MONOGRAFÍA

DE UN TRABAJO PASTORAL CON ADOLESCENTES

EN LOS AÑOS 80



He sido animador de un grupo de 3 chicos y 5 chicas de 2º de BUP y FP, de un barrio del Casco Viejo, de familias trabajadoras más bien no practicantes. La mayoría estuvieron de niños en el Movimiento Junior de Acción Católica. El curso pasado tuvieron otro animador con el que, me dijeron, trabajaron la cuestión de la creatividad. Se sentían a gusto en el grupo y sus propuestas al principio de curso de cara a este año fueron dos: intentar solucionar algún problema del barrio y hacer excursiones con otros grupos de adolescentes para conocerse. Nos juntamos los viernes a las siete de la tarde.

Por lo que a mí respecta, mis objetivos eran los que nos marcamos en nuestra parroquia para este segundo curso de nuestra pastoral con adolescentes: tras aclararse acerca de su identidad y de su nueva situación como adolescentes (primer curso), este año les tocaba ir analizando la realidad que les rodeaba, profundizando en ella con el método de la revisión de vida (ver-juzgar-actuar). Tenía la intención de ayudarles en ese análisis, todo lo vital posible y alejado de dar sin más un tema.

A propósito de los problemas del barrio y de los adolescentes hicieron una encuesta entre sus compañeros con la que confeccionaron una amplia lista, inclinándose finalmente por tratar el problema del aburrimiento. Quedamos en trabajarlo con el método del ver-juzgar-actuar, y que ya podían ir recogiendo material y hablando con la gente de esta cuestión. Por otra parte, hablamos también de los locales en los que nos reuníamos y de la decoración de los mismos.



El aburrimiento



Trabajamos al principio un póster de un libro comentando lo que les sugería acerca del aburrimiento, los sentimientos que les producía, la conexión con sus experiencias, etc. Luego se dedicaron a entrevistar a sus compañeros acerca de en qué consiste el aburrimiento, si se aburrían y cuándo. La recogida de estos datos, su análisis y el comentario acerca de su situación en este problema nos ocupó hasta Navidad. Juntamente con esto se apuntaron a alguno de los talleres (trabajos en cuero, chapas, decoración de camisetas, etc.) que organizamos con los de los otros grupos de adolescentes.

En enero comentamos un texto de un libro de religión tratando de hallar las causas profundas del aburrimiento. Luego sacamos a relucir la actitud de Jesús, su dedicación a proclamar un mensaje, la parábola de la perla (dejarlo todo por ella). El tema religioso lo suscitó de manera especial uno de los chicos al comentar que se le reían en clase a causa de su fe, y llegamos a la conclusión de que a veces no nos dejan ser nosotros mismos y eso también contribuye al aburrimiento.

Quedamos en buscar qué hacer ante este problema muy propio de los adolescentes. Nos dedicamos a analizar y descubrir puntos de interés de cada uno, puesto que interesarse por algo es fundamental para superar el aburrimiento. Cada uno fue contando sus aficiones (escribir novelas, pintura, educación física, etc.). Además intentamos ser creativos con respecto a la excursión que íbamos a realizar con gente de otros grupos.

Como no acababan de aterrizar en alguna propuesta concreta de acción, les propuse que nos centráramos en la Casa de Juventud del barrio, como un lugar de interés y plataforma contra el aburrimiento, cerrada hace meses y no reivindicada. Decidimos ir a ver la Casa de Juventud de otro barrio. Como primer paso acudimos al Ayuntamiento para informarnos sobre la reapertura de nuestra CJ, y de allí nos enviaron al CIPAJ (Centro de Información para Actividades Juveniles). Pensamos, además, informar a otros adolescentes sobre todo lo que fuéramos averiguando. Visitamos la citada CJ y nos la enseñaron hablando mucho rato con el animador de la misma a quien yo conocía. En la siguiente reunión de grupo intentamos hacer un resumen de lo descubierto en nuestra visita.

Tras bastantes esfuerzos fuimos poco a poco elaborando una serie de propuestas de cara a la reapertura de nuestra CJ. Y les invité a que acudieran a una reunión en la Asociación de Vecinos en la que se iba a tratar el tema de la citada Casa, reunión a la que asistieron para presentar sus propuestas a pesar de que les daba bastante corte hablar en público.



Los problemas familiares



Hacia mitad de marzo intentamos sacar entre todos el nuevo problema a analizar y destacaron el del dinero, la visión que de ellos tienen sus padres, las notas y el obligar o no a estudiar. Decidieron analizar los problemas familiares. Y como estábamos cerca de la Semana Santa dedicamos una de las reuniones a comentar cómo la vivían ellos y la gente en general.

Tras las vacaciones de Semana Santa, y después de comentar lo que habían hecho en ellas, presentaron diversos conflictos que les pasaban en sus casas y eligieron el caso presentado por una de las chicas: "el sábado llegó a casa tarde por la noche y su hermano puso cizaña durante la cena contra ella; su madre intentó tapar el asunto, pero su padre acabó por echarle a la hija una bronca". Analizamos el asunto con casos parecidos de los otros y se comprometieron a hablar durante la semana con sus compañeros sobre este problema.

Como a uno de los chicos le habían caído 8 suspensos y todavía no había presentado las notas en casa, nos dedicamos en una reunión a analizar el por qué de su situación: no llevarse bien con sus compañeros, querer estudiar BUP y no FP, querer cambiar de colegio, le tiraba más el trabajar que estudiar. Otro día nos tocó comentar los amores de una de ellas que salía con un chico desde aquella semana. Todo esto, junto con ausencias a las reuniones por parte de bastantes, nos obligó a ir muy despacio en el problema que habíamos elegido. Por otra parte, también tuvimos que empezar a hablar del campamento de verano en el que pensaban participar.

