EDITORIAL
Los obispos y el voto
La Conferencia Episcopal vuelve a interferir
en la política, interviniendo en la precampaña
El País 01/02/2008
La Conferencia Episcopal
ha emitido una nota sobre las elecciones del 9 de marzo, en lo que ya parece
haberse convertido en una rutina. No se trata de negar a los obispos su derecho
a introducir sus mensajes pastorales en la vida política, sino de recordarles
que, a diferencia del resto de los ciudadanos, ellos disponen de un espacio
exclusivo y reservado para hacerlo: los templos. Si se deciden a abandonarlos,
como sucede cada vez que emiten una nota semejante a la de ayer, deben atenerse
a las reglas pactadas entre ciudadanos y recogidas en la Constitución y las
leyes. En el terreno político, ni son pastores de nadie puesto que rige el
principio de una persona, un voto, ni pueden reclamar la posesión de la verdad
si no es a costa de incurrir en fanatismo.
La
nota de la
Conferencia Episcopal recomienda a los católicos el voto al Partido
Popular por la vía de describir los partidos a los que no deben apoyar, sin
nombrar ni a uno ni a otros. Es una opinión política y no doctrinal, que, en
todo caso, colocaría a los obispos ante la necesidad de explicar qué
tratamiento reservarán a los creyentes que no sigan su consigna o que militen
en formaciones que no son la que recomiendan. Pero, sobre todo, coloca al PP
ante la obligación de pronunciarse sobre la autonomía de la esfera política en
nuestro sistema constitucional: el intento de hacer coincidir el número de los
católicos españoles con el número de sus votantes le pone en evidencia, tanto
como a la jerarquía eclesiástica.
El
retrato en negativo de los partidos a los que, según la Conferencia Episcopal,
no deben votar los católicos está trazado con rasgos insidiosos, que no
responden a la realidad. No es cierto que existan "dificultades crecientes
para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de
la escuela pública". Lo que sucede, por el contrario, es que la escuela
pública no puede convertirse en agente de catequesis católica, como pretende el
sector más integrista de los obispos. La mención a la negociación con los
terroristas está redactada con particular malevolencia: ni la sociedad española
ni ningún partido democrático ha considerado nunca que una banda de asesinos
sea "representante político de ningún sector de población" o
"interlocutor político" de nadie.
La
búsqueda del consenso en el interior de la Conferencia Episcopal,
profundamente dividida ante sus propias elecciones de marzo, ha hecho que la
nota recoja algunos principios constitucionales que deberían regir las
relaciones entre la Iglesia
y el Estado. Habría que tomarle la palabra a los
obispos y animarles a que den pruebas de que, en efecto, respetan "a
quienes ven las cosas de otra manera" o de que no confunden la "aconfesionalidad o laicidad del Estado con la
desvinculación moral". Ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía tendrían,
por ejemplo, una ocasión inmejorable para demostrar que son fieles a sus
propias recomendaciones.