La
cesta de Navidad
La
motivación -dice- es una manera de desmotivar a las personas adultas y una
falta de consideración que, aparte de otras carencias morales, tiene costes económicos.
Motivar con "incentivos" económicos
la producción es ignorar cualquier valor que no se venda, reduce el trabajo a
mercancía, le quita su auténtico sentido y malogra lo que más importa: la
creatividad, el compromiso, el espíritu de equipo y la confianza empresarial.
Ese método solo se explica bajo la hipótesis de que los colaboradores no son
fiables para la dirección, y a la inversa: "El error más frecuente en el
sistema económico- escribe- es el
desprecio fundamental de la dignidad humana y entrar en un juego de suma cero
para la empresa". Aceptando las reglas de la mutua manipulación.
No
sé nada de fútbol, y del Zaragoza solo sé que va mal como empresa -eso
dicen- y como equipo. Supongo que un equipo ha de tener
espíritu de equipo y, aunque no sé si
ese es el caso, imagino que los jugadores del Zaragoza si lo tienen no será gracias a los incentivos. Otro libro publicado por Spengler se ocupa de las "estrategias del fútbol aplicadas
a las empresas". Ignoro si hay o no edición en castellano, solo sé que fue
publicado en alemán en el año 2008. Lo conozco por referencias, y por alguna cita que hacen otros autores. Un
pastor alemán se muestra entusiasmado: "Este libro es genial. Muestra cómo
aparecen en el juego del fútbol las ventajas y las desventajas de una
estrategia correcta o incorrecta, respectivamente, en la dirección de cualquier
otra empresa". Y lo recomienda a todos los pastores, quiero decir a todos
los empresarios incluidos sus colegas de
Los
banqueros que quieren pagar más impuestos no son por eso mejores. Son
más listos, acaso, y más listillos los otros. La estrategia es distinta, no el
objetivo. La racionalidad económica es siempre una aplicación instrumental de
la razón para hacer dinero. Y la economía una ciencia que tiene poco que ver con
la ética, la estética, las buenas costumbres y el buen gusto. Aunque poco es
más que nada, y puede ser importante.
Llegados
a este punto advierto que para mí no es igual una empresa, un equipo de fútbol,
una iglesia, una familia o simplemente una comunidad humana. Y para Sprenger tampoco. No obstante, si lo que se quiere es ganar
por encima de todo, hay que tomar posiciones en el fútbol, en el mercado, en la
política y no despreciar radicalmente el discurso estratégico en cualquier
empresa aunque se quiera solo ganar almas para el cielo, un futuro para los
hijos y un mundo mejor para todos. Dado que estas consideraciones se hacen
desde un punto de vista económico o desde la constatación de un dato a tener en
cuenta en el cálculo de costes y
beneficios, se plantea la paradoja de estimar el coste de poner precio a las
personas y el beneficio de no ponerlo. Ahora bien, desde un punto de vista
moral -de una moral responsable que se haga cargo del mundo y no solo de la
propia conciencia- no se puede ignorar el valor añadido de una estrategia que
considere solo en principio la dignidad humana
como un dato económico. Un político responsable, moralmente responsable, ha de
saber que ese valor añadido -o valor moral en
sentido absoluto: la buena voluntad, que nadie puede producir- es un
milagro más probable en un mundo objetivamente mejor por los motivos que sean. De
ahí el deber de cambiar la realidad objetiva, para que la dignidad y el valor
moral sean un milagro probable y la paz civil un hecho que haga soportable vivir
en este mundo. Porque ya sabemos, como decía Kant, que "toda virtud en el
trato es moneda falsa y un niño quien la tenga por oro puro. Pero es mejor
tener monedas falsas que ninguna; y finalmente, aunque sea con pérdidas, pueden
transformarse en oro verdadero". Y lo que dijo antes Pascal, que para
obtener algo bueno "es menester que lo exterior se una a lo interior"
(...). Porque "esperar ayuda del exterior es supersticioso, y no querer
unirlo a lo interior pura soberbia".
José
Bada
13.12.2011