Hace poco participé
en una mesa redonda organizada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses
sobre Javier Osés y
Javier nació
en Tafalla y llegó a Huesca en 1969 como obispo auxiliar de don Lino, a quien
sucedió como titular en 1977. Fue un
hombre bueno y un buen vecino, antes cristiano que obispo y después también.
Recordaba frecuentemente las palabras de Jesús: “Vosotros no os hagáis llamar
maestro porque uno es el Maestro y todos los demás hermanos. Ni llaméis padre a
nadie sobre la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre”. Pensaba que la mayor dignidad es servicio a
los pobres, y quien no les sirve la pierde. Javier la mantuvo y fue respetado,
y querido, como pocos lo hayan sido, porque entendió y practicó ese consejo
evangélico. No se le cayeron los anillos por ir a comprar el pan o el
periódico, por conducir su utilitario, ni por sustituir los domingos a un cura
de pueblo... Se hizo un vecino de Huesca y Huesca lo hizo su hijo adoptivo. Su
lema fue: “Vivir, dejar vivir, ayudar a vivir y convivir”. El Gobierno de
Aragón, le concedió
Conocí a Don
Javier en el verano de 1970. Nos
acompañó en unas jornadas de las
comunidades cristianas de base en la
quinta Julieta de Zaragoza. Desde entonces fue amigo de Eucaristía,
siempre, y colaborador a veces. Esta
hoja y sus posters, que merecieron pronto la crítica elogiosa de Aranguren y de
Miret Magdalena y la aprobación sin reservas de Tarancón, sería más tarde
objeto de una campaña insidiosa en la que tuvimos con nosotros a Javier Osés:
“Te escribo - me decía en febrero de 1973- porque me llegan rumores de que hay
una especie de campaña contra vosotros
(...) Pero ya no se trata de una simple hoja, sino de una mentalidad, un
mensaje, algo que aúna a muchos y promueve a todos”. Y cuando pasó lo que tenía
que pasar en el “Caso Fabara” (1974), Javier se sintió afectado y criticó la
destitución de Wirberto sólo “por sus ideas, actitudes y léxico”. Comprendió de
nuevo que el caso era su caso y el de todos los fieles: “En el momento presente que se caracteriza
por el cambio y la renovación, la búsqueda de una Iglesia encarnada y
liberadora lleva consigo el afán de encontrar actitudes comprometidas,
lenguajes nuevos y estilos de auténtica catequesis”. Y fue acusado
inmediatamente de ingerencia por el arzobispo Cantero.
Los vientos
de la “Operación Moisés” (1966) habían soplado por toda España sitiada aún por
un “muro de incienso”, y los curas de Barcelona habían corrido por
De todo eso hablamos en la mesa. Y al final se alzó una voz en
la sala: “Me interesa saber dónde puedo encontrar esas comunidades, lo
necesito. ¿Alguien me lo puede decir?” Y uno, que es ya viejo y sólo puede dar
consejos, le dijo a la jovencita: “Para hablar con Dios no te hace falta, en
caso de necesidad puedes hacerlo sola o en comunión con los santos, que es lo
mismo. Y para conversar con los hombres y convivir es mejor que lo hagas con
todos. Don Javier decía que los ateos también profetizan y hay que aprender a
escucharlos”.
Jose Bada 9.11.2009