida a esta investigación desde la fe.
Pero
en la misma página aparecía otra noticia relacionada esta vez con un señor
llamado Kike Figaredo, al
que se le nominaba para el premio Príncipe de Asturias de
La
vida de Kike Figaredo
siempre me ha interesado. Kike era un joven gijonés
estudiante de económicas (de casta le venía al galgo, porque es primo hermano
de Rodrigo Rato Figaredo). Un día, según dice él
mismo, pensó “A estos números hay que ponerles rostro”, así que, ni corto ni
perezoso, ingresó en
Pronto
Kike expresó el deseo de ir al Tercer Mundo y sus
superiores le enviaron al Servicio de refugiados de los jesuitas. Le tocó ir a
Tailandia, en los campos de refugiados de la guerra de Camboya. Allí conoció la
miseria más brutal y se las ingenió para paliarla. Buscaba quien le
posibilitara la compra de cerdos y regalaba un cerdo a cada familia. Un cerdo
era una bendición y una ayuda económica extraordinaria.
En
ese ambiente conoció el mundo de los mutilados. En Camboya hay miles y miles de hombres, mujeres y niños
que han perdido una pierna (o las dos), un brazo (o los dos) por las minas
antipersonales y las bombas de racimo. Al acabar la guerra no acabaron las
minas, los contendientes de uno y otro bando dejaron sembradas más de ocho
millones, algunas de fabricación española.
En
ese ambiente se dedicó a conseguir sillas de ruedas para miles de niños mutilados.
Según dice él mismo, para una criatura sin piernas una silla de ruedas es una
posibilidad de libertad.
Le
llaman el obispo de las sillas de ruedas. Y es que Kike
se ordenó sacerdote en 1992 y en el 2000 Juan Pablo II le nombró obispo. A sus
49 años es un obispo que luce pantalón corto, camiseta y sonrisa. Se acerca a
los pobres, les abraza, les consuela y les hace sonreír. Promueve la
solidaridad y ha creado centros donde se construyen las muletas y sillas de
ruedas con maderas autóctonas.
Camboya
es uno de los países más pobres del mundo. Kike se
esfuerza cada día en construir un mundo más justo. Ahora hay
mucho trabajo, hay que desminar, hacer carreteras,
levantar escuelas y hospitales, rescatar a niñas del miserable turismo sexual,
establecer nuevos colonos en tierras entregadas por el Estado, crear bancos de
arroz y de ganado...
Pero, por otra parte, sin perder la paz propia de la tradición
budista de la que se ha empapado, Kike denuncia en voz
alta a las instituciones y los gobiernos que siguen fabricando y exportando las
bombas de racimo que siembran tanto dolor entre los niños. Vino también a
España y, con una sonrisa pacífica y acompañado de varios niños mutilados,
pidió por favor a nuestros gobernantes que impidieran esta práctica en nuestro
país.
Este es Kike Figaredo,
el obispo de las sillas de ruedas. Su diócesis está formada por miles de niños desheredados,
víctimas del poder del Primer Mundo, con los que ha conseguido hacer una
comunidad de amor y solidaridad.
Estaban en la misma página, el acelerador de hadrones
y Kike Figaredo. Pienso en
el periodista cachondo que se reía irónicamente de los creyentes. Y pienso en Kike, creyente, obispo y pobre. Y yo, que quieren que les
diga, sin menospreciar los trabajos de la ciencia, estoy convencido de que por
Camboya, en una comunidad de mutilados, se encuentran muchas células de Dios.
JOSAN MONTULL, 20.9.2008