(Tomado de la revista "Punto y seguido", editada en la Granja de Transeúntes de Movera en la Navidad de 2005)
LA NAVIDAD ES NUESTRA.
¡QUE NO NOS LA QUITEN!
De nuevo estamos en Navidad y la vida continúa dando vueltas sin saber a dónde ir. El mundo parece haberse echado al carril y el rumbo se pierde entre unas perspectivas nada halagüeñas. Sigue muriendo gente de forma absurda: en atentados, en accidentes de carretera, por errores médicos, a causa de un SIDA no eficazmente combatido, sobre todo en los países más pobres como los africanos, etc.
Celebramos en Navidad el nacimiento de un Niño en unas condiciones bastante penosas: en un establo, como los animales y acompañado por ellos, además de por sus padres. Y para que no entendamos nada somos sometidos al bombardeo publicitario más contumaz de todo el año, forzándonos a gastar más y más dinero en cosas que en otro momento rechazaríamos por inconsistentes. Las calles se visten de lujo con ocasión del nacimiento de un marginado. ¿Tiene sentido todo esto?
Al final, quienes más se aprovechan de ello son los de siempre: los que realizan negocios con nosotros. Y en lugar de adorar al Niño lo que hacen es adorarse a sí mismos. Como Herodes. Y han acabado por robarnos la Navidad, cambiándola radicalmente de sentido, ya que no les interesa una gran verdad contenida en lo que deberíamos celebrar: que Dios no está de parte de los ricos sino de los pobres, que no se siente a gusto en los palacios ni en las casas lujosas sino en la estancia de los desheredados, que no se encarna en un poderoso sino en un ser débil.
Herodes reaccionó cargándose a inocentes, porque el poder siempre intenta eliminar a quienes supone, en sus neuras, que pueden hacerle sombra estropeándole el negocio. Pero el Niño consiguió salvarse y reapareció hecho un hombre yendo a pie por todos los caminos, sin tener una casa donde refugiarse, comiendo donde le invitaban y, sobre todo, dando esperanza a los últimos al quererlos, convivir con ellos, curarles y levantarles el ánimo mostrando con su vida que Dios estaba con ellos actuando a través del mismo Jesucristo.
Jesús fue también un transeúnte y vivió en los márgenes de la sociedad. Por eso mismo, donde más sentido tiene celebrar la Navidad es en sitios como en la Granja Torrevirreina. ¡Gloria, pues, a Dios, y paz a las personas que son las preferidas por Él! Y el resto, a la cola.