NECESITAMOS


El final de curso es momento de evaluaciones. En las parroquias se reúnen los Consejos Parroquiales y repasan lo que se ha sido y lo que se ha hecho desde que en septiembre se comenzaron a fijar los objetivos. Y a nuestra diócesis, ¿quién y cuándo se la evalúa? Porque no podemos separar ambas realidades si no queremos quedarnos sin entender muchas claves de lo que está sucediendo. Sin pretender arrogarme nada, simplemente tratando de colaborar, me permito aportar algunas reflexiones no tanto sobre lo que hemos hecho sino sobre lo que necesitamos de cara al futuro en esta querida Diócesis de Zaragoza:

- Necesitamos comunidades adultas formadas por cristianos adultos, capaces de tomar decisiones sin ser tuteladas por los curas, capaces de ir más allá de los esquemas de siempre, comunidades de fe, de encuentro y de salir al encuentro, comunidades insertas solidariamente en su entorno y comprometidas con los gozos, esperanzas y dolores de la gente, comunidades de acogida y de testimonio evangélico.

- Necesitamos creyentes dispuestos a comprometerse en las tareas de la evangelización, asumiendo los diversos ministerios de todo tipo o tareas que hoy son necesarias, sin limitaciones de sexo o estado civil. Creyentes que no tengan miedo a expresarse libremente, a hablar claro, a decir las verdades del barquero incluso a sus dirigentes.

- Necesitamos obispos audaces y comprometidos, cercanos al pueblo y en contacto solidario con los pobres, con un pensamiento teológico no anclado en el pasado y con un talante fraterno de hermano mayor, con una espiritualidad no ritualista y un ejemplo de vida que acerque el Evangelio desde el servicio y no desde el mando o dominio, que no estén tan interesados en adoctrinar sino que sean capaces de escuchar, especialmente los gemidos de los pobres.

- Necesitamos cambiar la imagen nefasta que para muchos de nuestros conciudadanos tiene hoy la Iglesia Católica, presidida por obispos que se oponen frontalmente a cualquier realidad que ellos no controlen o dominen, como aspirando a recuperar el poder del que disfrutaron en épocas pasadas. Necesitamos acabar con la identificación con las corrientes más conservadoras: es del todo un claro abuso la identificación práctica con los partidos de derecha y su oposición rabiosa a los de izquierda y a sus propuestas de tipo social. Muchos no estamos dispuestos a seguir consignas políticas, las dicte quien las dicte. El último ejemplo que nos han dado ha sido el de la cruzada episcopal contra la asignatura "Educación para la ciudadanía" que a muchos nos parece una asignatura muy necesaria y conveniente.

- Necesitamos que los medios de comunicación oficiales de nuestra Diócesis sean plurales y que afronten sin limitaciones las grandes cuestiones del momento. Necesitamos una opinión pública en la Iglesia que no se limite a ser el eco de la voz de los dirigentes. No son de recibo muchos de los contenidos y expresiones de la COPE, pero tampoco lo son las limitaciones o censuras que se ponen en otros medios eclesiales a todo aquello que suponga la más mínima de las críticas a las líneas oficiales.

- Necesitamos situarnos frente a la sociedad de una manera positiva y no negativa. No podemos encerrarnos en guetos ni estar permanentemente a la contra justificándolo en el hecho de que el Evangelio se presenta como alternativa frente a los "horrores" de este mundo. Hay que querer al mundo, es decir, a la gente, a las personas. Hemos de sentirnos miembros de una sociedad de la que formamos parte y sin pretender dirigirla. Hemos de aplaudir sus avances democráticos, científicos, técnicos, artísticos y de todo tipo, al mismo tiempo que somos críticos con lo que perjudica a la humanidad, especialmente a los pobres. Hemos de ampliar nuestro concepto de lo "natural" asumiendo que los hombres y mujeres tenemos derecho e incluso obligación de influir sobre él para mejorar con nuestras técnicas aquello que es claramente deficiente por ser inhumano. No tenemos derecho a considerarnos intérpretes exclusivos de una supuesta "ley natural" que sistemática parece utilizarse como freno para cualquier desarrollo que no les guste a algunos.

