José Mª. Castillo
(Religión Digital 5.12.2008)
José María Castillo, es uno de los últimos teólogos-profetas.
De los que anuncian el gozo de la autenticidad del Evangelio. Y de los que denuncian su perversión. Su
obra, “La religión de Jesús” (Desclée) son
comentarios de los textos litúrgicos, en los que aparece un Jesús preocupado
sobre todo por la salud y la alimentación de la gente. El teólogo asegura que
su “hogar intelectual y espiritual sigue siendo
P.- Un
libro significativo desde su título: “La religión de Jesús”.
R.-
Decidí escribir este libro y ponerle ese título por dos motivos. En primer
lugar, porque el tema de la religión es más preocupante en estos momentos que
el tema Dios. Y en segundo lugar, una de las cosas más sorprendentes de los
Evangelios es un Jesús profundamente religioso y, al mismo tiempo, en conflicto
con la religión. Con los dirigentes de la religión, con el Templo. Hasta tal
punto que éstos últimos lo condenaron a muerte y lo mataron. Es decir, Jesús
vive un conflicto radical con la religión, con su religión.
P.
¿Esta es, entonces, la tesis del libro?
R.- Se
trata de constatar algo que está en los Evangelios. A saber, que una lectura de
los Evangelios hecha desde los criterios de la religión establecida nos
imposibilita para entenderlos.
P.-
¿Quiere eso decir que el catolicismo actual dificulta el acceso al Evangelio?
R.-
P.-
¿Por ejemplo y en concreto?
R.- Por
ejemplo, tener templos.
P.- ¿Y
la jerarquía episcopal?
R.- La
jerarquía episcopal pertenece a la estructura divina de
P.-
¿Qué es lo que va a encontrar el lector que se acerque a su libro?
R.- Se
encontrará con comentarios a los textos litúrgicos del Evangelio de cada día.
No una exégesis completa, pero sí los puntos clave de cada texto.
P.-
¿Comentarios académicos y espirituales viniendo de quien vienen?
R.- Sí
y, en esencia, que les sirvan a la gente para dos cosas. Primero, para conocer
el Evangelio. Los católicos lo conocen muy poco, a diferencia de los
protestantes. Y en segundo lugar, comentarios que les sirvan a la gente para
orar y reflexionar.
P.-
Conociendo a su autor, imagino que desde una óptica muy profética.
R.- No
pretendo ser ni soy un profeta. Es una palabra a la que le tengo mucho respeto
por todo lo que simboliza y encarna. Pero sí un teólogo crítico. Porque Jesús
también fue muy crítico y quebrantaba continuamente las normas: comía con
pecadores y publícanos, acogía a las mujeres, compartía su vida con los pobres
y los pecadores...
P.-
¿Los críticos también son evangélicos?
R.-
Claro. Ser crítico es ayudar a entender y a vivir la entraña, la clave y el
núcleo de los textos evangélicos.
P.-
¿Con sugerencias prácticas?
R.- La
principal sugerencia es cultivar la humanidad. Tenemos que ser humanos, Dios en
Jesús se humanizó, se vació de sí mismo. Ese es el misterio de
P.-
¿Quiere decir que la tarea del creyente es humanizarse o liberarse de la
deshumanización?
R.-
Claro. Antes de hablar de caridad, tenemos que hablar de respeto, de dignidad,
de tolerancia, de estima, de sensibilidad con los sufrimientos de los demás.
Tenemos tendencia a hablar de cosas sublimes, pero lo primero, lo mínimamente humano, aquello en lo que todos los seres
humanos coincidimos es nuestra condición carnal, la carnalidad.
P.- ¿Y
además de la carnalidad?
R.- La
alteridad: nos necesitamos unos a otros.
P.-
¿Estas dos condiciones, la carnalidad y la alteridad, están muy presentes en el
Evangelio?
