La cesta de Navidad

           

            La Navidad no existe para la empresa, existe la campaña navideña. Si recibe un aguinaldo, no piense que el jefe es por eso una buena persona. Piense más bien que es un mal jefe y que no sabe de la media la mitad de lo que debería. Por si tiene ocasión y tacto, le recomiendo que le regale un best seller de R.  Sprenger, guru en dirección de empresas y el más conocido experto desde que, haciendo honor a su nombre, lo lanzó como una bomba en 1996 con el título de Mythos Motvation. (El mito de la motivación: cómo escapar de un callejón sin salida, Madrid 2005).    

 

            La motivación -dice- es una manera de desmotivar a las personas adultas y una falta de consideración que, aparte de otras carencias morales, tiene costes económicos. Motivar  con "incentivos" económicos la producción es ignorar cualquier valor que no se venda, reduce el trabajo a mercancía, le quita su auténtico sentido y malogra lo que más importa: la creatividad, el compromiso, el espíritu de equipo y la confianza empresarial. Ese método solo se explica bajo la hipótesis de que los colaboradores no son fiables para la dirección, y a la inversa: "El error más frecuente en el sistema económico- escribe-  es el desprecio fundamental de la dignidad humana y entrar en un juego de suma cero para la empresa". Aceptando las reglas de la mutua manipulación.

 

            No sé nada de fútbol, y del Zaragoza solo sé que va mal como empresa -eso dicen-  y como  equipo. Supongo que un equipo ha de tener espíritu de equipo y, aunque no sé  si ese es el caso, imagino que los jugadores del Zaragoza si lo tienen no será gracias a los  incentivos. Otro libro publicado por Spengler se ocupa de las "estrategias del fútbol aplicadas a las empresas". Ignoro si hay o no edición en castellano, solo sé que fue publicado en alemán en  el año 2008.  Lo conozco por referencias, y  por alguna cita que hacen otros autores. Un pastor alemán se muestra entusiasmado: "Este libro es genial. Muestra cómo aparecen en el juego del fútbol las ventajas y las desventajas de una estrategia correcta o incorrecta, respectivamente, en la dirección de cualquier otra empresa". Y lo recomienda a todos los pastores, quiero decir a todos los empresarios incluidos sus colegas de la Iglesia  Evangélica.

 

            Los  banqueros que quieren pagar más impuestos no son por eso mejores. Son más listos, acaso, y más listillos los otros. La estrategia es distinta, no el objetivo. La racionalidad económica es siempre una aplicación instrumental de la razón para hacer dinero. Y la economía una ciencia que tiene poco que ver con la ética, la estética, las buenas costumbres y el buen gusto. Aunque poco es más que nada, y puede ser importante.

           

            Llegados a este punto advierto que para mí no es igual una empresa, un equipo de fútbol, una iglesia, una familia o simplemente una comunidad humana. Y para Sprenger tampoco. No obstante, si lo que se quiere es ganar por encima de todo, hay que tomar posiciones en el fútbol, en el mercado, en la política y no despreciar radicalmente el discurso estratégico en cualquier empresa aunque se quiera solo ganar almas para el cielo, un futuro para los hijos y un mundo mejor para todos. Dado que estas consideraciones se hacen desde un punto de vista económico o desde la constatación de un dato a tener en cuenta en el cálculo de  costes y beneficios, se plantea la paradoja de estimar el coste de poner precio a las personas y el beneficio de no ponerlo. Ahora bien, desde un punto de vista moral -de una moral responsable que se haga cargo del mundo y no solo de la propia conciencia- no se puede ignorar el valor añadido de una estrategia que considere solo en principio la dignidad  humana como un dato económico. Un político responsable, moralmente responsable, ha de saber que ese valor añadido -o valor moral en  sentido absoluto: la buena voluntad, que nadie puede producir- es un milagro más probable en un mundo objetivamente mejor por los motivos que sean. De ahí el deber de cambiar la realidad objetiva, para que la dignidad y el valor moral sean un milagro probable y la paz civil un hecho que haga soportable vivir en este mundo. Porque ya sabemos, como decía Kant, que "toda virtud en el trato es moneda falsa y un niño quien la tenga por oro puro. Pero es mejor tener monedas falsas que ninguna; y finalmente, aunque sea con pérdidas, pueden transformarse en oro verdadero". Y lo que dijo antes Pascal, que para obtener algo bueno "es menester que lo exterior se una a lo interior" (...). Porque "esperar ayuda del exterior es supersticioso, y no querer unirlo a lo interior pura soberbia".

 

José  Bada

13.12.2011