MEMORIA AGRADECIDA
Ignacio Cendoya, párroco de
Ignacio,
el “aceras”, el que pateaba todas las aceras, cogiendo capazos sin fin,
preocupándose por los que peor lo pasaban, esos “marginados” con los que se
dedicó a convivir e incluso los adentró en su propia vivienda. Una “santa”
complicación para él y para los demás, digna de un cura humilde y sencillo,
amigo y compañero de los pobres.
No
quiero que falten unas palabras escritas con motivo de esa gran fiesta de las Bodas
de Oro de nuestra querida parroquia de Madre de Dios de Begoña.
Lo
primero agradecer a tantos el cariño, la acogida y las oraciones que habéis
tenido para conmigo durante ese periodo de mi vida. En mi acción de gracias por
vosotros a Cristo, me acuerdo también de Roberto, Alfonso, Benito, compañeros ”curas” que la presentarán al Padre.
Mención
aparte para los miembros (laicos) que estuvisteis conmigo entonces y que se nos
adelantaron en el Señor. A todos ellos gracias, en especial a Ti Carmina.
Lo
siguiente es deciros que recibí muchas ayudas, palabras y correcciones que me
estimularon en la misión que me había sido confiada: animar a crear una
“Comunidad”
de comunidades.
Recuerdo
las comidas de los miércoles, la oración de los sábados y cena posterior, las
reuniones variadas, las eucaristías, grupos y, más tarde, los campamentos
familiares de verano la fueron realizando poco a poco.
La
apertura de
La
apuesta por los niños (Guardería) y más tarde por los mayores (residencia)
expresaron el deseo de Servicio de la nueva Parroquia a todos. Una Iglesia tan
abierta que el patio y el paso de la calle Daroca se convirtió en una
servidumbre de paso. La necesidad de las rejas de entrada evidenciaron
la falta de realismo a los nuevos tiempos que se alumbraban.
Finalmente
dar las gracias al Señor, por vuestro párroco, amigo y compañero, Pepe, que
me ha invitado a escribir y que sigue
fiel al amor del Crucificado resucitado. Él, con sus compañeros Alfredo e Iván,
son el mejor relevo a estas Bodas de oro.
Un abrazo fuerte para todos.