- Necesitamos un Plan Pastoral que afronte en serio los graves problemas que tenemos planteados en nuestra Diócesis, más allá de la necesidad de curas. Necesitamos más valentía y audacia para sacar conclusiones de las consecuencias del cambio de época en que nos encontramos y, sobre todo, necesitamos atrevernos a cambiar estructuras caducas y no darlas por intocables, limitándonos a realizar una serie de actividades o a proponernos objetivos ingenuos.

- Necesitamos una "Casa de la Iglesia" mucho menos clerical, aspecto éste que se ha intensificado con el traslado de las oficinas y departamentos del obispado a la nueva sede de la Plaza de La Seo, lo cual ha arrinconado a los grupos y movimientos seglares. Es de lamentar el poco espacio reservado a un salón de actos que no permite grandes concentraciones no ya de seglares sino ni tan siquiera de curas, impidiendo de este modo la realización de asambleas numerosas, tal vez no deseadas por los que mandan.

- Necesitamos asumir la realidad cada vez más imperiosa de una Iglesia mestiza en donde los inmigrantes tengan su propio peso, más allá de clientes de Cáritas. En la sociedad española hay ya un 10 % de inmigrantes, los cuales están cambiando la fisonomía de nuestras calles, plazas y parques, la realidad de nuestra economía y hasta nuestra realidad cultural. En nuestra Iglesia, parroquias y grupos no parece estar sucediendo nada parecido, y no logramos que den el salto desde la acogida inicial de Cáritas a la participación comunitaria. Nos falla la integración mutua, el acercamiento más profundo a sus realidades y necesidades espirituales, en vez de suspirar ineficazmente porque se integren en nuestra realidad eclesial.

- Necesitamos una Iglesia democrática. Nos hemos acostumbrado a una sociedad democrática que tantos esfuerzos costó y ese estilo nos ha calado profundamente de modo que reaccionamos frente al tradicional estilo monárquico absolutista que predomina en nuestra Iglesia y que, además, no tiene base evangélica. No necesitamos una copia sin más de la actual democracia representativa española: necesitamos seguir los pasos de Jesús, asumiendo su persona, vida y mensaje (que no están ni pueden estar en discusión o cambio a voluntad nuestra), profundizando en el espíritu democrático que nos lleve a unas relaciones de fraternidad sin que nadie delegue sin más sus responsabilidades y sin que nadie se imponga como si fuera el dueño del cotarro. Por eso necesitamos del diálogo, de la escucha mutua, de la toma de decisiones en común en lo que nos afecte, respetándonos unos a otros en los diversos ministerios y tareas. Necesitamos, creyentes y comunidades, participar en la elección de los cargos y ministerios.

- Necesitamos acabar con el predominio y la influencia de personas y grupos que pretenden trepar y trepar, que practican la denuncia desde la intolerancia, que tratan de llevarnos a épocas, prácticas y actitudes de tiempos ya superados. Hay que acabar con el oscurantismo de quienes no quieren renunciar al ilegítimo poder del que disponen, de los que restringen la información a círculos de nuevos "gnósticos" que son los únicos que se enteran, de los que quieren estar cerca del poder para así sentirse más que los demás, de los grupos organizados que sólo pretenden controlarnos a todos para que nos movamos en sus reaccionarias líneas eclesiales o clericales so pena de pedir nuestra condena o nuestra marginación. Hay que acabar con aplicar el calificativo de "personas de bien" (es decir, "los buenos", frente a los "malos") a los que son de nuestra cuerda. Hay que acabar con el hecho de que los de arriba tiendan a escuchar a éstos y a hacer oídos sordos a las demandas de los otros.

- Necesitamos dejar bien claro que la fe no es una mera adhesión intelectual a verdades o dogmas fijados de una vez para siempre, y expresados en unos términos que responden a mentalidades de tiempos remotos, tal como da la impresión que pretenden nuestros obispos. Necesitamos subrayar que la fe es una experiencia de encuentro con el Dios que viene a nosotros de un modo misterioso pero real.