R.- A
Jesús le preocupan fundamentalmente tres cosas. Primero, se preocupa
constantemente por la salud de la gente. De ahí los milagros o las curaciones.
¿Eran milagros? Difícil de determinar. Lo que sí está claro es que Jesús no
soportaba ver a una persona sufriendo. Por eso, siempre está preocupado por la
salud de la gente.
P.- ¿La
segunda preocupación de Jesús?
R.- La
preocupación por la alimentación. Los Evangelios están llenos de pasajes que
muestran constantemente la preocupación de Jesús por la salud y por la
alimentación de la gente. De ahí que comparta la mesa. Es la comensalidad.
P.- ¿Y
su tercera preocupación?
R.- La
alteridad, las relaciones humanas, el respeto, la aceptación de las
diferencias. Por eso, Jesús se acercó más a lo ‘peor’ de su época: los pobres,
las mujeres, los extranjeros o los samaritanos. Y de todos ellos hay relatos
conmovedores.
P.-
¿Cuál es el texto evangélico que más le llega?
R.- El
que más me impresiona es el del Juicio Final: Tuve hambre y me disteis de
comer...Se trata de una enumeración de situaciones de sufrimiento. El juicio
último no se hace en función de la fe ni de Dios, sino en función de la
relación con los demás.
P.- ¿Y
el autor? ¿Cómo se encuentra el autor del libro?
R.-
Divinamente. Soy feliz y estoy lleno de optimismo e ilusión, a mis 79 años. A
los 78 salí de jesuita, porque creía que así iba a tener una libertad de la que
no disponía dentro. No porque
P.- ¿Su
hogar intelectual y espiritual sigue siendo
R.- Por
supuesto. Sigo inmerso en los jesuitas. Todo lo que soy y todo lo que tengo se
lo debe a los jesuitas. Y por eso no quise seguir creándoles problemas. Además,
quería disponer de libertad para poder decir todo lo que pienso. Y me alejé de
P.- ¿Le
duele la situación actual de
R.- Me
duele y mucho. Porque hay un éxodo muy grande de gente que se aleja de ella. Su
imagen pública no ayuda a que la gente de hoy se acerque al Evangelio.
P.-
¿Hay división en
R.- Hay
una fractura evidente entre los grupos más fundamentalistas y los más abiertos.
P.- ¿Se
han roto los puentes entre ambos sectores?
R.- Y
cada día se rompen más. Entre otras cosas, porque la mayoría de la jerarquía se
ha inclinado hacia los grupos más fundamentalistas y hacia la derecha política
e ideológica.
P.- ¿Le
ha desilusionado el Papa Ratzinger?
R.- En
un principio, pensé que su categoría teológica iba a influir en el impulso a la
renovación de
P.-
¿Qué opina de la polémica de los crucifijos en la escuela pública?
R.- Yo
no haría problema de eso. Cristo terminó crucificado, algo que, en aquel
tiempo, era lo más laico. Era la ejecución de una condena legal para esclavos y
subversivos. Era, pues, lo más secular y lo más laico. Hoy, es lo más sagrado y
ha perdido su significado original. Además, Cristo no murió entre dos ladrones,
como suele decirse, sino entre dos subversivos, dos revolucionarios.
P:- ¿Es
partidario de exhumar a los muertos de
R.- Hay
que enterrar dignamente a los muertos de la guerra civil. Es un derecho y una
obligación para todos. Los familiares tienen la obligación y el derecho de
recuperar a sus familiares y darles una sepultura digna. Eso es algo que está
pendiente en España. Y
P.-
Federico Jiménez Losantos vuelve a estar tristemente
de actualidad por su polémica con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. ¿Qué piensa del comunicador estrella de la radio
de los obispos?
R.-
Apenas lo oigo. Pero no me agrada. Losantos no le hace
bien a la cadena de los obispos. Su forma de decir las cosas me repugna. Me
siento mal oyéndolo. Siempre está atacando. No le hace ningún bien ni a