NO A LA LIMOSNA, SÍ A LA PROMOCIÓN


Ponerse a hablar sobre el asunto de la mendicidad produce en principio una cierta sensación de desasosiego ya que te obliga a caminar por el filo de una navaja entre la realidad y las apariencias, entre la injusticia y la picaresca e incluso en ocasiones la profesionalidad mendicante; y te enfrenta con tu propia responsabilidad como creyente que no sabe si da una respuesta adecuada o inadecuada al deber de caridad que es el fundamento de nuestro comportamiento. Pero no hay que echarse atrás sino afrontar el problema y adoptar posturas claras fruto de una reflexión no superficial sino que intenta ir a la raiz de los problemas para ayudar a las personas a vivir como tales.

Comenzaré por describir los "tipos" de mendigos con los que nos topamos:

* Para empezar nos encontramos con los que se sitúan en la puerta o en el patio de la iglesia, aprovechando la mentalización que se produce en las mismas acerca de la necesidad de practicar la ayuda al prójimo. Su comportamiento suele ser respetuoso, abriendo la puerta, limpios y con educación.

* Hay quienes, sin embargo, no se quedan ahí sino que acuden a la casa parroquial a pedirle directamente al cura, o que incluso se cuelan en el templo y piden en el interior del mismo. Lo cierto es que en ocasiones pierden esa actitud de respeto mencionada y reaccionan violentamente si no les dan lo que solicitan, por lo cual ha sido necesario en alguna ocasión el recurso a la policía.

* Otros piden en plena vía pública, normalmente en lugares estratégicos. Suelen utilizar carteles expresando su indigencia o adoptar posturas conmovedoras (por ejemplo, ponerse de rodillas). Hay que decir igualmente que suelen organizarse entre ellos para repartir puestos y horas y que a veces se pelean por ocupar un puesto codiciado.

* Los hay que van pidiendo por los pisos, utilizando en determinados casos tarjetas especiales de recomendación.

* Están los que organizan representaciones en la calle, fundamentalmente de carácter musical o pictórico.

* Y los hay, finalmente, que se mueven acompañando a las personas a lo largo de la calle y solicitando su limosna.



¿Cómo suele reaccionar la gente ante los mendigos? Voy a empezar describiendo comportamientos que obedecen a criterios que me parecen incorrectos.

* Hay reacciones de "conmiseración". Se derraman "lágrimas de cocodrilo" al ver su imagen enternecedora, pero estas lágrimas se olvidan al doblar la esquina de la calle y fijarnos en otros aspectos más risueños.

* Se duda: ¿me engaña?, ¿lo necesita de verdad o es un pícaro que hace su negocio de esta forma? Pero, por si acaso, le doy limosna y ya está.

* Le doy para quitármelo de encima, para que deje de molestarme o porque igual se enfada si no le doy nada y empieza a meterse conmigo.

* Le doy porque es un "deber" cristiano ayudar al pobre (claro que sin profundizar en qué debería consistir esa "ayudar" para que resultara más eficaz).

* Le doy para descargar mi conciencia: hago una "obra buena" (y así me siento yo también "buena" persona).

* Le doy o damos por cuestión de "imagen". ¿Qué diría la gente si yo, persona de Iglesia, religioso o religiosa, no ayudo (= doy limosna), sobre todo si tenemos en cuenta que los Obispos de Aragón dicen que debemos poner nuestras personas e instituciones al servicio de los pobres?



* Y los hay, igualmente, que reclaman que se prohiba tajantemente la mendicidad porque es un escándalo la imagen de miseria que dan los mendigos en lugares como la calle principal o la hermosa entrada de nuestra iglesia.



Detrás de todo esto suele haber posicionamientos bastante incorrectos, como por ejemplo:

* Reducir el problema de la mendicidad al plano individual del pobre, prescindiendo de que es un problema más amplio y con unas causas relacionadas con el tipo de sociedad que nos hemos montado.

* Dar limosna con una mano, mientras que con la otra nos negamos a reducir nuestros gastos consumistas.

* Observar el problema descomprometidamente, como algo que no afecta a mi estilo de vida y de cuya solución yo también soy responsable.