- Necesitamos inculturar la fe, es decir, expresarla con palabras que sean comprensibles para la gente de la calle, traducir nuestras fórmulas históricas y dogmáticas a conceptos que digan algo y que no suenen a ideas trasnochadas para consumo de mentalidades infantiles. Por poner sólo algunos ejemplos, parece que desde el Vaticano se ha renunciado al "limbo", pero habría que preguntarse sin más demora qué significa no ya la idea de "infierno" (tan rechazada por muchos como impropia de un Dios misericordioso) sino incluso la de "purgatorio" y la misma de "cielo". ¿Qué significan los "ángeles"?, ¿y la "gracia" de Dios? Si continuamos usando estos términos nos quedaremos solos sin que nadie nos entienda.

- Necesitamos unas Eucaristías que sean auténticas reuniones de cristianos, signo de comunión con el Cristo que da su vida, potenciadoras de compromiso, celebraciones festivas y que vivan y expresen la fe a través de signos que conecten con la sensibilidad actual, más allá del cumplimiento exacto de unas rúbricas y asumiendo tantos elementos válidos de la religiosidad popular. A muchos nos ha parecido escandaloso el tratamiento jerárquico a la realidad pastoral de la parroquia madrileña de Entrevías. No podemos quedarnos en prácticas devocionales que responden a una mentalidad individualista espiritual con tintes beatos y descomprometida, por mucho que estas prácticas atraigan a personas mayores que toda su vida las han frecuentado porque en ese estilo fueron educadas por el clero.

- Necesitamos focos de espiritualidad, tanto en monasterios como en parroquias u otros centros. Auténticos lugares de vivencia de una oración profunda, vital, comprometida, solidaria. Necesitamos aprender a rezar desde la vida, en un espacio "sagrado" o en mitad de la calle. Necesitamos ese ponernos a disposición del Dios que nos propone un plan para nuestra felicidad y la de todos, de ese Dios que está siempre ahí, disponible, cercano, comprensivo, Padre, Hijo y Espíritu.

- Necesitamos revisar muy a fondo nuestros métodos pedagógicos, las técnicas que utilizamos en la catequesis, en la predicación, en las celebraciones, en nuestro acercamiento a los que no frecuentan nuestros grupos o comunidades. Necesitamos incorporar y ya la realidad informática en la que se mueve nuestra sociedad y especialmente los jóvenes. Necesitamos mejorar nuestras músicas, pero no volviendo precisamente a las de antes sino afrontando las nuevas estéticas y estilos, mejorando las letras y los ritmos. Necesitamos disfrutar de las buenas novelas, tanto clásicas como modernas, del arte contemporáneo, del cine, de cuantas creaciones artísticas son expresión del modo de ser y de sentir de la humanidad actual.

- Necesitamos conectar con los jóvenes. Nos hemos "quedado" con muy pocos y en edad de dejar pronto de serlo. No podemos renunciar a las vivencias juveniles en nuestras parroquias y grupos, como tampoco podemos renunciar a ayudarles a experimentar en sus vidas la presencia del Dios joven que hace nuevas todas las cosas. Tendremos que revisar a fondo nuestras plataformas, las convocatorias que realizamos, el estilo de vida que llevamos y ofrecemos, la metodología seguida, tantas veces limitada a la reunión semanal o quincenal.

- Necesitamos, aunque suene a romanticismo cursi, vivir el amor, ya que Dios es Amor. Y aplaudir el amor entre las personas allá donde se manifieste, incluso aunque no esté regulado por las leyes. Necesitamos que nuestras comunidades destaquen precisamente por estar formadas por personas que se quieren mucho, precisamente porque reflejan el amor más grande, el de Dios mismo, y que van al encuentro de otras personas, especialmente de los que carecen de cariño, ya que el amor no puede encerrarse en una comunidad sino que es expansivo como el del mismo Dios.

Pepe Nerín

22.6.2007