Mí no comprrenderr

 

De niño fui un gran lector de cómics. Roberto Alcazar y Pedrín, El guerrero del antifaz, El Jabato, El capitán Trueno y muchos más me proporcionaros horas fantásticas. Recuerdo una aventura en la que el valeroso servidor de la ley Roberto Alcázar que, con el joven Pedrín, investigaba asuntos de máximo nivel policial. En la aventura un extranjero (sospechoso de ser espía) llegaba a España y miraba extrañado nuestro folclore y nuestras tradiciones. Nuestros héroes trataban de explicarle las excelencias de nuestras tradiciones y costumbres. Pero el extranjero miraba extrañado y exclamaba “Mi no comprenderr”. La frase en cuestión suscitaba la risa de los protagonistas de la historia que veían al guiri como a un pobre memo que, desorientado, miraba sonriente a los hispanos que socarronamente ironizaban sobre su ignorancia.

 

Los héroes de cómic anteriormente citados defendían los valores patrios como pocos y daban a conocer que el resto de los mortales eran unos perfectos mentecatos.

 

Pues bien, he tenido la sensación últimamente de sentirme extranjero no sólo en mi país, sino en el planeta que habito. Me da la impresión de que me quieren explicar cosas maravillosas y cantarme las excelencias de acontecimientos que son en sí contradictorios y que no me entran en la cabeza.

Hace pocos días los mandatarios de nuestro país, por ejemplo, hablaban contra el coronel Gadafi llamándoles dictador y tirano. Cantaban las excelencias del pueblo libio y de los países árabes que luchaban por su libertad para derrocar a los tiranos; pero meses antes Gadafi y Zapatero se reunían tan ricamente mientras se besaban ritualmente antes de iniciar una negociación. No acabo, pues, de entender, este cambio de parecer en nuestros representantes. Ya no entendía antes que bramaran a favor del pueblo palestino contra la violencia de Israel, a la vez que vendían armas a éste país para bombardear la franja de Gaza, por poner un ejemplo.

 

También me quedé sin entender el tema del premio Nóbel de la paz. El pasado año se lo dieron a Barak Obama. Sin negar los méritos que pueda tener el actual presidente de USA, me extrañó, de entrada, que el premio Nóbel de la Paz se le otorgara al presidente de un país que todavía mantiene la pena de muerte en su legislación. Pero ya dejé de entender todo con el último Nóbel de la Paz. Se le otorgó al disidente chino Liu Xaiaobo. En la actualidad este defensor de la tolerancia está en la cárcel precisamente por su lucha a favor de la libertad. La dictadura que preside Hu Jintao prohibió que fuera a recoger el premio y lo mantuvo en la cárcel. Las naciones democráticas clamaron a favor de la libertad, denunciando el gesto insoportable del gobierno chino. Meses después Hu Jintao era recibido entre abrazos y saludos por el anterior premio Nóbel de la Paz, Barak Obama. El vicepresidente de la dictadura china, Li Keqiang, fue recibido con grandes honores y sonrisas por el presidente del gobierno de España y por la ministra de Asuntos Exteriores. Me extrañó porque meses antes habían declarado su repulsa al hecho de que el premio Nóbel de la paz siguiera en la cárcel.

 

Había ocurrido antes con otro premio Nóbel, el Dalai Lama. Cuando éste fue recibido por Obama en la Casa Blanca, el gobierno chino manifestó que en modo alguno tenía que ser recibido con los honores de Jefe del Estado (Ya saben ustedes que el Tibet fue invadido y anexionado a China hace más de 50 años, obligando a su presidente, el Dalai Lama, a vivir en el exilio). La Administración Obama tuvo que optar por una solución intermedia. El lider espiritual y presidente en el exilio del Tibet, por la paz en casa, tuvo que entrar por la puerta de atrás, no por la puerta reservada a los presidentes de los gobiernos.

 

Ya sé que me dirán ustedes que China es una gran potencia económica con la que hay que estar a bien y que Libia produce el petróleo que nos es necesario a nosotros. Sí, ya lo sé, pero comprendan que me sienta incómodo cuando los mismos que pactan con tiranos nos dan consejos sobre democracias y libertades. Puedo comprender, por ejemplo, que la ley contra el tabaco tenga una justificación sanitaria y de carácter humano; pero no entiendo que en nuestro país los juegos de azar tengan cada día más carta de ciudadanía y seamos el segundo país en el mundo donde haya más juegos de este tipo. El primero es Filipinas, luego llegamos nosotros. Puedo entender que en un bar no se fume, pero me resulta repulsivo que en ese mismo bar haya varias maquinas tragaperras cuando en nuestro país hay casi 5 millones de parados y los juegos de azar son una alienación morrocotuda.

 

Tal vez es me esté haciendo muy utópico. Tal vez me falten luces. Pero me siento cada vez más desnortado es un mundo que se las da de tolerante y sonríe a los tiranos porque económicamente nos conviene.

 

Me imagino así, en blanco y negro, con unos dibujos sencillos y fascinantes, con Roberto Alcázar, Pedrín y varios mandatarios públicos actuales, rodeándome con sus brazos, cantándome las excelencias de nuestra civilización y muriéndose de risa mientras yo les digo “Mi no comprenderr.

 

Josan Montull

20.03.2011