LES HEMOS HECHO PENSAR
Hablamos con Rafa Oliván, 30 años, miembro de un Movimiento de adultos,
“aunque para la mayoría de las cosas me siento todavía joven”, según nos
confiesa. Es catequista de Confirmación en nuestra parroquia y fue
presidente de MJAC (Movimiento de Jóvenes de Acción Católica) de
Lo de
Se sorprenden porque les hemos hecho
“pensar”. Y es que uno de los objetivos es que se planteen cosas y nos ha
resultado positivo que ellos hayan caído en eso.
Pero,
además de éstos, ¿hay más jóvenes funcionando en la parroquia?
Existe un grupo de MJAC, que lleva
la marcha propia del Movimiento, y un grupo de posconfirmación, que lleva parte
de metodología de MJAC pero más a su aire, según su ritmo y las necesidades que
vamos detectando, por lo cual es un grupo más irregular a los que tuvimos
incluso que poner en crisis para que decidieran si seguían o no pues fallaban a
las reuniones y han decidido seguir los 7 superando la crisis. Estos últimos
han partido de las problemáticas que viven muy cerca y también van saliendo
cosas relacionadas con su futuro. Les acompañamos en la realidad que viven y
desde una perspectiva cristiana.
El grupo de MJAC ha tenido una
asamblea importante porque se han fusionado con
¿Cómo ves la implicación de
todos éstos en la vida de la parroquia, algo tan deseado por los adultos?
La veo mal porque falta la conexión
con la parroquia. Ésta parece ser para muchos únicamente el lugar donde se
reúnen pero no se la plantean como comunidad o algo más. Por eso es muy difícil
ver a la gente joven en misa o en las actividades que la parroquia propone. Y
no sabemos cómo motivarlos para que cambien esto. No tendrían problema en estar
en una reunión con los adultos de la parroquia pero no se da ese paso porque
los jóvenes van muy liados con otras cosas y la parroquia acaba siendo siempre
el patito feo, la que se deja para lo último.
¿Han
cambiado mucho los jóvenes desde la época en que tú eras un retoño?
Yo creo que sí, pero el cambio es
incluso anterior a mi época. Antes los jóvenes no tenían tantas cosas y se iba
más en búsqueda de algo. Ahora la gente tiene de todo y no perciben otras
necesidades. Por otra parte, los inmigrantes no acaban de adaptarse totalmente manteniéndose
en su cultura. Los inmigrantes, sobre todo los latinoamericanos, viven la fe de
una manera mucho más natural, hablan de su fe como de algo muy asumido,
mientras que a los jóvenes españoles les cuesta más hablar de su fe.
¿Cómo
estás viviendo lo de ser animador de jóvenes, tú que llevas 12 años en la
parroquia?
Desde mi segundo año aquí he llevado
grupos y para mí no es una carga ya que de lo contrario no llevaría tantos años
de animador. Es algo que a mí me aporta mucho como persona y creo en esto. Mi
problema es que trabajo laboralmente a turnos y tengo que poner todas mis
reuniones en fin de semana y es difícil cuadrar horarios porque llego a tener
hasta 4 reuniones. En Confirmación comparto la animación con Laura y hay
reuniones al mes a las que no puedo venir pero está ella. A veces es
complicado, supone trabajo y tener que renunciar a otras cosas, pero merece la
pena. Me mueve mi fe y sería complicado hacer todo esto sin ella porque sería
un voluntariado raro y agotaría.
Muchos de estos jóvenes no viven dentro de los
límites geográficos de la parroquia de Begoña, incluido tú mismo que resides
actualmente en Torrero. ¿Cómo explicas este fenómeno?
La gente se
mueve por cosas vivenciales y ahora la fe se vive de
una manera más auténtica. Los jóvenes vienen a la parroquia por afinidad y no
por geografía. Al final uno se implica en lo que quiere. Aunque el compromiso
nos cuesta mucho a los jóvenes.