NO ES LO MISMO FINANCIAR

UN TIPO DE IGLESIA QUE OTRO

 

            Cada poco me topo en televisión con el anuncio de la Iglesia solicitando ayuda de los ciudadanos para que sus finanzas puedan subsistir. Y siempre que lo veo me da la sensación de que se está siguiendo un camino equivocado al sumergir en el mercado este “producto” que se quiere evangélico. Nos hemos convertido en una organización privada más que pide dinero sin que nos hayamos enterado muy bien de los motivos para ello. Por supuesto, no me imagino a los primeros cristianos comprometiéndose en una propaganda de este tipo, sobre todo teniendo en cuenta que, debido a su funcionamiento, ninguno de ellos pasaba necesidad. Y tal vez incluso resulte equivocado el lanzar esta campaña pública, como una ONG, en unos tiempos en que estas organizaciones, debido a las gravísimas irregularidades de algunas de ellas, están pasando por una crisis de desprestigio y desconfianza que puede llegar a arruinar no ya sus arcas sino los nobles esfuerzos de muchas de ellas.

 

            Con motivo de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana, una persona que me es muy cercana me comentó indignada que ella no estaba dispuesta a dar ni un euro a estos obispos que tan descaradamente han tomado partido por las posturas más intransigentes y más derechizadas políticamente. Sin duda se equivocaba, ya que se estaba pidiendo colaboración económica con la Diócesis, prescindiendo de que su obispo sea de un modo o de otro. Y hoy, sin ir más lejos, otra amiga echaba pestes de lo rollos que son los curas en las misas, algo que, decía, había ido acabando con la poca fe que le quedaba. Lo curioso es que en ambos casos se trata de personas de la tercera edad, no de jóvenes rebeldes o indiferentes con las instituciones. Es decir, se trata de personas que sociológicamente pertenecen al colectivo que más tiende a hacerse presente en las cosas de la Iglesia. Si incluso ellas están descontentas…

 

            Por otra parte, es un secreto a voces que la situación económica de nuestra Cáritas Diocesana es algo más que alarmante. Se comenta que ha dimitido el administrador y que hay serias dudas de que se pueda ir pagando mensualmente a los técnicos y personal contratado, lo cual conduciría inevitablemente a una reducción forzosa de la plantilla. Y esto sucede en una Cáritas presidida por un equipo directivo compuesto en gran medida por personas de las que ya hemos comentado ampliamente en pasados editoriales su tendencia al autoritarismo, a la falta de transparencia, a considerar a los voluntarios como peones de brega que deben seguir las consignas emitidas desde arriba y limitarse a obedecer, su “iluminismo religioso”, su toma de decisiones sin encomendarse siquiera a los más cercanos. La huída o expulsión de voluntarios que se ha venido produciendo en los últimos años ha precedido a la huída de aportaciones económicas, en una secuencia llena de lógica. Mientras tanto, cientos de voluntarios de Cáritas en las diferentes parroquias dan el callo día a día y se desviven generosamente por los marginados, haciendo bueno el dicho “¡Dios qué buen vasallo, si tuviera buen señor!”.

 

            No tengo la fórmula mágica que arregle la cuestión de los dineros, pero para que no puedan decirme que critico pero no aporto, ahí os dejo algunas reflexiones que se me vienen ocurriendo:

 

- La solución a la economía de la Iglesia no pasa por fórmulas elaboradas desde arriba (obispos, clero, técnicos), sino por fórmulas habladas entre todos, teniendo en cuenta especialmente a los de “abajo”, es decir, a los “paganos”.

- Si los de “abajo” pagan, eso significa que deben tener poder de decisión. Hacerles pagar como adultos y luego mantenerlos en la minoría de edad en la toma de decisiones es una contradicción y el personal lo va a rechazar cada vez más. Incluso lo rechazamos los curas al constatar que las decisiones diocesanas de tipo económico se toman entre un reducidísimo número de personas nombradas a dedo.

