La
conciencia y las luchas del pueblo indígena Xucurú
ACR, el movimiento rural del Nordeste
brasileño, en
Aún queda la fe en Tupá (Dios).
Ororubá, ororubá.
Tupá viene a libertar.
Un lindo amanecer
tendrá la nación Ororubá.
(Canción
tradicional del pueblo Xukurú)
La esperanza y la fe son lo
último que se pierde. Lo recuerda la canción de la etnia Xucurú
que acabamos de citar. La cantan los indios, todavía hoy, en sus fiestas y en
su danza ritual del Toré. Canto que les ha acompañado
desde siempre en sus luchas por la tierra. Las 200 etnias indígenas de Brasil
que todavía hoy subsisten, con sus 180 lenguas, han conservado su identidad, a
duras penas, durante más de 500 años.
Recordemos, por poner unos ejemplos, a los
jesuitas y su “república” guaraní (1610-1768) en Paraguay; al actual obispo de
Altamira, en Pará (allí murió asesinada en 2005 la
hermana Dorothy Stang), Dom
Erwin Kräutler, amenazado
también de muerte por su defensa de los indígenas del río Xingú,
con sus tierras en peligro de ser anegadas debido al megaproyecto de
construcción de una gran represa hidroeléctrica o al también obispo Dom Luiz Cappio,
amenazado también de muerte por su oposición al trasvase del Río San Francisco.
Pero queremos acercaros en estas líneas otro compromiso y otra
presencia: la que ACR (Animación de los Cristianos en el Mundo Rural) viene
realizando entre las gentes del territorio indígena Xucurú.
ACR está presente en seis Estados del Nordeste de Brasil: Maranhao,
Piauí, Alagoas, Seroipé, Pernambuco y Río Grande do Norte. ACR es un
movimiento que forma parte de FIMARC, como el Movimiento Rural Cristiano
español. Creemos que el grupo de ACR Xucurú es el
único grupo indígena del movimiento internacional católico rural (FIMARC).
Son las cuatro y media de la
mañana, en la aldea Xukurú de Pé
de Serra, cuando empieza a amanecer. Se oye el canto de los gallos, pues aquí
no han enmudecido como sucede en tantos lugares del mundo rural “desarrollado”,
y el canto de los pájaros llega desde los árboles del fondo del valle, junto al
río, crecido estos días ya que estamos
en época de lluvias. En la comunidad de Pé de Serra,
existe un prometedor grupo de jóvenes de ACR.
El pueblo indígena Xucurú.
En 1988, los pueblos indígenas de
Brasil, con el apoyo del Consejo Indigenista Misionero, se plantaron en
Brasilia para presionar a diputados y
senadores para que sus derechos fueran reconocidos en la nueva Constitución
tras la dictadura militar (1964-1985). Pero las luchas de los indios por
mantener su identidad y también sus procesos de toma de conciencia venían de
mucho más atrás.
La etnia Xucurú,
como tantos otros pueblos indígenas de Brasil, llevaba muchos años en la
resistencia. La etnia Xukurú había sido despojada,
hace siglos, por los grandes hacendados, de la herencia ancestral de su
territorio, próximo a la ciudad de Pesqueira, en las montañas Ororubá del Estado de Pernambuco. Malvivían a merced de un
jornal siempre incierto y siempre escaso en sus tierras ocupadas. Para un
indígena la tierra es la vida. La tierra es sagrada. Su aldea el centro del
universo.
El pueblo Xucurú
comenzó una lucha al frente de la cual estaba su Cacique Chicao
(el jefe tradicional del pueblo, respetado por todos) que en 1988 fue asesinado
por los “fazenderos”. La etnia Xukurú, al amparo de la constitución brasileña, comenzó la
lucha de invasión de sus tierras en manos de terratenientes. Consiguió sus
objetivos en 1995. Los “fazenderos” hubieron de dejar
las tierras. Los Xukurú han recuperado las 27.000 Has.
en las que se asientan sus 24 aldeas o comunidades. Las reconquistaron y se
rigen con sus leyes y sus jefes: el Cacique, el Pajé
o jefe religioso y su organización social:
Los Xucurú
armonizan sus creencias ancestrales con su fe cristiana. Una seña de identidad:
el Santuario de Nuestra Señora de las Montañas en la aldea de Cimbres a la que
nombran también con el nombre de Maín Tamaín (la divinidad femenina de la religión indígena).
Allí acuden en masa en la fiesta de finales de junio, pocos días después de su
otra gran fiesta del fuego y las hogueras, en San Juan. La invocación a los
espíritus de sus muertos, las danzas rituales y los cantos eucarísticos se
entremezclan a lo largo del día de San Juan y en el día de Nuestra Señora de
las Montañas.
ACR y el proceso de desarrollo de un pueblo indígena
Todo comenzó, a mediados del
siglo pasado, con el padre José María da Silva y con la recordada por todos
María José. El padre José María, ya anciano, nos evocaba sus compromisos de más
de cincuenta años en esta zona del Ororubá. Se siente
satisfecho por la tarea, un poco preocupado por los actuales rumbos de
El actual coordinador nacional de
ACR es un vecino de Pesqueira, José Sena, que a sus 65 años continúa con su
trabajo en la tierra y con su rebaño de cabras. El movimiento apoyó el amor y
las luchas por su tierra de los indígenas y organizó la resistencia de los
campesinos no indígenas a vender sus tierras, algo que quería lograr el
Gobierno de la época, situado a merced de la voluntad de la fábrica de dulces
de tomate PEIXE que controlaba toda la producción de las tierras de la región.
Las acciones educativas y
transformadoras que ACR ha desarrollado entre los indígenas Xukurú
han sido muchas. ACR organizó cursos de seis meses para promover el
aprovechamiento adecuado de los recursos naturales: cómo introducir las cabras
y ovejas merinas que sustituyeran a las vacas en esta región nordestina no muy abundante en pastos. Durante 20 años ACR
promocionó cursos. Había que revertir de nuevo, en campesinos, a los “vaqueros”
de tiempos de la “fazenda”.
ACR promocionó el trabajo de la “Renda”: un trabajo con hilos con los que confeccionan todo
tipo de prendas de vestir, de puntillas, diríamos nosotros. Son increíblemente
expertos. En la comunidad de Pé de Serra sesenta
mujeres, más de diez hombres y algunos niños en horas libres, se han convertido
en “renderas-os”. ¿Quién dijo que los niños no deben
incluir en su etapa educativa el trabajo adecuado a sus años, en el cultivo de
la tierra y en otras tareas, que siembre en ellos el amor a la tierra y al
trabajo de sus progenitores?
ACR continúa presente en el seno
de estas comunidades indígenas para desde allí hacer frente a los nuevos
desafíos que la sociedad actual plantea a las comunidades rurales. A los Xukurú no les falta ni la esperanza ni la determinación de
que la tierra de sus ancestros sea su tierra sagrada en el presente; la
seguridad de que su mundo campesino y el mundo rural, puede hacer frente a los
nuevos desafíos que plantea esta época de crisis generalizada del sistema
capitalista.
(Artículo enviado desde Brasil por José Guarc,
cura de