J. Mª. Castillo, Religión Digital 09.08.11
Sin
duda, mucha gente pensará que es un despropósito relacionar los viajes del
Papa con los viajes de Jesús. Veinte siglos separan unos viajes de otros. Y
casi todas las circunstancias, que rodearon y rodean una cosa y otra son tan
distintas, que relacionar aquello con esto no puede tener otra finalidad que
terminar diciendo que aquellos viajes no tienen nada que ver con éstos. Con lo
que, a fin de cuentas y si todo esto es así, lo que aquí se pretendería sería sencillamente
desprestigiar al Papa.
Por
supuesto, a quien piense como acabo de indicar no le faltan razones para
hacerlo. Pero también digo que, si el solo título de este artículo pone
nerviosas a algunas personas, quizá se pueda pensar razonablemente que, al
menos de entrada, nadie tendría por qué tener prevenciones de que, a propósito
del viaje del Papa, se diga algo de cómo, por qué, para qué y con quién viajaba
Jesús. ¿No decimos que el Papa es el Vicario de Cristo en la tierra? El
Diccionario de
Y
así es. Jesús viajaba para hablar de Dios. Y para eso viene el Papa a Madrid.
Jesús viajaba para buscar a los alejados de Dios. Y para eso se ha organizado
Al
hacerme estas preguntas, no pretendo cuestionar ni el costo económico que va a
tener el viaje del Papa, ni lo que pretenden quienes han
organizado este viaje, ni lo que buscan los que van a viajar hasta Madrid para
escucharlo. Yo me pregunto algo que es mucho más grave, más apremiante, más
fuerte: estando como están las cosas en los países del cuerno de África,
donde cientos de miles de criaturas se mueren de hambre y de escasez, y en
vista de que los países más poderosos del mundo no le ponen remedio a esa
situación tan angustiosa, ¿por que el Papa no se va, de momento al menos, a
Somalia y Kenia, y se queda allí, en los campos de refugiados, hasta que no
se le ponga un remedio eficaz a esta situación de tantos seres inocentes que se
debaten entre la vida y la muerte? Si hay fundadas esperanzas de que un
gesto así del Papa fuera un zarandeo a la conciencias de tantos
multimillonarios que podrían aliviar el presente estado de cosas, ¿por qué no
lo hace el Papa? ¿No es más necesario, más importante, más humano, más
evangélico, en este dramático momento, irse con los pobres moribundos que
entrar triunfante en el apoteósico recibimiento que se le va a hacer en Madrid?
Y
conste que me voy a poner el parche antes de que me salga el grano. Porque son
mucos los que van a decir que todo esto es demagogia barata, utopía inútil, etc, etc. Pero aun a riesgo de que se me eche en cara todo
eso, y mucho más, no voy a dejar de decir lo que siento, ante una necesidad tan
patente y que tanto clama al cielo. Es más, si lo digo, no es para atacar a
Por
supuesto, que el Papa se reúna con los jóvenes y les remueva las conciencias,
les indique el camino del Evangelio y les descubra horizontes de humanidad. Pero,
por favor, lo primero es lo primero. Y, sin duda alguna, lo más urgente, en
este momento, es salvar la vida de tantas personas que son los “nadies” de este mundo. Y termino afirmando que esto no
es sólo para el Papa y los obispos. Es para todos. Para mí el primero. Para que
todos tengamos el coraje de afrontar una situación que no admite espera.