- La solución no está en campañas televisivas que dan idea de que estás “vendiendo” un producto. Por otra parte, por más que he visto los “spots” varias veces, no recuerdo casi nada en concreto de su contenido, lo cual significa que ni siquiera es una campaña técnicamente bien hecha o impactante. A ver si aprendemos.

- Afirman desde siempre los sociólogos que una organización obtendrá más recursos si su imagen es buena, si tiene prestigio, si se valora lo que está haciendo. Supongo que un error de los promotores de esta campaña es suponer que el prestigio de determinadas actuaciones de cristianos (misiones, compromiso con los pobres, etc.) puede trasladarse sin más a la Iglesia en su conjunto. Lo que sucede es que, hoy por hoy, el “peso” en la imagen de la actuación de los obispos supera con creces a cualquier otro tipo de actuaciones, y los obispos en general han adquirido a pulso una imagen de radicalidad, de conservadurismo extremo, de rechazo de todo avance en medicina, de alineamiento con un partido político, que les ha granjeado el rechazo de muchos, no ya indiferentes o ateos, sino incluso de bastantes cristianos convencidos. ¡Cuántos suspiran porque surjan de nuevo figuras como la del cardenal Tarancón, precisamente ahora que estamos en su centenario, tan poco celebrado, por otra parte, por nuestros obispos españoles que parecen estar en las antípodas del que fuera presidente de la Conferencia Episcopal!

- En el escalón inferior, son muchos los que no aguantan ya las aburridísimas misas o “celebraciones” de tantos curas; que no pueden soportar que con cualquier excusa hablen en sus homilías contra todo sexo que se mueva; que no pueden más porque no “transmiten” nada que ayude a acrecentar la fe de su auditorio; que dejan de acudir a misa para no perder el tiempo con curas irresponsables y de teologías baratas. Y pierden las ganas de colaborar, incluso económicamente, con algo tan poco estimulante.

- ¡Qué coñazo episcopal y clerical, el de tantos de mis hermanos, aunque lo hagan de buena fe! ¡Qué desgracia esta ola de conservadurismo extremo que nos ahoga desde hace tantos años y sin pinta de terminar, sino de todo lo contrario! ¡Qué secuestro de la Iglesia el realizado por señores que parecen tenerla como su finca particular y que incluso se permiten el nepotismo de conseguir que sus sobrinos sean consagrados igualmente obispos como ellos! ¡Qué separación de la vida real, en total contraposición con el Jesús que encandilaba cuando hablaba, porque utilizaba el lenguaje de la gente (véanse las parábolas) y cuando actuaba, porque se movía entre los marginados y necesitados de ayuda, y no entre parafernalias de corte medieval o faraónica! ¿Hasta cuándo, Catilina…? ¿Este “estilo” es el que quieren que financiemos?

- ¡Qué aspecto tan poco estimulante presentan tantos “frikis” que llevan a programas de la COPE televisiva para exponer en tertulias sus ideas reaccionarias o ñoñas! No hay más que ver su forma de vestir, de peinarse, de hablar, para darse cuenta de que se da cancha en la televisión episcopal a muchos que espantan al personal con dos dedos de frente. ¿Eso es lo que tenemos que apoyar incluso con nuestro dinero? ¿Por qué no se atreven a “dejar” salir en antena a personas con otras características y otras ideas? Quizás porque dejarían en evidencia  la vacuidad de tantas fórmulas.

- ¡Qué pena que se desconozcan y no se tengan en cuenta las experiencias creativas de tantos curas y de tantas comunidades que han ido dando pasos imaginativos para ir hacia una liturgia más viva y cercana a la realidad, para vivir parroquialmente de modo diferente y más evangélico! En lugar de estar al acecho para denunciarlos en cuanto se saltan una línea del ritual o del derecho canónico, más valiera a tanto Torquemada barato acercarse a ellos y ellas con ánimo amistoso de aprender, si es que quieren aprender algo, si es que no creen que lo saben todo y que ellos representan la única ortodoxia posible. Con unas comunidades más vivas, comprometidas, evangélicas e incluso más divertidas, seguro que habría muchas personas dispuestas a colaborar, incluso económicamente.

 

Pepe Nerín

13.12.2007