NO ESTOY DE ACUERDO

(16.11.2005)


Llevamos ya bastante tiempo en que los medios de comunicación nos informan de asuntos relacionados con la Iglesia Católica, especialmente debido a tomas de posición, manifestaciones o declaraciones relacionadas con ella o con temas que se conectan con el fenómeno religioso. Recientemente hubo una manifestación multitudinaria en Madrid sobre la cuestión escolar que fue "calentada" con declaraciones episcopales y a la que acudieron algunos de los miembros de la jerarquía eclesiástica. Meses atrás hubo otra en protesta contra el matrimonio homosexual. Se suceden en los últimos días informaciones sobre la no autofinanciación de la Iglesia o sobre los dineros que recibe o debiera recibir por sus servicios a la sociedad. Los tonos van subiendo y la tensión va en aumento. Hay personas que me llaman y me preguntan lo que opino de toda esta movida. Por ello me he puesto a escribir, que es una manera de reflexionar, y, desde mi pequeñez como cura, sin sentirme representante de nada ni de nadie sino tan sólo de mí mismo, y refiriéndome únicamente en este escrito a posturas eclesiásticas, lo primero que tengo que decir es que no estoy de acuerdo. ¿Con qué? Pues con todo esto:

- No estoy de acuerdo con la política que la jerarquía eclesiástica está llevando en sus relaciones con el poder civil, es decir, con el actual Gobierno. No estamos en terreno dogmático y, por consiguiente, me siento en plena libertad para expresar en estos temas mis opiniones.

- No estoy de acuerdo siquiera en que se intente "negociar" con el Gobierno, dando a todas luces la impresión (¿la realidad?) de ser los obispos un "poder" frente a otro poder.

- No estoy de acuerdo con que haya obispos que salgan a la calle a manifestarse poniéndose del lado de una parte de la sociedad o de la opinión pública frente a otra u otras partes. A mí, por supuesto, y con todo el respeto, esos obispos no me representan en cuestiones políticas. Seamos claros: muchos obispos se han aliado con una parte de la Iglesia, con la más conservadora, y pasan olímpicamente de los muchos que no funcionamos (¡y con todo derecho!) en esa longitud de onda.

- No estoy de acuerdo con toda la movida que desde hace muchos años trata de mantener una clase de religión en plan catequesis. Estoy a favor de que la clase sea clase, exposición, información, debate, profundización. La catequesis es otra cosa, es para creyentes y tiene sus espacios propios (parroquia, familia, incluso colegios pero no como asignatura ni en horario escolar). Mantener la clase como catequesis ha llevado a una primera separación entre los que asisten (creyentes de una religión, en nuestro caso la Católica, o hijos de padres creyentes) y los que no lo hacen (creyentes de otra religión, agnósticos o ateos), precisamente cuando el momento histórico que vivimos, momento de mezcla, de mestizaje, le guste o no a quien sea, está necesitando profundizar en el diálogo entre las diversas cosmovisiones. En lugar de establecer una clase de religión en la que quepan todos y sometida a la misma reglamentación que las demás asignaturas (contratación de profesorado, temario, etc.) vamos hacia el absurdo de que cada confesión religiosa, incluso, ¿por qué no?, las más extravagantes que podamos pensar, se crean en el derecho de catequizar a sus propios fieles, estableciendo fronteras con las demás. De esta forma aumenta cada vez más la ignorancia sobre el hecho religioso y el desconocimiento mutuo.

- No estoy de acuerdo en que apenas se hayan dado pasos en la autofinanciación de la Iglesia Católica, a pesar de que en los Acuerdos del 79 hubo un compromiso claro en esa dirección. Por eso no me molesta, no lo veo como una "amenaza", el que desde los poderes públicos se nos advierta de que tenemos que espabilarnos porque la situación actual no puede continuar así. Tienen razón.

- No estoy de acuerdo con el papel ideológico que desempeñan medios de comunicación propiedad de la Iglesia, como la Cadena COPE o Popular TV. No es ya el tono empleado, especialmente por la emisora de radio, sino el hecho de que asuman como natural que ser católico es ser de derechas. Yo me considero de izquierdas, ¡y con todo el derecho del mundo, empezando por el evangélico!

- No estoy de acuerdo con la moda de sacar a pasear los "títulos" en nuestra Iglesia y empezar cualquier disertación en público saludando al "excelentísimo y reverendísimo" presente en el acto, en lugar de un "queridos hermanos" o "queridos amigos". No me encaja con las amonestaciones de Jesucristo en ese sentido: "a nadie llaméis..."

- No estoy de acuerdo con el modelo de Iglesia piramidal que se potencia desde las alturas en la que los seglares ocupan los últimos lugares y son tutelados por la clerecía. Todos tenemos la mima dignidad como bautizados, tal como afirma, entre otros, el Concilio Vaticano II.

- No estoy de acuerdo con mantener un modelo de camino único al sacerdocio (seminario, vocaciones masculinas, etc.) a pesar de la gran crisis de vocaciones en la que nos encontramos desde hace bastantes años. Ni estoy de acuerdo con que haya que aguantar y perseverar en lo de siempre a la espera de un cambio en la situación producido no se sabe bien por qué. Ni en confiar todo a la oración a Dios, como si Él fuera el culpable del déficit sacerdotal.

- No estoy de acuerdo en que sólo tengamos en Aragón un obispo nacido en nuestra tierra, teniendo en cuenta, además, que en los últimos años se ha producido el relevo episcopal en todas nuestras Diócesis y que nuestra situación en este punto contrasta con lo que ocurre en las otras Regiones Eclesiásticas españolas.

- No estoy de acuerdo con que se retrase una y otra vez la devolución a la Diócesis de Barbastro-Monzón de los bienes eclesiásticos depositados en Lérida.

- Y, especialmente, no estoy de acuerdo, con una consecuencia nefasta que viene produciendo este tipo de política (que a veces parece de aprendiz de brujo): la polarización en dos bandos. Por un lado, la fanatización de muchos que apoyan desde las posturas más ultras o desde el PP y jalean a los obispos (dejándose éstos ingenuamente jalear) y del otro los que se reafirman con todo lo anterior en el hecho de que la Iglesia es una rémora social, es una institución de otra época que conviene superar, incluyéndonos en ello a todos los creyentes.



Parece que con toda esta movida, una parte importante de nuestra Iglesia olvida que no estamos aquí para defender supuestos "derechos nuestros" sino para proclamar las bienaventuranzas y salir en defensa de los pobres, haciendo nuestra su causa. ¿Hay demagogia cuando se acusa a nuestros obispos de no salir a la calle en manifestaciones contra la pobreza y sí, en cambio, hacerlo para defender otros intereses que afectan a la institución eclesiástica, o los que tales denuncias hacen tienen más razón que un santo?

Flaco servicio se hace desde la Iglesia a nuestra sociedad cuando, en lugar de ayudar a la reconciliación, al acercamiento de posturas, lo que se provoca es la acritud y el enfrentamiento. Que Dios y los pobres nos perdonen.

Pepe Nerín