MÁS HUMANIDAD, ¡POR FAVOR!
Comienza 2009 con una cierta sensación de cansancio porque a uno se le empiezan a quitar las ganas de brindar expresando deseos de cara al año nuevo y para esta Iglesia de mis amores. Y se le van quitando a uno las ganas de brindar porque el peso de la institución es tan enorme que prácticamente impide cualquier paso nuevo, esclava como resulta ser de los esquemas en que se viene moviendo desde hace tiempo. Curiosamente he recuperado un artículo de 2005 en el que se expresan los deseos ante lo que el “nuevo” Papa (Benito XVI) podría cambiar (podéis leerlos en la sección “aporto”); pero, desgraciadamente, los deseos, tan legítimos como otros, no se plasman en realidades y seguimos envejeciendo agarrados a unas fórmulas oficiales que no conducen a ningún sitio como no sea al estancamiento más estéril.
El caso es que no sólo ocurren “cosas raras” por las alturas jerárquicas. Hace pocos días me felicitaron unas personas que, procedentes de otras parroquias, habían acudido a una misa en Begoña. Y su felicitación se centraba en el hecho de que en mi homilía no había mencionado el “infierno” ni enviado a nadie a él. Pero ¿es posible que todavía, queridos colegas curas, estéis dedicándoos algunos a amedrentar al personal en una celebración que debería resultar gozosa y esperanzadora?
Es
imprescindible que se le dé un “remeneo” a tanta hojarasca como se nos ha
pegado. Yo, por mi parte, desde hace tiempo procuro en mis homilías ir
desmontando las interpretaciones “literales” de
Por lo demás, tengo la sensación de que nos va a pasar algo parecido a lo del cambio climático: cuando queramos tomarnos en serio el cambio eclesial igual resulta que es demasiado tarde. Lamento que el Papa actual no se haya embarcado en otra dinámica con más visos de futuro. Lamento que nuestros obispos pongan la cuestión de la familia y temas afines en el centro de sus preocupaciones, escritos y declaraciones. Desde luego, en los Evangelios no se encuentra eso como tema central ni siquiera como secundario, como no sea para hablar de Dios como Padre y de nosotros como hermanos, que eso sí que es fundamental. Los familiares de Jesús más bien le tenían como un poco “aventado” y trataban de “reconducirlo” para que se acomodara a cuidar de su familia, como hacía todo el mundo. Y, desde luego, no aparece por ninguna parte que Jesús se casara y fundara su propia familia, aunque tampoco hay que excluir esa probabilidad si bien es evidente que incluso si hubiera sido así no habría producido más “teología” por ello ya que no vemos rastros en los evangelios. Lo importante para Él era la disponibilidad para con Dios, su preocupación por los marginados, la curación de los enfermos de todo tipo, la denuncia de los abusos de poder de los que mandan, el compartir lo que tenemos, el trabajar por la paz, el amor incluso hacia quien te hace la puñeta.
Me temo que este 2009 vamos a seguir con las mismas “batallitas” episcopales y que seguiremos aguardando signos de esperanza, gestos de amor, comprensión y misericordia hacia todo lo humano, diálogo con los que opinan diferente, desaparición de ropajes que resultan a todas luces ridículos, humanización de las burocracias diocesanas, apoyo pastoral a quienes se encuentran en primera línea, opción decidida por los pobres, humildad en el lenguaje, etc. Cuanto más “humanos” seamos más nos pareceremos al Dios encarnado entre los pobres. ¡Y es que nos falta tanta humanidad!
Sobre
este tema permitidme una confesión o un desahogo: hace poco más de un año dimití
de mi cargo como director de
Lo dicho: sin humanidad ni hay divinidad ni hay salvación. A ver si en 2009 cambiamos los parámetros, nos hacemos más “normales” (= humanos) y, conscientes de que nuestra vocación no es el poder sino el servicio, ofrecemos desde nuestra pequeñez pistas para acercarnos a la oferta de nueva vida que nos regala el Evangelio de Jesús.
Pepe Nerín
1.1.2009