CARTA DE RESPUESTA A UN AMIGO
QUE PLANTEA PREGUNTAS SOBRE LA FE
...
Paso a las preguntas que me diriges. "¿quién o qué es Dios?", "¿dónde se encuentra?", etc. Veo que no te andas por las ramas y apuntas directamente al centro de la cuestión. Para mí, Dios es el Padre de Jesucristo. Alguien a quien nadie ha visto fíísicamente en este mundo, pero que ha sido descrito por Jesucristo de manera que captemos algo de Él. Y todo ello teniendo en cuenta que estamos ante un Misterio, no como algo oscuro, sino como Alguien que nos desborda y que nunca podremos entender del todo, porque entonces lo "poseeríamos" de alguna forma y, por consiguiente, dejaría de ser Dios. Jesucristo lo describe como un Padre que nos quiere con todas sus fuerzas, que desea nuestra felicidad, que se alegra y sufre con nosotros, que nos respeta totalmente hasta el punto de arriesgarse a respetar nuestra libertad incluso sabiendo que no siempre sabemos utilizarla correctamente. Es Alguien que nos anima (por medio de su Espíritu) a solidarizarnos de forma activa y eficaz con el que lo pasa mal (p.e. en la parábola del buen samaritano). Rompe nuestros esquemas y está a favor de los últimos, de los "enfermos" frente a los que se creen "sanos". Nos impulsa a trabajar para que haya justicia, para que nadie lo pase mal. Es Alguien que nos espera en el momento de la muerte para introducirnos a una vida en plenitud con Él. Alguien que no nos soluciona los problemas pero que nos da fuerzas para intentar solucionarlos. Alguien que acepta y quiere a todos. Alguien que...
Muchas cosas podríamos decir de Él, pero en realidad se trata de aproximaciones. Describirlo es imposible, por lo cual casi sería mejor callar para no meter la pata.
Con todo, se trata de una cuestión de "fe" no de prueba científica. Estamos a otro nivel. Pero, para mí, se trata de un nivel tan real como cualquier otro, lo que pasa es que es real de otra manera. No se puede probar como parece que se pueda probar una verdad científica. Pero tampoco se pueden probar otras cosas y, sin embargo, no por ello dejan de ser verdad.
La fe está relacionada con la "confianza": me fío. Me fío de Dios porque lo experimento en mi vida. Me fío de los que me han precedido y me han confesado su fe. Me fío de Jesucristo (más incluso de lo que pueda fiarme de un buen amigo) y de lo que me ha comunicado sobre su Padre Dios. Me fío incluso de la Iglesia, a pesar de todos los defectos que contiene y de tantos aspectos de la Iglesia actual con los que no estoy de acuerdo y que trato de cambiar.
Y a ese Dios, a Dios, no me lo imagino viviendo más allá, lejos, sino cerca. No lo concibo viviendo en un "cielo", como si estuviera viviendo en un espacio físico especial, más allá de las nubes. Para mí, Dios está entre nosotros, incluso en lo más profundo de mí mismo, de nosotros mismos. Si de chavales se nos enseñó que "Dios está en todas partes", no necesita un sitio especial. Está aquí, lo que ocurre es que está con un modo de estar diferente al nuestro, sin hacerse "visible" como somos nosotros. Está metido en nuestra vida, muy cercano, muy solidario, pero, a la vez, respetuoso con nuestra libertad. No se manifiesta a través de milagros portentosos (casi como un mago) sino a través de nuestra vida normal. Lo que ocurre es que hay que aprender a "verlo", a "sentirlo", a "descubrirlo" en medio de la vida, sobre todo en medio de la vida de los que peor lo pasan. Se identifica con los últimos: "lo que hagáis a uno de ellos, a mí me lo estáis haciendo", "tuve hambre y me disteis de comer".
Como ya me he extendido mucho, no quiero cansarte más en esta primera carta. Pero tampoco quiero dejar de decir algo sobre otras dos cuestiones que planteas:
Si estamos aquí, si vivimos, es porque Dios ha querido no ser el único viviente, ha querido compartir su vida con nosotros porque nos quiere profundamente. El objetivo de nuestra vida sería responder "adecuadamente" a ese amor de Dios y colaborar con Él en hacer feliz a la gente.
Con todo, reconozco que hay una cuestión difícil: el problema del mal. ¿Por qué existe? (le ha salido mal a Dios este mundo, dices tú), ¿por qué lo permite Dios? Te podría decir que existe porque no somos perfectos y lo imperfecto tiene limitaciones; te podría decir que una cosa es el mal físico o natural (un terremoto, una enfemedad, etc.) y otra el mal moral (las guerras, el odio, etc.); te podría decir que lo que Dios quiere es el bien, pero que respeta nuestra libertad para hacer el mal porque si no no respetaría nuestra dignidad (si nos quitara la libertad para impedir que hiciéramos el mal)... Pero la verdad es que, además de eso, el mal sigue siendo un misterio y hay que tener la humildad de aceptar que uno no lo sabe todo ni llegará a saberlo nunca.