LAS MISTERIOSAS PIERNAS DE CARLA BRUNI

 

            Les confieso sinceramente que hasta hace pocos meses no sabía quién era Carla Bruni. Su pasado artístico como cantante y modelo habían pasado desapercibidos en mi vida. Pero, cuando la Bruni enamoró apasionadamente al candidato francés Sarkozy, el mundo entero puso sus ojos en ella. Luego, como en un romance apasionado y vertiginoso, Sarkozy se separa, gana las elecciones y se convierte en presidente de Francia y la modelo en cuestión pasa a ser primera dama. Los viajes de la nueva pareja fueron seguidos mediáticamente por un sinfín de cámaras y esa historia de amor suscitó ríos y ríos de tinta en todos los periódicos. Incluso los telediarios abrían informando de sus viajes, del sombrero que llevaban o de sus miradas y besos cómplices buscando la supuesta lejanía de los fotógrafos. Sarkozy, que se había manifestado duro e inlfexible con las revueltas de los barrios marginales de París, parecía un tortolito enamorado al lado de la poderosa hembra que posaba en territorios exóticos en una glamorosa luna de miel.

 

            Pues bien, hace pocos días se subastaba una provocativa fotografía de la antes modelo en la que aparecía totalmente desnuda, poniéndose delicadamente una mano entre las piernas, como tapándose con recato su más preciado tesoro.

 

            La foto en cuestión, que se hizo en 1993 por el artista Michael Compte,  fue subastada hace pocos días y se vendió por la friolera de 91.000 dólares. El fotógrafo convenció al subastador para que el dinero de la venta se dedicara a una ONG, con lo cual subastador, modelo y fotógrafo tenían públicamente un gesto solidario. Decidieron que el dinero iba a ser destinado al pediatra belga  Beat Richner, que desde hace años dirige la ONG Kantha Bopha Children's Hospital. Esta ONG posee una red de Hospitales infantiles en Camboya, país que, como saben, después de una guerra atroz, quedó en la pobreza más extrema, con las semillas del odio clavadas en los corazones y con millones de niños mutilados y huérfanos.

 

            Pues bien, Beat Richner ha dicho que no, que rechaza el donativo, que muchas gracias pero que se lo metan donde les quepa. Lo ha dicho muy educadamente: “Esto no es Hollywood. No quiero que mi asociación se vea mezclada con la utilización mediática de la desnudez de la señora Bruni. Esta idea pretende conseguir publicidad para la subasta y renombre para el fotógrafo. Es un medio de servirse de nosotros. He tomado esta decisión por respeto a nuestros pacientes y sus madres. Aceptar este dinero proveniente de la explotación del cuerpo femenino se hubiera entendido como un insulto”.

 

            Habrá quien dirá que el pediatra se ha equivocado, que ese dinero hubiera podido servir para curar a niños, que bienvenida sea la pasta cuando se va a utilizar para el bien. Pero el pediatra ha preferido la dignidad, la suya y la de sus enfermos, a los dólares.

 

            El 22% del turismo del primer mundo que viaja a Camboya lo hace con fines sexuales. Miles de niños y niñas camboyanos están siendo prostituidos por turistas del primer mundo que encuentran en esas criaturas una diversión barata y perversa, menospreciando la dignidad de esos niños. En un país asiático, como Camboya, el desnudo femenino es humillante. ¿Cómo es posible aceptar tanto dinero de quien fomenta un estilo de sociedad que crea víctimas como las que el doctor Richner  y otros muchos voluntarios tienen que atender?

 

            Tal vez sea ése el mal del Primer Mundo, creer que con dinero uno puede hacer lo que le dé la gana, incluso practicar una solidaridad de espectáculo.

 

            Gracias a Dios quedan Quijotes en nuestra Historia, hombres y mujeres que prefieren las personas al dinero, que tienen una calidad humana extraordinaria, que creen que los seres humanos empobrecidos merecen toda la dignidad del mundo. Muchos de estos hombres y mujeres dejan sus tierras y se van a países sacudidos por hambrunas y miserias a reconstruir la dignidad de aquéllos a los que se la han robado. Son misioneros, voluntarios, médicos, payasos, gente variopinta, apasionados de la vida y con una profunda fe en el ser humano. Sus gestos son una profecía en este mundo de diseño donde todo se vende.

 

            El gesto del pediatra ha dejado a los magnates de la caridad, como a la Bruni de la foto, en pelotas. Gestos como ése nos enorgullecen de ser personas. Con suma elegancia les ha dicho a los de la subasta: Métanse el dinero donde les quepa… Tal vez sea eso lo que se tapaba púdicamente la Bruni en la fotografía.

 

JOSAN MONTULL

16.4.8