LA DIMENSIÓN MISIONERA

 

            Como nuestra fe es universal, se insistió ya en 1971 en tomar conciencia de la necesidad de comunicarla a todos, incluso  a los países del tercer mundo, y más concretamente en Sudamérica, comunicándoles nuestros bienes. Pensaron en un equipo de personas de la Comunidad y sostenidas por ella que se desplazaran allí.

 

            Nati López y Carmen Ruiz, que habían decidido personalmente ir a misiones, publicaron en febrero de 1972 en la Hoja Parroquia y Barrio: “Hemos pensado marchar a otro continente donde la situación es muy lamentable… y esto no realizado sólo a escala personal sino como miembros de una comunidad misionera, nuestra comunidad parroquial”. Y es que el párroco convenció a la comunidad para que hiciera suyo este proyecto. Puestos en contacto con el obispo de Riobamba en Ecuador (Monseñor Proaño), Nati y Carmen se entrevistaron con él en una visita que hizo a Barcelona, y antes de final de año ya estaban en su nuevo puesto como misioneras al que fueron acompañadas por el párroco de Begoña como gesto de solidaridad parroquial. Su “aventura” repercutió en toda nuestra parroquia. Su trabajo en alfabetización de adultos y de participación en grupos de concientización en comunidades indígenas, concluiría a finales de 1975, con su regreso a Zaragoza.

 

            En octubre de 1973 marchó al Ecuador nuestro cura Benito Ardid. También su decisión fue muy meditada en la comunidad parroquial y fue acompañado hasta Madrid por Daniel Ortega, Ignacio Cendoya y un grupo de la parroquia, como símbolo de envío y acompañamiento. Su labor fue profunda y de un gran compromiso y entrega a las comunidades indígenas.

 

            Menos de un año más tarde sería en esta ocasión una de las Siervas, Charo Morales, la que sería destinada a un servicio misionero en Chile.

 

            A finales de los 70 una joven de la parroquia, Lucía Oroz, decide cambiar su vida de maestra para dar un hogar a quien nunca la ha tenido y marcha a un pueblo de la provincia, donde junto a Benjamín y Lola, formarán “La aparecida”, familia unida por la amistad entre ellos, el amor a los niños que acogen y el compromiso de darles todo aquello que en sus familias de origen no han tenido. Llegaron a acoger a 20 chavales juntos. La partida de Lola a Bolivia y la muerte de Benjamín hacen que Lucía se quede sola contando sólo con la ayuda de los chicos mayores, aun así continúa. Con el tiempo se le unirá José Manuel, ex párroco de Begoña.

 

            En nuestra Parroquia ha funcionado desde hace muchos años el Grupo de Misiones, teniendo especial relación con el trabajo misionero de Ramón Bernad en Costa de Marfil.