Puestos a buscar soluciones a esta cuestión, no estará de más intentar reflexionar sobre las "consecuencias" que produce la práctica de la limosna:

* Es evidente que puede paliar una urgencia inmediata, por ejemplo el hambre del momento. Pero también lo es que:

* Degrada al que la practica. Mantiene al mendigo en su situación. Genera dependencia y, por tanto, pasividad. Favorece el aumento de los que se dedican a pedirla. Invita a ganar dinero de manera "fácil". Provoca incluso disputas entre los mismos mendigos.

* Resta eficacia a los programas de los servicios sociales: los mendigos no quieren utilizarlos si tienen la confianza y seguridad de que en la calle y sin mayor esfuerzo van a obtener lo que quieren.

* Supone fomentar muchísimo el engaño, la estafa y la picaresca.

* Y, en definitiva, es INEFICAZ: llevamos años dando limosna y no se soluciona el problema, sino más bien parece que al contrario.



HACIA UNOS CRITERIOS DE ACTUACIÓN



A continuación os expongo algunos puntos claves que pueden ayudarnos a afrontar la problemática de la mendicidad desde unos criterios fruto de la reflexión desde la Plataforma Regional de Acción Social con Transeúntes:

En primer lugar hay que englobar el fenómeno de la mendicidad dentro del más amplio de la "pobreza". Se trata, por tanto, de pobres, aunque en la forma de relacionarnos con ellos conviene diversificar las situaciones: son pobres que mendigan.

Nuestro objetivo fundamental es "humanizar": queremos ayudar a que la persona sea persona, que se libere y tenga esperanza, en definitiva, que viva con toda su dignidad.

Nuestra actuación debe encuadrarse dentro de las exigencias de la "justicia" que la sociedad debe a todos y cada uno de sus miembros. No se trata de que parcheemos la injusticia: es preciso el reconocimiento y el ejercicio de sus derechos como ciudadanos, y esto hay que exigírselo especialmente a las autoridades públicas.

Y, finalmente, si queremos hacer algo válido movidos por nuestra fe de creyentes en Jesucristo Liberador, tenemos que "encarnarnos" metiéndonos a fondo en el problema conducidos por el "amor" al prójimo: acercarnos de lleno a la miseria del otro para luchar juntos y superar la situación.

Estamos hablando de "pobreza" y conviene destacar su aspecto social: hay causas sociales muy concretas que están provocando la existencia de pobres y, más en concreto, de mendigos. Por eso es imprescindible comenzar con un adecuado "análisis de la realidad" de la situación de éstos que nos lleve a una actuación social con un proyecto social "global" para el desarrollo y promoción de los mendigos y que afecte a todas sus necesidades como personas. No se trata de hacer "asistencialismo" (que parchea, descoordinadamente y sin un proyecto claro) sino "promoción". Y hacerlo "mojándonos", no dando unas migajas en forma de limosna que a nada comprometen y nada solucionan.

La limosna, tal como afirmamos desde la citada Plataforma Regional, es indigna de la persona y una ofensa al Dios Padre de todos. Y, puestos a dar orientaciones bien concretas, aquí os ofrecemos algunas:

* Debemos abandonar la práctica de la limosna individual dada al mendigo que te la pide.

* Es preferible y deseable que ese dinero se entregue a las organizaciones concretas que realizan un trabajo social dignificador.

* Hay que favorecer el compromiso y la colaboración de los ciudadanos con estas organizaciones.

* Para facilitar lo anterior, hay que informar de los servicios concretos ya existentes así como de sus direcciones, empezando por los de la misma parroquia.

* En cualquier caso siempre será mejor ofrecer un trabajo que no una limosna.

* Y, en definitiva, debe ser labor de la Administración Pública, obligada por los preceptos constitucionales y apoyada por las organizaciones privadas, la tarea de solucionar el problema de la mendicidad, ya que sus raíces se alimentan de la injusta organización social en que vivimos.



Ojalá asumamos las auténticas exigencias del amor al prójimo y no caigamos en las "trampas" que los mismos mendigos (buenos conocedores de nuestras "debilidades" sensibleras) explotan con habilidad. Y esto vale incluso para cuando se nos presentan a horas en que ya están cerrados los servicios de asistencia: por eso lo hacen, para conmovernos más. Recordemos que el amor no está reñido con la exigencia, y que al ceder ante sus "chantajes" no les ayudamos en absoluto sino que reforzamos su estrategia que, entre otras cosas, les impide dar pasos válidos para promocionarse como personas.