NECESITAMOS PUBLICAR NUESTRAS
EXPERIENCIAS
Vivimos
tiempos pascuales, tiempos de resurrección y renovación,
tiempos abiertos a nuevos horizontes (¿qué más horizonte “nuevo” que la
superación de la muerte y la vida plena?). Celebrar
Y esto tiene que notarse en nuestra Iglesia, y vivirse, y producir los frutos del Espíritu. Una Iglesia no puede anunciar la resurrección si permanece amuermada y con un aspecto de más muerta que viva. No podemos proclamar desde el altar que Jesús ha resucitado y que vive entre nosotros (y vive en el “cielo” que hay entre nosotros, potenciándolo a tope, igual que existe el infierno en nuestras vidas), no podemos proclamarlo, repito, si nos quedamos igual que antes, con nuestras mismas rutinas, miedos y pesimismos.
Por eso, desde esta página, que es una más de los millones de páginas existentes en nuestro cibermundo, me permito invitar humildemente, a cuantos queráis hacerlo, a comunicar vuestras ilusiones y realidades pascuales (es decir, pascuales porque aportan vida y nos ayudan a salir de nuestras pequeñas o grandes muertes). Voy a abrir una nueva sección en la que podréis escribirnos vuestras experiencias pastorales y vitales que aporten algo de renovación a la vida de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad. Bastantes veces me habéis comentado que firmaríais varios de los editoriales que voy publicando. Eso me anima a seguir publicándolos, pero, lógicamente, no voy a recoger firmas cada vez que escribo algo. Más interesante es que pongáis por escrito los pasos que vais dando, aunque sean pequeñitos como un grano de mostaza, y que se conozcan, para animarnos unos a otros y sentirnos dentro de una Iglesia que está viva, en la que sus miembros tienen iniciativas propias, en la que el Espíritu produce sus frutos, aunque no lleven el sello oficial.
Es hora de salir del sepulcro, del armario o de donde sea, para mostrar que estamos vivos, que queremos a los obispos pero que no dependemos de ellos como si no supiéramos qué hacer sin su ayuda, que vamos más allá de los límites estrechos de un redil temeroso, que queremos tener voz y voto, que queremos ser hermanos y no primos, ni padrinos ni señores, que queremos superar esa imagen nefasta ganada a pulso que llevamos encima y que nos pesa como una losa de sepulcro. Y la queremos superar no a base de maquillaje sino de solidaridad con los hombres y mujeres concretos que gozan sus merecidas alegrías y viven sus problemas reales y concretos.
Lo dicho: envíad por escrito vuestras aportaciones. Que aquí no se pide dinero sino esperanza en un futuro eclesial más optimista por evangélico. Con un folio o dos puede ser suficiente. La direccion de correo se encuentra en la columna de la izquierda. Si tenéis reparos porque pensáis que no sabéis redactar muy bien, no os preocupéis, que ya intentaré corregir si hay algún fallo gramatical. Que eso no sea obstáculo, porque el bien que podéis hacer es mucho mayor. Un fuerte abrazo y ¡felices pascuas!
Pepe Nerín
27.3.2008