Retomado el problema familiar, hicimos un role-playing (representación) sobre el mismo, analizando la actuación de los diversos personajes, viendo las causas y consecuencias de sus comportamientos. Destacamos los aspectos positivos y negativos del hecho y dijimos a continuación los valores que habría que potenciar, procurando yo como animador hacer constantes referencias y citas a los valores destacados por Jesús.

Llegado el momento de actuar, salió la posibilidad de tener una reunión con los padres, pero la descartamos por ser difícilmente viable. Al final optamos por redactar por escrito lo que habíamos reflexionado y que cada uno lo presentara en su casa para comentarlo con los padres. La redacción del escrito les llevó casi un mes a causa de que no les resultaba nada fácil hacerlo y de que estaban ya en plenos exámenes.

Durante el curso tuvimos celebraciones (Eucaristías) en plan campestre en las excursiones que realizábamos y los domingos algunos seguían acudiendo a las misas de chavales que organizábamos en la parroquia, si bien lo más normal es que no acudieran a misa porque se aburrían. Al terminar el curso nos montamos una celebración en la iglesia de unas monjas de clausura a la que se sumaron algunos adultos de la parroquia, pero lo cierto es que, pese a que incluimos muchos elementos (música sobre todo) de su gusto, se sintieron cohibidos desde el principio por la numerosa presencia de los adultos.



Un nuevo curso



Tras el verano, en la primera reunión les hice una panorámica de su recorrido desde el Junior hasta su etapa de Jóvenes, insistiendo en la importancia de este curso para decidir qué sentido querían darle a sus vidas. Comentamos qué propuestas tenían de cara a los talleres y a las excursiones, y no conseguí que se autoorganizaran económicamente con algún tipo de cuota. Algunos de los chicos me comentaron más tarde en mi casa (a donde venían a verme con bastante frecuencia) que querían ser educadores del Junior.

Les entregué un cuestionario, elaborado por mí, para analizar la situación del grupo y la fuimos comentando en reuniones sucesivas. Ante el déficit de conocimiento mutuo que manifestaron, hicimos una fotopalabra para conocernos mejor. Sirvió para sacar a relucir aspectos interesantes de su personalidad que necesitaban un apoyo por parte de los demás (timideces, problemas familiares, de estudios, etc.).

Para analizar la realidad juvenil y partir de ella se comprometieron a aportar algún hecho interesante que les hubiera pasado a ellos o a otros adolescentes. Tras este análisis intentamos entre todos elaborar un plan de trabajo hasta final de curso y salió éste: 1) conocimiento de los jóvenes del barrio (lenguaje, música, locales, ropa, tipos, etc.) destacando lo positivo y lo negativo, y en qué medida coincidíamos o no con ellos (hasta mitad de febrero), 2) análisis de proyectos de vida comprometidos (de mitad de febrero hasta Semana Santa) y 3) cómo se lo iba a montar cada uno (en el mes de mayo).

Entre tanto ocurrió la huelga de estudiantes de medias en toda España y nos dedicamos a analizar la misma así como el papel de los componentes del grupo. Con ello pretendí que pensaran por su cuenta y que no pasaran de los problemas: ésa debe ser la actitud de un cristiano, les comenté.

Tal como lo programamos fueron recogiendo aspectos del primer punto y los expusieron al grupo. Con parte de este material escribieron algún artículo para la revista "¡Qué flipe, Felipe!" que elaboraban los componentes de otro grupo de adolescentes de la parroquia. Tras comentar el documento "La vida de un joven de barrio" organizamos la fase siguiente consistente en visitar a grupos que lleven a cabo un proyecto de vida comprometido. Visitamos primero un convento de clausura, ya que las chicas tenían mucha curiosidad. Las monjas nos dejaron un audiovisual que a la semana siguiente proyectamos en el grupo y comentamos sus impresiones. Por lo general no se sentían muy inclinados a vivir ese estilo de vida, aunque algunas chicas querían ir a pasar unos días allí.

La aparición del siguiente número de la revista dio pie a comentar su contenido y a que se comprometieran a apoyarla económicamente. Los chicos, por su parte, se empeñaron en que teníamos que ir a ver al Arzobispo, por lo cual nos organizamos pensando en una serie de preguntas a hacerle, y conseguimos que nos recibiera y estuviera con nosotros casi una hora enseñándonos incluso su propio despacho de trabajo. Esta cuestión les llevó a tratar cuestiones de Iglesia, como la de Marcinkus y la economía vaticana, acabando en comentar las misas de chavales y la sugerencia del grupo de intentar organizar alguna misa acomodada a los adolescentes. Uno de los chicos lanzó incluso la cuestión de la misa en su clase y me pidió datos sobre la asistencia a misa.

En abril hicimos una excursión al Pirineo con adolescentes de otros grupos y visitamos una comunidad de matrimonios jóvenes y fuimos a cenar a casa de un militante de la JOC, todo ello con la intención de conocer sus planteamientos vitales. Y acabamos el curso haciendo un resumen de los aspectos más significativos que habíamos ido descubriendo y analizando sus proyectos de cara al verano y acerca de cómo pensaban montárselo vitalmente de cara al futuro. A los que apuntaron más claramente una opción de vida creyente les propusimos la preparación a la Confirmación durante el curso siguiente.