PERE RUSIÑOL, Público 01/11/2010
No
es exactamente un viaje a tierra infiel, pero
Todos los estudios coinciden en el fenómeno de
fondo: primero se vaciaron las iglesias, luego empezó a caer lentamente la
adhesión sentimental al catolicismo. Y desde hace un lustro la caída entre los
jóvenes es tan pronunciada el 50% ya ni se considera católico que algunos
expertos auguran que en un plazo de 20 años España puede dejar de tener mayoría
católica sin que ocupe su lugar ninguna otra religión. "Entre los jóvenes,
el descenso en el autoposicionamiento religioso
católico es constante y prácticamente lineal. De todas formas, hay una
aceleración en los últimos años realmente llamativa", opina Javier Elzo, catedrático emérito de Sociología de Deusto, experto
en jóvenes y en sociología de la religión.
Al catolicismo obligatorio del franquismo le
sucedió una práctica más relajada, en la que los fieles redujeron mucho su
compromiso y se vaciaron las iglesias. Pero el porcentaje de la población que
se consideraba católica siguió rozando el 90% hasta principios de la década de
1990 (ver gráfico en la página 3).
A partir de ahí, el descenso fue constante, pero
suave. Hasta que a mediados de la década de 2000 se aceleró la desafección,
mucho más pronunciada entre los jóvenes.
Por vez primera en la historia de España, la
mitad de los jóvenes de
El descreimiento de la juventud española
ha sido muy acelerado: entre 1992 y 2010, el porcentaje que se define como
católico en este sector de edad ha pasado del 82% al 52%. Una caída de 30
puntos en sólo 18 años.
En el mismo periodo, el conjunto de los
ciudadanos que se consideran católicos ha pasado del 87% al 73%.
Tradicionalmente, la adhesión de los jóvenes al catolicismo ha sido siempre
menor a la del conjunto de la población, pero las diferencias nunca han sido
tan abismales. En 1992, les separaban cinco puntos. En el último barómetro
del CIS, 21.
"Pese a que mucha gente dejó de seguir los
preceptos de la iglesia hace tiempo, parecía que el catolicismo seguía blindado
en España por razones culturales, como si ser católico fuera un elemento más de
ser español", apunta Kerman Calvo, politólogo
del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales e investigador de un
programa paneuropeo de religión y política. Y añade: "Pero todo esto
está cambiando porque las nuevas generaciones ya no sienten este vínculo".
Para los sociólogos, los valores tienen una gran
importancia a la hora de imaginar las sociedades futuras porque, una vez consolidados,
son muy difíciles de modificar. Y ya son varias generaciones las que van
madurando con menos adhesión al catolicismo, con un ritmo cada vez más
trepidante.
Calvo subraya que el gran acelerón secularizador
que se inicia a mediados de la década de 2000 coincide con la llegada de José
Luis Rodríguez Zapatero a
Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de
Politólogos y Sociólogos de Madrid, coincide: "El proceso es inexorable y
aún se ampliará en el futuro porque las identidades son cada vez más abiertas y
flexibles, lo que encaja poco con las religiones", afirma.
"Para estos nuevos tiempos, que el 50% de
jóvenes se considere católico es mucho. Aún queda un poso cultural, familiar o
de asistencia a ritos que hace que, sin identificarse plenamente con el credo,
se definan como afines a la iglesia. Pero la cifra se irá reduciendo",
dice.
Incluso entre los creyentes, el rechazo a muchos
postulados terrenales de la iglesia ya es mayoritario en España, según el
último macrosondeo del CIS sobre religión, de 2008. Entre los jóvenes, la
oposición es altísima y ronda el 80% en el uso del preservativo, en las
relaciones sexuales prematrimoniales o en el divorcio. Pero la oposición es ya
mayoritaria en el conjunto de la población en todos los temas planteados: además
de los tres citados, bodas gays, relaciones entre homosexuales, aborto,
adopción de niños por parejas homosexuales y matrimonio entre sacerdotes.
Ello no significa que la sociedad o los jóvenes avalen estas prácticas.
Pero incluso si no lo hacen, consideran que la postura de la iglesia es
demasiado radical.
El aumento del radicalismo en el mundo católico
es precisamente una de las consecuencias del avance de la secularización que
auguran los expertos: "El declive del catolicismo en una sociedad lleva
siempre aparejado el aumento del activismo militante de estos sectores, que
se sienten asediados", recalca Jordi Figuerola,
historiador de
"La mecánica suele repetirse: el avance en
la secularización radicaliza a los católicos, lo que a su vez provoca que sean
menos", añade Figuerola. "En España, el
integrismo y su influencia son cada vez más fuertes, tanto en la cúpula
eclesial como entre los grupos activistas que aspiran a influir en las
políticas y que están en movilización permanente".
El cambio de Juan Pablo II por Benedicto XVI en
el trono romano puede haber contribuido a reforzar la tendencia a la baja. Así
se desprende de las encuestas, que muestran que en España la popularidad del
doctrinario Benedicto XVI es muy inferior a la que tuvo el mediático Juan
Pablo II.
En el macroestudio de 2008, Benedicto XVI
aprobaba por los pelos entre los españoles: obtenía sólo un 5,18, lejos del
6,96 de Juan Pablo II, fallecido en 2005. Y Ratzinger suspendía en las tres
franjas de menores de 44 años.
"De este papa hemos escuchado escasos
pronunciamientos sobre la crisis económica y la puntilla ha sido el estallido
del escándalo de pederastia: la pérdida de credibilidad es total",
lamenta el teólogo progresista Juan José Tamayo.
Tamayo considera que "la iglesia católica,
jerárquica y dominada por los movimientos neoconservadores, se ha convertido en
un obstáculo para la religión". Y añade: "Una de las causas de la
caída tan significativa en España es la actitud integrista de la jerarquía, que
ha alejado de la iglesia a los jóvenes, a los trabajadores y al mundo
intelectual".
La crisis es reconocida también por los grupos
más afines a la jerarquía: "Ciertamente, se ha producido en los últimos
años un descenso de la práctica religiosa en España, que es aún más acusado
entre los jóvenes", admite el periodista Daniel Arasa,
presidente del Grup d'Entitats Catalanes de
Arasa esboza como
explicaciones "el consumismo a todos los niveles" y el "objetivo
del éxito a toda costa", entre otras. Pero no todo es negativo, subraya:
"Hoy, los católicos van reduciéndose a una minoría, pero viven su fe a
fondo. Son más sólidos y están forjados en la contradicción del ambiente".
Su hijo Daniel, experto en Comunicación de