LES HEMOS HECHO PENSAR

 

            Hablamos con Rafa Oliván, 30 años, miembro de un Movimiento de adultos, “aunque para la mayoría de las cosas me siento todavía joven”, según nos confiesa. Es catequista de Confirmación en nuestra parroquia y fue presidente de MJAC (Movimiento de Jóvenes de Acción Católica) de la Diócesis de Zaragoza. Nos empieza comentando la realidad de la preparación a la Confirmación.

 

            Lo de la Confirmación ha sido relativamente fácil porque hemos tenido el apoyo de Viky, la religiosa concepcionista, y de Pepe, el cura, y nos hemos limitado, Laura y yo, que somos los que llevamos el grupo, a desarrollar los temas que nos habíais preparado. El grupo lo empezaron unos 14 aunque ha ido bajando hacia los diez. Sigue habiendo dos subgrupos: españoles y latinoamericanos, aunque la relación es muy buena entre ellos. Se supone que el año que viene se confirmarán, o al comienzo del otro curso para que puedan reengancharse en lo que sea. Nos reunimos los jueves a las ocho y media de la tarde y este curso han participado en dos cipifis (movida a base de ver una película de cine, tomarnos juntos una pizza y organizar una fiesta) con el resto de los jóvenes. El día de Reyes estuvieron en la Residencia con los abuelos y luego preparamos una misa de toda la parroquia.

 

            Se sorprenden porque les hemos hecho “pensar”. Y es que uno de los objetivos es que se planteen cosas y nos ha resultado positivo que ellos hayan caído en eso.

 

Pero, además de éstos, ¿hay más jóvenes funcionando en la parroquia?

 

            Existe un grupo de MJAC, que lleva la marcha propia del Movimiento, y un grupo de posconfirmación, que lleva parte de metodología de MJAC pero más a su aire, según su ritmo y las necesidades que vamos detectando, por lo cual es un grupo más irregular a los que tuvimos incluso que poner en crisis para que decidieran si seguían o no pues fallaban a las reuniones y han decidido seguir los 7 superando la crisis. Estos últimos han partido de las problemáticas que viven muy cerca y también van saliendo cosas relacionadas con su futuro. Les acompañamos en la realidad que viven y desde una perspectiva cristiana.

 

            El grupo de MJAC ha tenido una asamblea importante porque se han fusionado con la Acción Católica de adultos y con Junior para formar un solo Movimiento. Eso les ha llevado mucho trabajo y les ha agotado bastante. También han estado implicados en el Proyecto de Pastoral Juvenil de la Diócesis y en la vida normal del grupo (revisión de vida, planes personales, oración…).

 

¿Cómo ves la implicación de todos éstos en la vida de la parroquia, algo tan deseado por los adultos?

 

            La veo mal porque falta la conexión con la parroquia. Ésta parece ser para muchos únicamente el lugar donde se reúnen pero no se la plantean como comunidad o algo más. Por eso es muy difícil ver a la gente joven en misa o en las actividades que la parroquia propone. Y no sabemos cómo motivarlos para que cambien esto. No tendrían problema en estar en una reunión con los adultos de la parroquia pero no se da ese paso porque los jóvenes van muy liados con otras cosas y la parroquia acaba siendo siempre el patito feo, la que se deja para lo último.

 

¿Han cambiado mucho los jóvenes desde la época en que tú eras un retoño?

 

            Yo creo que sí, pero el cambio es incluso anterior a mi época. Antes los jóvenes no tenían tantas cosas y se iba más en búsqueda de algo. Ahora la gente tiene de todo y no perciben otras necesidades. Por otra parte, los inmigrantes no acaban de adaptarse totalmente manteniéndose en su cultura. Los inmigrantes, sobre todo los latinoamericanos, viven la fe de una manera mucho más natural, hablan de su fe como de algo muy asumido, mientras que a los jóvenes españoles les cuesta más hablar de su fe.

 

¿Cómo estás viviendo lo de ser animador de jóvenes, tú que llevas 12 años en la parroquia?

 

            Desde mi segundo año aquí he llevado grupos y para mí no es una carga ya que de lo contrario no llevaría tantos años de animador. Es algo que a mí me aporta mucho como persona y creo en esto. Mi problema es que trabajo laboralmente a turnos y tengo que poner todas mis reuniones en fin de semana y es difícil cuadrar horarios porque llego a tener hasta 4 reuniones. En Confirmación comparto la animación con Laura y hay reuniones al mes a las que no puedo venir pero está ella. A veces es complicado, supone trabajo y tener que renunciar a otras cosas, pero merece la pena. Me mueve mi fe y sería complicado hacer todo esto sin ella porque sería un voluntariado raro y agotaría.

 

Muchos de estos jóvenes no viven dentro de los límites geográficos de la parroquia de Begoña, incluido tú mismo que resides actualmente en Torrero. ¿Cómo explicas este fenómeno?

 

      La gente se mueve por cosas vivenciales y ahora la fe se vive de una manera más auténtica. Los jóvenes vienen a la parroquia por afinidad y no por geografía. Al final uno se implica en lo que quiere. Aunque el compromiso nos cuesta mucho a los jóvenes.